Desde el momento en que hay dos, viene a instaurarse una relación especular en el enfrentamiento amoroso, cada uno busca en el otro lo que le falta, eso de lo que tiene necesidad, puesto que está privado de ello. Tal como dice Platón, Eros es hijo de Penía, Pobreza. Lo que está completo y es perfecto no tiene la menor necesidad de Eros. Lo divino no conoce el amor.
Consejo de los dioses, por Rafael Sanzio.
Según instruyó Diótima a Sócrates en Banquete, Eros es
“Deseo de la generación y procreación en lo bello”
También, dice Diótima, ese deseo se manifiesta en los cuerpos y en los espíritus
Platón estableció con plena claridad esas diferencias en los discursos de Banquete y Fedro, exponiendo con extrema precisión la erótica de los cuerpos y la erótica de los espíritus. A esa última está dirigido el énfasis del discurso de Diótima-Sócrates en Banquete y en la segunda parte del primer discurso de Sócrates en Fedro.
Es necesario aclarar que Platón propone con su erótica de los espíritus su magisterio filosófico y su proyecto educativo, los cuales están dirigidos a formar “conocedores”, dando prioridad a la formación de quién y cómo conoce el sujeto que conoce, por sobre lo qué se conoce el objeto que se conoce, proyecto que es explicado en La República.
Ahora bien, el deseo de los cuerpos se dirige a alcanzar la inmortalidad que es lo que representa engendrar y procrear bellos hijos en cuerpos bellos. Y el deseo de los espíritus es el que se dirige a la inmortalidad por la grandeza del espíritu y por la fecundación, generación y procreación, de grandes obras del conocimiento y de las virtudes en espíritus bellos.
Los invitados al Banquete diferencian dos características de Eros y su acción.
En lo relativo al estatuto del viejo Eros y a su función dentro de la génesis del mundo, Hesíodo sigue una perspectiva inversa: el origen no es la plenitud realizada, sino mero exceso caótico. A causa de su misma inmensidad, de su poder ilimitado, las unidades primigenias equivalen a lo impreciso, a lo confuso, a lo informe. Al obligar a esta sobreabundancia a manifestarse, Eros desencadena un proceso cosmogónico que desembocará en la aparición de los seres individualizados, con contornos cada vez más precisos, cuyo espacio, terreno de acción y formas de actuación se encuentran claramente delimitadas conforme a un orden general. Pero, si bien sirve para valorar la plena unificación de todo o, por el contrario, la progresiva distinción de las múltiples individualidades, este Eros primigenio se desmarca del joven hijo de Afrodita cuya acción se desenvuelve siempre entre dos términos, dentro de una relación binaria de carácter problemático, puesto que implica, en relación a cada miembro de la pareja, una sofisticada estrategia de seducción, de conquista, en la cual la vista y la mirada desempeñan papeles fundamentales.
Por una parte, un Eros cosmogónico o primordial que es aquel que hace que, cuando el ser de un dios o de un humano que ha sido fecundado y ha alcanzado un nivel de superabundancia, genere y procree. Y un Eros carnal, aquel en el que, en compañía de Anteros, es el asistente de Afrodita, la que impulsa a humanos y animales a atraerse para fecundar, generar y procrear. Ese es el Eros afrodisíaco,
pero es también y consecutivamente el nacimiento de Afrodita lo que une y aproxima a los seres separados por su absoluta individualidad y opuestos por su sexo.
La acción de estos dos eros es, pues, provocar el deseo de fecundar, generar y procrear cuerpos, espíritus bellos y bellas obras.
En consecuencia, una cosa es hablar de la erótica primordial, cosmogónica, y otra de la erótica carnal, la de la sexualidad; la primera se refiere al Eros cosmogónico, a la creación y destrucción del universo y de todo en él y, la segunda, al Eros del sexo y de la sexualidad, el de Afrodita o afrodisíaco, al deseo del placer sexual y sensual, el de la reproducción de la vida.
Pero también, Platón establece otra doble diferencia en Eros. Primero, en Banquete, Sócrates se refiere a Eros como un demon o daimón:
-¿Qué puede ser, entonces, Eros? -dije yo-. ¿Un mortal?
-En absoluto. -¿Pues qué entonces?
