lunes, 20 de mayo de 2019

¡Se nos va todo, se nos va todo!

El vacío del mundo corresponde al vacío de la palabra Cioran


Qué importante es la palabra, echar de menos tiene origen gallego-portugués, achar menos. Literalmente, hallar algo que ya no está, es decir, sentir la presencia de la ausencia, qué bello es el lenguaje, sentir la ausencia, hallar el ser de lo ausente y desear recuperarlo
“Lo ausente es aquello en lo que se piensa, pero no se percibe …, aquello que permite imaginar y concebir aquello que no está” Mecloy Pudiera calificarse como la “antimateria” del lenguaje por sus connotaciones de negación, interesante objeto para la Semiología, por abarcar un considerable número de signos ausentes frente a los presentes y también para la Semántica, por sus ricos significados y el campo semántico de palabras que genera
Edward Hopper. Verano (1943)


Bellísimos ejemplos literarios en boca del poeta Miguel Hernández se suman a este articulo.En su Cancionero y Romancero de ausencias, escrito en su etapa carcelaria, manifiesta de forma vehemente la añoranza de su familia y su entorno cuando dice Ausencia en todo veo …, ausencia en todo escucho, ausencia en todo siento O también las palabras de Pablo Neruda Me gustas cuando callas porque estás como ausente, relacionan el silencio con la ausencia. En otro poema suyo, precisamente titulado “La ausente,” parece que ausencia y presencia comparten espacio a través del pensamiento 
Recuerdo singular merece el tema clásico del ubi sunt ¿dónde están?, que quedó inmortalizado en la literatura española por Jorge Manrique en las “Coplas a la muerte de su padre” al preguntarse “dónde están” tantos seres y grandezas del pasado. Podría calificarse con toda propiedad como la pregunta de las ausencias. En este mismo contexto de la trascendencia es ejemplar el magnífico soneto de Góngora, en el que la idea también clásica de aprovechar la vida y la juventud acaba con el drástico final que aguarda a todo ser humano, llegando a convertirse “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”. Este verso puede representar a la perfección la ausencia última, la ausencia de la vida 


Las musa inquietantes de Chirico
Otro caso similar en el ámbito literario lo ofrece el poema “Ausencia” de Jorge Luis Borges, lamento resumido en los versos ¿en qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia?


Ausencia 


Habré de levantar la vasta vida 
que aún ahora es tu espejo: 
cada mañana habré de reconstruirla. 
Desde que te alejaste, 
cuántos lugares se han tornado vanos 
y sin sentido, iguales 
a luces en el día. 
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas, 
palabras de aquel tiempo, 
yo tendré que quebrarlas con mis manos. 
¿En qué hondonada esconderé mi alma 
para que no vea tu ausencia 
que como un sol terrible, sin ocaso, 
brilla definitiva y despiadada? 
Tu ausencia me rodea 
como la cuerda a la garganta, 
el mar al que se hunde 


JL Borges 
Giorgio de Chirico 
ambiente que parece real, pero que en verdad no lo es, 
tan sólo es un espacio congelado o el escenario de un sueño

Las cosas que nos faltan, cuántas cosas, las que quedaron en el camino o nunca accedieron a él, quien más, quien menos, todos llevamos una filatelia de las ausencias.
Hay partidas, adioses de los que no volvieron ni volverán, aun en las mejores y conquistadas alegrías, sobreviene de pronto un vacío y nos quedamos taciturnos, solos, tiernamente desolados.
Por suerte cuando soñamos vuelven todos, los que todavía son y los que fueron, y abrazamos fantasmas, almas en pena y almas en gloria, ellos nos cuentan su impiadosa sobrevida, aunque, eso sí, marcando siempre su territorio, que es sólo invierno.
Su exilio tan pasivo, tan inerte, no está consolidado. Con su martirio, nos martirizamos, quizá porque sabemos que todo eso acaba en un opaco despertar. Viene entonces la fase de ojos abiertos, también llamada insomnio. Allá arriba está el cielo raso, con la araña de siempre en su rincón de redes. Nos faltan manos para acariciar, labios para besar, cintura que estrechar, cuerpo que penetrar. Todo es ausencia.



