Vivimos sin sentir el país a nuestros pies, nuestras palabras no se escuchan a diez pasos... mi libertad es tan quimérica como el canto de los pájaros nocturnos

El poema le había costado la vida a Mandelstam y escribirlo había sido un acto de increíble valentía, de arrojo, o más bien de integridad artística
Es una lástima que la traducción pierda el aura de significados alusiones que rodea cada palabra, sus sonoridades, la riqueza de muchas imágenes que no logran caer o encajar totalmente en la lengua de llegada, el castellano, absolutamente transparente para el lector en lengua rusa
Según algunos, este nombre se trató de una maniobra de los amigos de Mandelstam (entre otros, Boris Pasternak) para equipararlo a esas pequeñas piezas de ocasión que buscan zaherir, satirizar, y que hallaron su máximo exponente en Marcial, el poeta latino del primer siglo después de Cristo.
Peter V. Vasilyev (1899-1975) 'V. Lenin and Stalin on the conversation ', 1940
Epigrama contra Stalin
Vivimos sin sentir el país a nuestros pies,
nuestras palabras no se escuchan a diez pasos.
La más breve de las pláticas
gravita, quejosa, al montañés del Kremlin.
Sus dedos gruesos como gusanos, grasientos,
y sus palabras como pesados martillos, certeras.
Sus bigotes de cucaracha parecen reír
y relumbran las cañas de sus botas.
Entre una chusma de caciques de cuello extrafino
él juega con los favores de estas cuasipersonas.
Uno silba, otro maúlla, aquel gime, el otro llora;
sólo él campea tonante y los tutea.
Como herraduras forja un decreto tras otro:
A uno al bajo vientre, al otro en la frente, al tercero en la ceja,
[al cuarto en el ojo.
Toda ejecución es para él un festejo
que alegra su amplio pecho de oseta.
Noviembre de 1933

es quizá el más importante poema político del siglo XX, escrito por uno de sus más grandes poetas y contra el que fue, bien podría afirmarse, el más cruel de sus tiranos, aunque está tambien Réquiem de Anna Ajmátova, tambien muy importante poema político del siglo XX
Plasma el peligro que se respiraba que sentían los ciudadadnos en todo el país por temor a los oídos ajenos, los padres evitan conversar sobre cualquier tema delicado frente a sus hijos, los amantes temen ser escuchados, las delaciones, como la misma que informará a las autoridades de la existencia del epigrama, están a la orden del día
En Contra toda esperanza, las memorias de Nadiezhda Mandelstam, viuda de Osip, el poeta cuenta cómo en cierta ocasión, tras un viaje a provincia, encontró que en todo Moscú los teléfonos habían sido cubiertos con almohadas porque se había corrido la voz de que servían como terminales de escucha Algo imposible, en realidad, para el desarrollo tecnológico de la época, pero otras memorias, Avec Staline dans le Kremlin, de Boris Bazhanov, ex secretario de Stalin que desertó en 1929, cuentan cómo, dentro del Kremlin, Stalin había hecho instalar una pequeña central personal que le permitía escuchar las conversaciones de los otros líderes comunistas
En 1934, de visita en casa de Pasternak, Mandelstam no puede evitar leer el epigrama, que acaba de escribir Es un acto de total insensatez, toda vez que a la velada habían asistido personas que no tardaron en delatar la lectura Una persona muy cercana a ambos, Emma Gerstein, cuenta en sus Memorias otra sesión en la que estaba presente el hijo de Nikolái Gumiliov, Lev, que también pasaría muchos años en el gulag Aquel comportamiento a todas luces suicida de Mandelstam tenía, sin embargo, otra explicación: antes de escribir sus poemas, los componía en la cabeza, y sólo cuando estaban ya listos, tras un largo proceso que más recuerda los afanes del Jaromir Hladík de “El milagro secreto”, el cuento de Jorge Luis Borges, los ponía en papel, casi frente al pelotón de fusilamiento Mandelstam además sabía que el epigrama era un poema que jamás sería publicado y buscaba dejarlo registrado en la mayor cantidad de mentes para evitar así que desapareciera con su muerte, que seguramente él adivinaba próxima.