-Como en los ejemplos anteriores -dijo-, algo intermedio entre lo mortal y lo inmortal.
-¿Y qué es ello, Diótima?
-Un gran demon Sócrates. Pues también todo lo demónico está entre la divinidad y lo mortal.
-¿Y qué poder tiene? -dije yo.
-Interpreta y comunica a los dioses las cosas de los hombres y a los hombres las de los dioses, súplicas y sacrificios de los unos y de los otros órdenes y recompensas por los sacrificios. Al estar en medio de unos y otros llena el espacio entre ambos, de suerte que el todo queda unido consigo mismo como un continuo.
Pero aun en esas diferencias, en el Eros platónico se conserva la división primitiva del Eros cosmogónico o primordial y el Eros afrodisíaco o sexualizado, así como la de sus respectivos influjos, poderes y acciones.
Es necesario enfatizar que Platón propone con su erótica de los espíritus un magisterio filosófico y su proyecto educativo
Nacimiento de Venus, Botticelli.
Eros y Afrodita
Eros y lo erótico, al igual que Afrodita y lo afrodisíaco, son motivos y figuras mitológicas y conceptos que como tales son específicamente griegos, los cuales fueron asimilados, interpretados, trasformados y adaptados en la cultura occidental.
Sin embargo, la historia de esos motivos y figuras se remonta a culturas y civilizaciones anteriores de las cuales los griegos las asimilaron, interpretaron, trasformaron, sincretizaron y adaptaron de sus cosmogonías y mitologías originales, pero conservando los contenidos y formas originales, al mismo tiempo que los sincretizaban con los materiales de las distintas fuentes y de sus propias expresiones. Tal el caso del dios equivalente de Eros en la mitología hindú, que es aquel al que le fue otorgado es poder de fundir y confundir hasta a los mismos dioses
Para los griegos, así como para las culturas de las que ellos los tomaron, Eros y lo erótico, Afrodita y lo afrodisíaco, eran motivos, figuras y conceptos, complejos, los que, en términos generales, se referían a la fecundación, generación y procreación, por una parte, cosmogónica, cuando se referían la creación y destrucción en el universo y, por la otra, biológica, en cuanto a la reproducción de los cuerpos.
Según Hesíodo,
…lo primerísimo que nació fue Caos; pero enseguida Tierra de amplio pecho … y Eros, el más hermoso de entre los dioses inmortales ….
Al igual que Caos y Tierra, Eros es un dios sin padres, cuya acción es
… desatador de miembros, que de todos los dioses y de todos los hombres somete en sus pechos el pensamiento y prudente consejo.
Como dios cosmogónico, Eros inflamó en Tierra el deseo de autofecundarse
… Y Tierra engendró igual a sí misma el cielo estrellado, para que la cubriera por todas partes … sin deseada relación amorosa.
Después, Cronos, el más joven de los hijos de Tierra, cortó la unión entre su madre y su padre Urano, el cielo estrellado, al cercenarle a éste los órganos genitales. Las gotas de sangre y de semen que cayeron al mar se convirtieron en la espuma de la que nació Afrodita, la diosa de la fecundidad de la naturaleza, de los hombres y de los animales y de la atracción sensual y sexual entre los humanos.
Lo extraño es que, sin aparente relación de causa ni continuidad, Eros pasa de ser un dios cosmogónico a representar, además, el papel de hijo y acompañante de Afrodita como la fuerza o poder que provoca los deseos e inflama la atracción sensual y sexual.
Esta compleja genealogía de Eros y Afrodita, es la culpable de que, tanto esos motivos y figuras mitológicas como sus conceptos, lo erótico y lo afrodisíaco, se hubiesen convertido en un mar de fusiones y confusiones al hacer el tránsito en la cultura occidental, en la cual han sido sometidos a las más extremas interpretaciones y tergiversaciones por intereses religiosos e ideológicos, las mismas que perduran, persisten y actúan en total fusión y confusión en la cultura actual.