..........
Nanas de la cebolla Miguel Hernández Joan Manuel Serrat.
Poema escrito por Hernández tras recibir una carta de su mujer, Josefina Manresa, narrándole el hambre pasado por ella y su primer hijo recién nacido.

j GoIz/20 mayo19






















domingo, 19 de mayo de 2019

Vicisitudes de la mirada, los ojos del alma

Desperté y conservé bajo los párpados el dulce holograma de su desnudez
Jean Baudrillard.
Es posible que sea cierta la conocida frase de que el alma reside en los ojos y que es la mirada ese lenguaje que expresa nuestro yo más íntimo, nuestra subjetividad más propia. El tercer ojo, que dijo Nietzsche, el que percibe las supremas armonías

"Si un grano del pensar arder pudiera,
no en el amante, en el amor, sería
la más honda verdad lo que se viera".
Antonio Machado


Como si fueran una sustancia interdimensional, los ojos conectan nuestro interior interior con el exterior, de tal manera que cuando queremos obtener información furtiva, que se oculta de los meros gestos y del lenguaje hablado y corporal, buscamos la mirada para acceder a lo secreto a las emociones y al pensamiento más íntimo, como si hubiera información más allá de cualquier falsificación en esa luz que reflejan los ojos, esto ha llevado a acuñar la popular frase los ojos son la ventana del alma sea por cierta sensación poética o por una intuición espiritual de que los ojos son ya promesa metafísica en el cuerpo. Diversas culturas describen a los ojos como portales de la esencia de una persona, a través de los cuales se revela su ser verdadero. Se sabe, la ciencia moderna no admite ni discute la existencia de una sustancia inmaterial o espiritual, sin embargo, la intuición de que los ojos son la interfaz de una realidad interior y los depositarios de un mapa u holograma de nuestro ser no está alejada de los preceptos del conocimiento científico actual, pues los ojos son, al menos, la ventana del cerebro, la luz y el mundo exterior se convierte en percepción y en imágenes y en imaginación a través de los ojos y las neuronas de la retina, en cierta forma los ojos son la superficie externa del cerebro.
La mirada especie de lenguaje personal a la manera de Wittgenstein la utilizamos a partir de esa conjunto de vivencias, aprendizajes, recuerdos, aspiraciones y pensamientos que se agolpan y se atropellan en la expresión que dirigimos por medio de nuestros ojos, de amor, de miedo, de reprobación, de aliento, de impotencia, de gozo, de tristeza, y , además, a diferencia de lo que plantea W. un lenguaje que aunque emana de una fuente profundamente subjetiva, encuentra comprensión en el otro, en alguien que lo entiende y sinestéticamente lo escucha, lo descifra y lo vuelve asequible, es posible que el alma, el yo, la identidad, solo sean un asunto de autorreferencia, una ficción creada por la capacidad que tiene nuestro cerebro de pensarse a sí mismo, pero, aun si esto es cierto, si es una mentira en un mundo que de por sí es posible que sea una suma de ilusiones, es también uno de los pocos asideros en el que podemos confiar nuestro germen de humanidad, la razón que justificaría encarar la realidad con estricta alegría de vivir.
Por tanto resulta tentador caer en la nueva moda neuro, somos cerebro, pero no somos sólo cerebro, nuestras experiencias están mediatizadas por el otro y por lo otro, lo estético, lo sexual, lo político... no son aspectos meramente cerebrales, pues el sentir nos constituye más que el razonar (Zambrano) "El sentir nos constituye más que ninguna otra de las funciones psíquicas, diríase que las demás las tenemos, mientras que el sentir lo somos", “el ritmo del pensamiento y ese otro más íntimo e inefable, el ritmo que podríamos llamar del corazón, que normalmente no se percibe, destaca la voz de lo inteligible” en carne y hueso, donde la vida, la filosofía, la poesía, la religión se llaman a sí mismas, las unas a las otras dentro el laberinto de la existencia que nos ciega los ojos del cuerpo, deslumbrándonos con 
su luminosa evidencia para abrirnos los del alma que es sentido y vivido en pensamientoacción.
En otras palabras si “pensar es descifrar lo que se siente”, filosofar sería descifrar el sentimiento originario que se vincula, sin duda, con la construcción de lo que auténticamente somos. 
¿por qué no compartir el mismo sentido original? llamado nuestro misterioso origen.