En el original, literalmente: sale a relucir, lo mientan (pripomniat)... ¿Gozaba Stalin de esa ciega admiración popular que todavía muchos le atribuyen en aquellos años anteriores al Gran Terror y a los Procesos de Moscú? El verbo utilizado, pripomniat, comporta un dejo de fastidi. Se le dice a alguien: “¡te lo recordaré!” (ya tebie pripomniu!), en el sentido de “me las pagarás”, “me las cobraré”. No es sólo que se recuerde al dictador, sino que es un recuerdo quejoso
A Pasternak se lo había recitado también en privado y con anterioridad durante un paseo por un Moscú invernal La respuesta de Pasternak, siempre más cauteloso y astuto (moriría en su cama, en la privilegiada villa para escritores de Peredelkino), fue, literalmente: “Lo que me ha leído usted no tiene relación alguna ni con la literatura ni con la poesía. No es un hecho literario sino un acto suicida que no apruebo y del cual no quiero tomar parte. Usted no me ha leído nada y yo no escuché nada, y le pido que tampoco se lo lea a nadie más.”
El poeta, sin embargo, sí lo hizo y, como hemos visto, en más de una ocasión Un memorialista lo acusa de haberlo hecho movido por un odio terrible hacia Stalin
Para un intelectual de la vieja escuela como Mandelstam (graduado del mismo elitista Colegio Tenishev al que asistió el niño Vova diminutivo de Vladimir Nabokov), la imagen de un georgiano, un “montañés” (goriets), en el Kremlin es señal de absoluta extrañeza y asilvestramiento Las personas que ocupan los altos puestos del gobierno en la Rusia Soviética son de muy bastos modales, poco menos que campesinos En 1921, cuando unos amigos van a interceder por la vida del poeta Nikolái Gumiliov (el primer esposo de Anna Ajmátova, acusado falsamente de participar en una conspiración monárquica y fusilado por ello), les sorprende descubrir, en el juez de instrucción que llevaba el caso el “comisario” de la Cheka según la terminología revolucionaria, el aspecto y los modales de un tendero de la época zarista Dice el memorialista que, al confesarles que no había nada que él pudiera hacer para salvar la vida del poeta, movió las manos con la suavidad de “quien mide o aquilata la calidad de un paño”. Y, sin embargo, lo que tenía en sus manos era la vida de Nikolái Gumiliov
El “gran” poeta de la época, vate ensalzado por la propaganda oficial, no era Vladimir Maiakovski ni ninguno de los otros tres grandes titanes del siglo XX ruso: Marina Tsvetáeva, Boris Pasternak o Anna Ajmátova. El gran bardo proletario respondía al nombre de Demián Biedny, Demián “el Pobre”, y era un hábil rimador de coplas partidistas cuya popularidad era inmensa. Su posición dentro de la jerarquía soviética era tal que tenía apartamento en el Kremlin, donde, según otro memorialista, pagaba sus deudas de incorregible jugador de cartas con pedacería de oro que cortaba con un alicate y pesaba en una pequeña balanza sobre el paño verde de la mesa. Vecino, en consecuencia, de Iósif Stalin, este tomaba a veces libros prestados de la biblioteca del falso poeta obrero, libros que luego devolvía, se había quejado Demián a un colega, “con huellas de sus grasientos dedos en las páginas”. Mandelstam parece haber conocido la anécdota y metamorfoseó los dedos de Stalin en “gusanos grasientos”.
Las primeras personas que escucharon, aterrorizadas, el epigrama pensaron que el arresto y fusilamiento de Mandelstam era inminente En lugar de ello, Stalin ordenó una medida leve de entre el arsenal punitivo soviético: “exilio administrativo” a la ciudad de Cherdin, a la que se le permitió viajar acompañado por su esposa. Luego, la medida sería suavizada todavía más cuando, en 1935, les permitieron trasladarse a Voronezh, pequeña ciudad provincial en el sur de Rusia, de clima más templado. Stalin, siempre según Sarnov, le otorgó un plazo al poeta para que escribiera un poema dedicado a su persona. “Stalin sabía perfectamente que la opinión que de él tendrían las generaciones futuras dependería en alto grado de lo que sobre él escribieran los poetas.” Más aún tratándose de Mandelstam, tan sagaz que había llegado a entender el tipo de personas, “caciques de cuello extrafino”, que rodeaba al dictador y de qué manera él, Stalin, jugaba con ellos, los dominaba. Tanta penetración, tan sutil compresión de la vida del líder, parece haber impresionado a Stalin. Esto quizás explique la insistencia con que, durante una célebre conversación telefónica, Stalin le pregunta a Pasternak si Mandelstam podría ser considerado un “verdadero maestro”. Su pregunta fue: “¿Pero es o no un maestro?”