La más probable causa del origen de todas esas fusiones y confusiones hay que atribuírsela a Platón, quien, por motivos que son evidentes, pero también por necesidades más herméticas, al exponer los tema de Eros y lo erótico y de Afrodita y lo afrodisíaco, en los diálogos Banquete y Fedro, se enfrentó con la complejidad y dificultades que presentaban esos motivos, figuras y conceptos, uno, dentro de la propia cultura griega y dos, con lo esotérico de sus propuestas Lo uno y lo otro han sido, por una parte, la materia de las más interminables interpretaciones y, por la otra, la causa de que cada vez más la cultura mediatizada y mediática actual los simplifique a mínimas consideraciones, pero con más perniciosos efectos.
Es así como la riqueza conceptual de Eros y lo erótico y de Afrodita y lo afrodisíaco, ha terminado por convertirse en memes de la publicidad y de la propaganda, como estímulos neurofisiológicos para provocar el consumo y la sumisión ideológica.
Es que, en su afán por liberarse del poder opresivo y represivo de las religiones y de las ideologías que reprimen no sólo la conciencia, sino que también y de manera violenta reprimen las expresiones de las necesidades naturales y de las manifestaciones lúdicas, la humanidad ha desplazado sobre el sexo, la sexualidad y las expresiones lúdicas, tal cantidad de expectativas que éstas han llegado a convertirse en símbolos y materias de la libertad y por ende y por la expresión inversa, en motivos para la opresión y la represión por parte de los aparatos de poder de las religiones y de las ideologías.
No de otra manera se explican los movimientos de la liberación sexual y su importancia, por una parte, para los movimientos feministas y, por la otra, para quienes demandan la igualdad para quienes expresan sus orientaciones sexuales de formas diferentes a la canónica establecida. Ello sin considerar los conflictivos asuntos de las adicciones y ludopatías, a las que se catalogan como patológicas.
Capítulo aparte merece el análisis de la explotación que de lo erótico y lo afrodisíaco realizan el comercio, las industrias de los medios de comunicación, de la publicidad, de la moda y del entretenimiento.
Sin embargo y así lo pienso, sí paradójicamente se le restituyera la riqueza simbólica y conceptual a Eros y a lo erótico y a Afrodita y a lo afrodisiaco y sí, como en la antigua Grecia, se les volviera a contextualizar en los ámbitos simbólicos y vitales de la vidaque se expresaban las celebraciones eleusinas, dionisíacas y apolíneas, el poder liberador no sólo se expandiría, sino y lo más importante, se generarían nuevos y propios ámbitos para la expresión y la expansión existencial de lo sagrado, lo erótico, lo heroico, lo trágico y lo cómico, en mayor armonía y disfrute.
Eso mismo era lo que se proponía Platón para enfrentar la decadencia del espíritu griego y de la paideia de su época, al proponer la erótica de Diotima y Sócrates como el fundamento pedagógico de su magisterio filosófico y de su proyecto educativo, tal y como lo he expuesto en mi escrito Platón eleusino
Apolo y Dafne, de Francesco Albani.
Eros, entre Diónisos y Apolo
Eros es la fuerza de la naturaleza que trasmuta la carne en espíritu y al espíritu en pensamiento. De Diónisos a Apolo.
Eros actuó en la fecundación, gestación y producción de la escritura de grandes obras de la filosofía por parte de dos célebres filósofos, Heidegger y Nietzsche, ambos poseídos por la fuerza de Eros y fundidos y confundidos por Diónisos y Apolo, en esa simbiosis que engendra obras bellas.
Hijos de Afrodita.
IRGarcía Palacios, extrcto_ensayo Del ferino furor del enamoramiento
¿Qué puede ser, entonces, deseo?
“El deseo es la esencia misma del hombre en cuanto es concebida como determinada a hacer algo en virtud de una afección cualquiera que se da en ella” (Baruch Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico, Definiciones de los afectos, I, traducción de Vidal Peña, 1980).El deseo es la representación anticipada (mapas sensoriales) de las trasformaciones provocadas en el cuerpo por las reacciones emotivas (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos)
El deseo es ese primitivo poder que anticipa, provoca, domina, impulsa, dirige, decide, la acción, la imaginación y el pensamiento del cuerpo humano, bien por necesidad o bien por deliberación. Para Buda, el deseo era la causa del sufrimiento. Para Platón, era Eros, ese daimon de las locuras divinas. Para los cristianos, es el enemigo de la carne, el instigador del pecado y causante de la perdición del alma… Y, en general, el deseo ha sido considerado un demonio de placer y perdición.