En el Credo poético unamuniano tal 
conciencia se culmina de este modo

Credo poético, De M Unamuno

Piensa el sentimiento, siente el pensamiento;
que tus cantos tengan nidos en la tierra,
y que cuando en vuelo a los cielos suban
tras las nubes no se pierdan...

o este ejemplo de creación espiritual sinestésica de tensión visual creada por contrastes 

Al soneto con mi alma, de J R Jiménez


Como en el ala el infinito vuelo, 
como en la flor está la esencia errante, 
lo mismo que en la llama el caminante 
fulgor, y en el azul el solo cielo; 
como en la melodía está el consuelo,
y el frescor en el chorro, penetrante, 
y la riqueza noble en el diamante, 
así en mi carne está el total anhelo.
En ti, soneto, forma esta ansia pura 
copia, como en un agua remansada, 
todas sus inmortales maravillas.
La claridad sin fin de su hermosura 
es, cual cielo de fuente, ilimitada 
en la limitación de tus orillas
JRJimenez
Tomado de «Amor», en Sonetos espirituales, 1914-1915.

Así, pues, los ojos como ventana del cerebro tienen la particularidad de estar casi siempre abiertos a los vientos externos de la influencia mundanal, nuestro cerebro está diseñado para diseñar realidades, si operas tu cerebro con habilidad, puedes aprender a diseñar tus propias realidades, aprender cómo comunicarte en el lenguaje del cerebro
Los ojos son justo aquello que nos permite percibir la luz, si estás viendo esta habitación, toda la habitación está envuelta en la luz que entra a tu pupila y se desenvuelve en la imagen y en tu cerebro, la luz en su sentido general es el medio por el cual el universo se desenvuelve en sí mismo», David Bohm. Se puede extrapolar de la teoría de la Totalidad y el Orden Implicado del físico David Bohm que la luz es el holograma del universo, y es a través de ella que se proyecta la eternidad en el tiempo recordemos que según la teoría de la relatividad, si pudiéramos convertirnos en solo luz, el tiempo dejaría de existir como una sucesión y todos los instantes serían uno solo
Es una tradición esotérica común a diversas culturas creer que es a través del ojo la fusión de la dualidad que se accede a la dimensión espiritual.
El escritor y pintor visionario William Blake escribió crípticamente en un legendario poema Nos quieren hacer creer en una mentira cuando no vemos a través del Ojo, acaso haciendo referencia a que el mundo que vemos es una ilusión como el filósofo en la cueva de Platón hasta que no refinamos nuestra percepción y abrimos el ojo espiritual a través del cual podemos percibir la obra divina y no solo su sombra.
Sin llegar a una conclusión y sin saber a ciencia cierta si los ojos son el sello de lo divino en lo humano, la luz que sirve como puente y memoria del alma y las estrellas en el cuerpo, o si son solamente la interfaz entre el cerebro y el mundo externo, como la pantalla de una computadora, no hay duda de que los ojos nos invitan a explorar el misterio de la existencia
Decía R Tagore que lo finito se nos representa la tensión del "yo" para llegar a ser lo infinito como un jugar al escondite entre los dos, Dios y, el hombre.
A propósito del alma y la mirada ver documental Janela da alma, de João Jardim y Walter Carvalho, en el que a través de entrevistas a personajes como José Saramago, Oliver Sacks, Wim Wenders y otros, se explora la misma idea.
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Extracto ensayo de A Martinez Gallardo
"una interrogación metafísica del ojo humano"
j GoIz
19mayo2019

sábado, 18 de mayo de 2019

La inspiración

No es baladí que uno de los mayores filósofos de la historia, Heidegger, reflexionase sobre el ser y el tiempo, somos más que nunca en el momento en el que el tiempo desaparece, porque cuando uno crea, cuando uno escribe, dibuja, toca, extasiado por el frenesí de la inspiración, el tiempo no sólo se para, pasa a no existir. 
Todos los que se han dejado llevar por la inspiración son uno solo, pues la inspiración, la Belleza , ah, Platón… les convierte en prescindibles, finitos e inútiles a su sombra,
y al mismo tiempo, ¿quién más cerca de la divinidad que aquel que es capaz de rozarla con los dedos, las palabras, las imágenes, las notas…? 
Nadie más que Proust, por ej. puede convertir una magdalena en la magdalena, es decir, en algo inmortal.
Dice Fernando Pessoa


