Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños
G J Gibran

El cenador, Henri-Jean Guillaume Martin (1900)
Cuando hemos aprendido cómo escuchar a los árboles, entonces la brevedad y la rapidez y la precipitación infantil de nuestros pensamientos alcanzan una dicha incomparable...

Almas de la Jara
En mi mundo mágico cuando niño
Todo aparentaba una blanca maravilla
En mi pueblo vagaba alegre y contento
por sus calles de casas blanquedas
y en aquellos amarillos campos, inmensos,
Campos todo el día alumbrados
Zurcidos por el sol sin límites,
Campos que eran un éxtasis
a la luz transparente...
Era mi pequeño reino una fortuna
de caminos rústicos en sus bordes
decorados de blancas flores,
Era todo una armonía que fluía como viento,
como diademas de montes
entre esos millares de floridos encinares.
Inundado siempre en aventuras...
es verdad que entonces,
en el dulce reposo de las tardes
Donde el aire corría allí como linfa cristalina,
Miraba la imagen límpida del cielo,
ese azul claro como mi alma
como mi alma de ingenuo sereno.
Es verdad que Cuando niño...
Yo jugaba entonces, tranquilo y bueno,
con las flores del campo
y las brisas del cielo,
Aprendía a amar entre las flores
Y pensaba que el horizonte
era de la tierra una extraña frontera…
No advertía en mi ignorancia
mi inocente mente,
Otro mundo más mágico
que aquel mundo de la infancia
jGoIz
jGoIz
Rilke señalaba que la verdadera patria del hombre es la infancia
Nada más intenso que el terror de perder la identidad
considerada como una etapa autónoma en la que se vive un mundo autosuficiente, mundo del que están excluidos todos los elementos que, asociados con la edad adulta, son causantes del dolor.
Para Holderlin el mundo infantil es ajeno a las complicaciones adultas, es simple en su inmediatez El deseo se realiza en lo imaginario. En el mundo adulto, el deseo se ve refrenado por la realidad y las normas
Observaciones
Es interesante la apreciación de Hans Robert Jauss sobre la evolución de la conciencia de pérdida de la inocencia desarrollada a partir de dos textos, las Confesiones agustinianas y roussonianas
... sentido como una pérdida de la inocencia y expulsión de la serena felicidad del paraíso, se equipara tanto al caso de Adán, en la historia sagrada, como a la pérdida del état de nature de la historia de la sociedad, al dudar entre la nostalgia de la inocencia perdida y la esperanza de volverla a encontrar, la condición innata del individuo cae bajo la ley trigradual del decurso de la filosofía de la historia de Rousseau
En ello puede verse, también, una variación de la teología histórica agustiniana: mientras, para San Agustín, el hombre es el único culpable de la pérdida de la felicidad paradisíaca, para Rousseau tanto la culpa de la expulsión del paraíso de la infancia como la pérdida del estado natural se deben a circunstancias externas, detrás de las cuales descubre Rousseau al verdadero culpable
La confesión histórica moderna demuestra la inocencia del hasta ahora pecador, y acusa a la sociedad que se siente capaz de emitir juicios sobre él. ... La iluminación rousseauniana tanto desde el punto de vista de la condición innata del hombre como de la historia de la humanidad tiende, única y exclusivamente, a revisar la premisa agustiniana de que el hombre se encuentra en pecado desde el principio
El nuevo yo surgido de la conversión rousseauniana introduce,en la autobiografía, la demostración de la inocencia personal y, en los Discours, achacaba a toda la sociedad la responsabilidad de su historia
El sentimiento expresado por Jauss respecto al cambio de visión en la responsabilidad por la pérdida de la inocencia es capital para entender las ataques contra la sociedad Es a ella a la que hacen responsable de esa pérdida irreparable El individuo se vuelve contra la sociedad a la que considera como causante del deterioro en que se encuentra
j Goiz
21 enero 2018
21 enero 2018
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