En la actualidad, el deseo ha dejado de ser un misterio, porque ha sido convertido en mercancía por las leyes del mercado que ya lo incluyen como uno más de los “commodities” que se compran y se venden en los mercados de bienes y servicios. El deseo ha pasado a ser uno más de los productos desarrollados por la ingeniería social y así se ha logrando realizar un antiguo deseo de los poderosos, ese en el que sueñan con tener en sus manos el poder y las fuerzas con las cuales dominar, manipular, enajenar y alienar al deseo, esa fuerza que provoca, impulsa y dirige la voluntad, la acción y el pensamiento de las personas.
El deseo ha sido motivo de definición y especulación por parte de filósofos, humanistas y por aquellos que especulan en eso que se llaman ciencias sociales, la psicología, la política, la antropología, las religiones; esas disciplinas académicas interesadas en conocer los mecanismos que hacen actuar al Homo-Humano, y que emplean modelos estadísticos y de las ciencias exactas, pero que, tarde que temprano, resultan falseados.
En este contexto y para resumir brevemente, presento las propuestas de tres filósofos cuya visión del deseo estuvo más cercana a lo natural que a lo sobrenatural.
Como primer ejemplo y primer acercamiento a los misterios de la carne y del espíritu, Platón propuso una definición del deseo en el contexto de la paidea griega, la que expuso en sus diálogos y de manera más específica en Banquete, Fedro y República. Para él, el deseo era la expresión de Eros, “Deseo de la generación y procreación en lo bello” (Platón, Banquete, 206 e).
Fue Platón quien teorizara y propusiera los métodos para conocer y regular lo natural (bios) y lo cultural (logos), así como el ejercicio de los deseos, eso a lo que ahora denomino la Erótica platónica, la que se refiere a la función del deseo en las manifestaciones del cuerpo y del espíritu
“… Platón, en la República, dividía el alma en tres partes, la racional o reflexiva, la impulsiva o apasionada, y la concupiscente, y define las distintas virtudes de sabiduría, valor, templanza, y justicia según van apareciendo en la compleja naturaleza del hombre, en su presente estado de imperfección. Un punto esencial de esta triple división es que cada una de las llamadas “partes” del alma se caracteriza por una forma peculiar de deseo. Además, estas tres formas de deseo están a su vez caracterizadas por sus objetos particulares. Así, donde Platón prueba que el tirano es el más desgraciado de entre todos los hombres, allí también observa que cada parte del alma tiene su propio goce y su deseo característico y propio, y que cualquiera de las tres puede tomar el mando sobre las demás. La parte reflexiva persigue el conocimiento y la sabiduría, la apasionada apunta al éxito, al honor, al poder; la concupiscente recibe tal nombre por la especial intensidad de los deseos que conciernen al sexo y la nutrición; es adquisitiva y gusta del dinero como de un medio de gratificación sensual. En consecuencia, existen tres tipos generales de carácter en el hombre, determinados por el predominio de un apetito o de otro, tres vidas que buscan respectivamente los goces de la contemplación de la verdad, de la ambición satisfecha y de las ganancias materiales. Se afirma que, en algún sentido, los goces inferiores son ilusorios y falsos. Por otra parte, estas dos partes inferiores del alma no han de ser meramente aniquiladas y reprimidas. Positivamente resultará mejor que la razón las rija, por lo que concierne a su propia satisfacción, que no que resulten libradas a su solo arbitrio. Y, al revés, si cualquiera de estas dos partes usurpa el mando, no solamente forzaría a las otras a perseguir falsos placeres, sino que ni siquiera encontraría satisfacción más auténtica para la que era apta. A tal respecto, lo peor es lo más bajo. Una vida arbitrada por una tolerancia sensual fuera de control es lo menos agradable de todo”. (Francis M. Cornford, La filosofía no escrita y otros ensayos / La doctrina de Eros en el Banquete de Platón
Dos mil años después, Giordano Bruno hace su interpretación particular y novedosa de la erótica platónica, mucho menos idealizada que la de sus predecesores y contemporáneos renacentistas (Petrarca, Dante, Ficino, Juan Pico, etc.), puesto que, para él, ese eros o deseo platónico no es un algo intangible, sino y por el contrario, el vínculo del cuerpo, la voluntad, la acción y aquella memoria que se hace intelecto, pero esto último es otro asunto que he tratado en otros escritos, así que esto es lo que dice Giordano Bruno del deseo, el que, como Platón, equipara también con eros, el amor, y el que, para él también, es un demon que se manifiesta como “heroico furor”:
«Todos los afectos y vínculos de la voluntad se reducen y se refieren a dos: la repugnancia y el deseo, o el odio y el amor. Sin embargo, el odio se reduce él mismo al amor, y por ello resulta que el único vínculo de voluntad es el eros. Está demostrado que todos los otros afectos que una persona puede sentir sólo son, tanto formalmente como fundamental y originalmente, amor. Por ejemplo, la envidia es amor de alguien por sí mismo, y no soporta ni la superioridad ni la igualdad del otro; el mismo principio se aplica a la emulación. La indignación es amor por la virtud …el pudor y el miedo no son más que amor por la honestidad y por lo que da miedo. Se puede decir lo mismo para los otros afectos. Por lo tanto, el odio no es más que amor por el contrario o por lo opuesto, y así mismo, la ira sólo es una especie de amor. Para todos aquellos que están destinados a la filosofía o a la magia, es del todo evidente que el vínculo más elevado, más importante y el más pertenece al eros: lo que explica que los platónicos llamaran al amor el gran demonio, daemon magnus»
El más radical fue Spinoza, para quien
“…el deseo es la esencia misma del hombre, en cuanto que es concebida como determinada a hacer algo” (Spinoza, Ética, III, Definiciones de los afectos, I).
El deseo de lo bello es estético, pero al mismo tiempo fisiológico, sólo es bello aquello que procura bienestar al cuerpo y eso es placentero, porque tanto para el cuerpo como para la naturaleza todo será sólo o bueno o malo, lo que según Spinoza es:
“Así pues, queda claro, en virtud de todo esto, que nosotros no intentamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque lo juzguemos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque lo intentamos, queremos, apetecemos y deseamos” (Spinoza, Ética, III, Proposición IX, Escolio).
Lo que lleva a que otros serán los deseos que organicen la cultura, eso que llaman bien y mal.
Para las ciencias deseo es una de las fuerzas que se manifiestan en el mantenimiento del estado de equilibrio del cuerpo.
Para Antonio Damasio, la definición neurocientífica del deseo es aquella actividad cerebral que permite representar (mapas sensoriales), anticipar y simular las reacciones corporales provocadas por las reacciones emotivas que provocan la sensación de desear, o sea, la escala del paso del instinto al apetito al deseo al sentimiento a la acción a la imaginación y al pensamiento:
“Los animales más sencillos carecen de las estructuras cerebrales necesarias para representar, en forma de mapas sensoriales, las transformaciones que se producen en el cuerpo cuando tienen lugar reacciones emotivas, y ello resulta en la sensación. Carecen también del cerebro preciso para representarse la simulación anticipada de dichas transformaciones corporales, lo que constituiría la base del deseo o la ansiedad” (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 53).
De esta manera el deseo es:
“Sufridos individualmente u observados en el prójimo, el pathos y el deseo son subproductos de la consciencia”(Antonio Damasio, Sentir lo que sucede. Cuerpo y emoción en la fábrica de la conciencia, Andrés Bello,
Antonio Damasio explica la función del deseo:
“Varios instintos y motivaciones. Los principales ejemplos incluyen el hambre, la sed, la curiosidad y la exploración, el juego y el sexo. Spinoza los agrupó todos bajo un término muy adecuado, apetitos, y con gran refinamiento utilizó otra palabra, deseos, para la situación en la que los individuos conscientes se hacen sabedores de dichos apetitos. La palabra apetito designa el tipo de comportamiento de un organismo ocupado en un determinado instinto; el término deseo se refiere a los sentimientos conscientes de tener un apetito y a la eventual consumación o frustración de dicho apetito. Esta distinción espinoziana es un atractivo complemento de la existente entre emoción y sentimiento con que iniciamos este capítulo, Es evidente que los seres humanos poseen los apetitos y los deseos conectados de manera tan inconsútil como las emociones y los sentimientos” (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, pp. 37-38).