La verdad sea dicha, Stalin demostró ser un psicólogo no menos fino y penetrante que el poeta (lo que, por otra parte, no debe extrañarnos). Efectivamente, en la ciudad de Voronezh, Mandelstam terminó escribiendo una triste Oda a Stalin, en enero de 1937, y a la que J.M. Coetzee le ha dedicado un interesante ensayo en “Osip Mandelstam and the Stalin Ode”, de su libro Giving Offense / Essays on Censorship En la oda figura este verso: “Me gustaría llamarte no Stalin, sino Yugashvili.” Es decir, recurriendo no a su pseudónimo oficial, partidista, sino a su nombre de cuna, más humano, acercándose a él por su parte más suave, rescatable. Un “encargo” semejante le fue hecho a Mijaíl Bulgákov, que también dedicaría casi un año, al final de su vida, ya mortalmente enfermo, a escribir la obra teatral Batum, pieza sobre la juventud heroica del joven Yugashvili y que transcurre en el Bakú prerrevolucionario
Pasternak, un tanto más sutil, llegó a enviarle a Stalin, durante las exequias de su esposa Nadezhda Alliluyeva, un telegrama que fue publicado en la Gaceta Literaria y que algunos consideran que lo salvó de ir a dar al gulag: “Me uno al sentimiento de mis camaradas. La víspera profunda y tenazmente la pasé pensando en Stalin, como artista, por primera vez.” Es decir, le hizo la velada promesa de que algún día usaría su talento para dejar una imagen “humana” o literaria del dictador...
Curiosamente, en el caso de Mandelstam, es el propio Iósif Stalin quien decide llamar a Pasternak con la clara intención de interceder por el poeta, y hasta llega a echarle en cara a Pasternak que sus colegas no hayan hecho nada luego de su arresto para salvarlo. Ocurre entonces la célebre conversación entre ambos en la que el dictador, por sobre todas las cosas, quiere saber la opinión de Pasternak y la de todo el gremio de escritores sobre la poesía de Mandelstam. La conversación tiene lugar a las 2 de la mañana. Pasternak está en su dacha. Suena el timbre. Levanta el teléfono:
Stalin: El caso de Mandelstam está siendo analizado. Todo se arreglará. ¿Por qué no acudieron a las organizaciones de escritores o a mí? Si yo fuera poeta y mi amigo hubiera caído en desgracia, haría lo imposible (me subiría a las paredes) para ayudarle.
Pasternak: Las organizaciones de escritores no se ocupan de tales asuntos desde 1927, y si yo no hubiera hecho las diligencias, usted, es lo más probable, no se hubiera enterado.
Stalin: ¿Pero es o no un maestro?
Pasternak: ¡No se trata de eso!
Stalin: ¿De qué entonces?
Pasternak: Me gustaría encontrarme con usted... Que habláramos.
Stalin: ¿Sobre qué?
Pasternak: Sobre la vida y la muerte...
En este punto Stalin colgó bruscamente...
Uno silba, otro maúlla, aquel gime, el otro llora;
La Rusia de 1933 todavía no conoce, lógicamente, los Grandes Procesos de Moscú que se iniciarían a partir de 1936 y se celebrarán hasta 1939, con la mayoría de aquellos “caciques de cuello extrafino” en el banquillo de los acusados Tampoco conoce el espectáculo de autoinculpación que ofrecerán los ex líderes bolcheviques, acusados de todos los crímenes imaginables. La descripción de Mandelstam se adelanta con prodigiosa exactitud: más de uno lloró al escuchar la sentencia y de rodillas imploraron perdón a Stalin y al partido. Cuando hacen prisionero a Mandelstam, la noche del 13 de mayo de 1934, la NKVD todavía no cuenta con una versión definitiva del poema, o bien las distintas personas que lo han delatado lo recuerdan de manera diferente, en particular el último verso. El juez de instrucción le pide al poeta que le escriba la versión autorizada del poema, a lo que este accede amablemente:
Lo escribió en una hoja de papel y usando la misma pluma con que estamparían la sentencia que sellaría su suerte
Osip Mandelstam 1891-1938 Poeta y narrador, ruso por adopción, nació en el seno de una familia judía Miembro de la corriente acmeísta, amigo de Anna Ajmátova, recibió la Revolución de Octubre con indiferencia No le entusiasmaba el clima revolucionario que se vivía en Rusia y prefería mantenerse ajeno a la actividad política Su poema Epigrama contra Stalin, que había sido recitado en algunas oportunidades dentro del círculo de amigos, fue copiado por alguien que pretendía los favores del régimen y que lo entregó a las autoridades Esa declaración le costó tres años de destierro en un campo, un breve período de libertad restringida y una nueva detención que acabó con su vida
J GoIz
3 enero 2017
J M Prieto, Historiador Jean Meye, Historiador
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