Y hablando de emociones y sentimientos, así los explica Antonio Damasio:
“Las emociones se representan en el teatro del cuerpo. Los sentimientos se representan en el teatro de la mente . Como veremos, las emociones y el sinnúmero de reacciones asociadas que les sirven de fundamento forman parte de los mecanismos básicos de la regulación de la vida; los sentimientos contribuyen asimismo a la regulación de la vida, pero a un nivel superior. Las emociones y las reacciones relacionadas parecen preceder a los sentimientos en la historia de la vida. Las emociones y los fenómenos asociados son el fundamento de los sentimientos, los acontecimientos mentales que forman la base sólida de nuestra mente y cuya naturaleza deseamos dilucidar”.
En sus escritos sobre este tema, Spinoza no utiliza la palabra emoción ni la palabra sentimiento, sino afecto (en latín,affectus), un término que es apropiado para ambos conceptos. Dice Spinoza: «Por affectus quiero decir las modificaciones del cuerpo, por las que el poder activo de dicho cuerpo aumenta o disminuye, es ayudado o constreñido, y asimismo las ideas de dichas modificaciones» (Spinoza, Ética, parte ID). Cuando desea aclarar su significado preciso acota el afecto y nos hace saber si se refiere al aspecto en gran parte externo o al aspecto exclusivamente interno del fenómeno, la emoción o el sentimiento. Sospecho que vería de buena gana la distinción que propongo, porque dicha distinción se basa en la identificación de diferentes acontecimientos en el proceso de «ser afectado», precisamente como lo son los términos paralelos de Spinoza, apetito y deseo. Tiene interés el hecho de que una de las traducciones al inglés más generalmente usadas de las obras de Spinoza (la de H. M. Elwes, publicada en Inglaterra en 1883), traduce el affectus latino por emoción y contribuye a perpetuar el uso incorrecto de dichos términos. La traducción americana moderna de Edwin Curley traduce adecuadamente affectus por afecto. Para complicar todavía más las cosas, Elwes traduce los ténninos laetitiay tristitia de Spinoza como placer y dolor, cuando una traducción más aceptable es felicidad/alegría y tristeza/pena”.(Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los Sentimientos)

Observaciones
El amor no es uno sólo , la verdad es que en la tierra tenemos diferentes tipos de manifestaciones de este sentimiento universal. Es necesario saber algo sobre el ágape o eros, pues al hablar surgen muchas confusiones.
Agápē es el término griego para describir un tipo de amor incondicional y reflexivo, en el que el amante tiene en cuenta sólo el bien del ser amado.Algunos filósofos griegos del tiempo de Platón emplearon el término para designar, por contraposición al amor personal, el amor universal, entendido como amor a la verdad o a la humanidad.Aunque el término no tiene necesariamente una connotación religiosa, éste ha sido usado por una variedad de fuentes antiguas y contemporáneas incluidas la Biblia.Este nombre proviene del griego donde se debatió por vez primera lo referente a sentimientos interpersonales como el amor. Luego los romanos llamaron a este tipo de amor “cáritas” que quiere decir “caridad”. Consideran que ágape es un amor que suele ser más espiritual.Se trata de un amor puro, viene desde lo más profundo del alma.
Eros, en la mitología griega, Eros es el dios primordial responsable de la atracción sexual, el amor y el sexo, venerado también como un dios de la fertilidad. En algunos mitos era hijo de Nicte y Erebo pero también se decía que fue de Afrodita y Ares aunque según El banquete de Platón fue concebido por Poros (la abundancia) y Penia (la pobreza) en el cumpleaños de Afrodita. Esto explicaba los diferentes aspectos del amor.A veces era llamado Eleuterio el libertador como Dioniso. Su equivalente romano era Cupido deseo también conocido como Amor.Es el tipo de amor más común, el que todo conocemos. Trae consigo la atracción sexual que supera el sentimiento, aunque la relación puede llegar a ser duradera. Se trata de un amor donde el erotismo toma forma protagónica. Existe pasión. Viene acompañado de desencuentros, tristezas, llantos como también de alegrías y buenos momentos.
jGoIz
20 enero 19