"El misterio de las cosas, ¿dónde está? ¿Dónde está que no aparece por lo menos para mostrarnos que no es un misterio? ¿Qué sabe el río de eso y qué sabe el árbol? Y yo, que no soy más que ellos, ¿qué sé de eso? Siempre que miro a las cosas y pienso en lo que los hombres piensan de ellas, me río como un regato que suena fresco en una piedra. Porque el único sentido oculto de las cosas es que no tienen ningún sentido oculto. Es más extraño que todas las extrañezas y que los sueños de todos los poetas y los pensamientos de todos los filósofos, que las cosas sean verdaderamente lo que parecen ser y no haya nada que comprender. Sí, he aquí lo que mis sentidos han aprendido solos: las cosas no tienen significación, tienen existencia. Las cosas son el único sentido oculto de las cosas".


Fuera de la ficción todo se torna resbaladizo, las dudas no iluminan, las palabras son sólo palabras, y hasta un piano parece feo, fuera de lugar, como el pincel que, seco, emponzoña un atril, fuera de la ficción, de la interpretación, fuera de la magia de la inspiración, el mundo sólo existe y nada más, no hay voluntad, ni fuerza, sólo cuerpos que languidecen y envejecen sabiendo que sólo desean languidecer y envejecer… Y es que,


¿quién querría vivir eternamente en un mundo así? 


Un mundo completa y bastamente humano. Ah… un mundo que existe y nada más. Nada más.
Alejandra Pizarnik…




No
Las palabras
No hacen el amor
Hacen la ausencia
Si digo agua, ¿beberé?
Si digo pan, ¿comeré?
[…]
Hablo
Sabiendo que no se trata de eso
Siempre no se trata de eso
Oh ayúdame a escribir el poema más prescindible
El que no sirve ni para
Ser inservible
Ayúdame a escribir palabras
En esta noche en este mundo 


Este es un poema que no sirve ni para ser inservible…y aún así pide ayuda para escribirlo, su sentido, su mundo, dependen de su inspiración


¿Sería habitable una existencia sin estos versos de Pizarnik?


Digamos que sí, pero entonces lo inservible no sería este poema, sino todo, pues sólo el arte es imprescindible, ni siquiera el artista, este sólo comparte su gracia, se abre el pecho con las dos manos y expone su más pequeña y única esencialidad. 
No, la poesía no es prescindible, bien lo sabía Alejandra como ahora lo sabemos quienes podemos leerla a pesar de no existir ya, y es que las creaciones son tan inmortales como la inmortalidad. Y los artistas deben ser mortales para que sea su obra la que hable por ellos, por todos nosotros humanidad al fin y al cabo.
Así, nos dice Pessoa una vez más




He escrito muchos poemas.
He de escribir muchos más, naturalmente.
Cada poema mío lo dice,
y todos mis poemas son distintos,
porque cada cosa es una manera de decir esto mismo.
Si lo que escribo tiene algún valor, no soy yo quien lo tiene;
el valor está allí, en sus versos.
Todo esto es absolutamente independiente de mi voluntad.


Y esta voluntad de creación es tan caótica como bella, se acerca a la divinidad sin comprenderla, y ahí está el misterio de su vida, ahí está la bendita trampa que le insufla aliento, debe hacerlo aunque jamás sepa por qué, pues a ese momento de frenesí creador debe su corazón, y cuando su corazón se pare, seguirá latiendo en otro corazón, y así sucesivamente.


Extracto_ensayo de R Garcia Macias


j GoIz
18mayo2019

jueves, 16 de mayo de 2019

Todo, Nada

¿Qué nos ha entregado a la nada?
¿Es ésta en verdad la determinación del hombre?
¿Es ésta su suerte? ¿Es que verdaderamente nuestra
vida no puede tener otro sentido sino este sin sentido?
Hermann Broch
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Qué decir tras leer este poema de José Hierro


Vida

Después de todo, todo ha sido nada, 
a pesar de que un día lo fue todo. 
Después de nada, o después de todo 
supe que todo no era más que nada.

Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!». 
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!». 
Ahora sé que la nada lo era todo, 
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada. 
(Era ilusión lo que creía todo 
y que, en definitiva, era la nada).

Qué más da que la nada fuera nada 
si más nada será, después de todo, 
después de tanto todo para nada.


Vida que José Hierro ofreció desengañado a su nieta Paula Romero, que al fin no es sino eso mismo, todo para nada.
Todas las naderías de la vida quedan expresadas en un impecable juego de conceptos contrarios y que va de acuerdo con Salomón en uno de sus libros más profundos y poéticos, "El Eclesiastés", donde declara que "Todo es vana ilusión", es decir, NADA.

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Pocas veces encontramos un soneto así de intrépido y así de afortunado. Otro casoes el de ese poema de Renato Leduc, donde rima con una sola palabra, su famoso soneto del tiempo.

Sabia virtud de conocer el tiempo;
a tiempo amar y desatarse a tiempo;
como dice el refrán: dar tiempo al tiempo...
que de amor y dolor alivia el tiempo.

Aquel amor a quien amé a destiempo
martirizóme tanto y tanto tiempo
que no sentí jamás correr el tiempo,
tan acremente como en ese tiempo.

Amar queriendo como en otro tiempo
-ignoraba yo aún que el tiempo es oro-
cuánto tiempo perdí -ay- cuánto tiempo.

Y hoy que de amores ya no tengo tiempo,
amor de aquellos tiempos, cómo añoro
la dicha inicua de perder el tiempo...

De "Breve glosa al Libro de buen amor" 

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Jorge Manrique también lo ratifica

 "Ved cuán de poco valor son las cosas tras que andamos y corremos. Que, en este mundo traidor aun primero que muramos las perdemos..."

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S b Teresa de Ávila, muy creyente, quiso recorrer el camino inverso, cómo explicarlo, propuso pasar ‘de la nada al todo’.


Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene,
nada le falta:
solo Dios basta.


jGoIz
16mayo2019








domingo, 12 de mayo de 2019

La perfecta inmovilidad

En el silencio diáfano se da la pura presencia del ser
M Zambrano
Canto a la naturaleza, a las realidad súbita que emerge y desafía al instante, que mira e inmoviliza todo en ella ensanchándose.

Sólo se oye  la naturaleza


Expresan soledad la masa de retamas.
En la barranca, peñascos, un contorno 
 de piedras, 
el sol de las cinco, la perfecta inmovilidad,
el encinar
en la línea comba de los últimas riberas.
 Los ojos naranjas del
búho real.
 En los ojos del búho sestea el sol.

 La masa de la jara, el agua retenida,
 ramas secas, el laberinto de piedras, 
cohesos amarillos  movidos por la brisa,
 arbustos faltos de interés,
obedientes milanos errantes,
 los tordos negros.

En el tronco henchido de un roble, 
eco de arroyos que viajan.
 En mis sentidos percibo la fragancia 
del cantueso entre las
ribas.

 El sol en una roca, la roca soleada,
 la dulce brisa, las piedras sombreadas.

Desde un altozano, todo respira y
se responde, el vuelo de las golondrinas 
en ángulos circulares,
la urraca ruidosa, 
 el junco erecto, la sombra fugitiva de una perdiz, 
el arco de la pata del zorro en la roca soleada, 
el salto ronco en la pendiente
del agua, el ramaje seco, el murmullo cada vez más denso,
 las cosas que acallan al sol ardiente, 
el agobio de la  furtiva sombra
de las cinco de la tarde al fondo del barranco,
Donde se concentra la naturaleza que describo.

el tiempo, el instante, fragmento de la realidad, momento de percepción, el instante del yo , el silencio y el vacío, el sentido de lo absoluto de la palabra, todo lo que ve mi yo y que describo en fragmentos, la perfecta inmovilidad, todo está quieto, nada se mueve, incluso el tiempo que se ha parado para extraer cada una de las sensaciones vividas que se me presenta Desde un alto, todo respira y se responde, los únicos sonidos que se oyen son murmullos que no rompen el silencio y la quietud Es posible que el silencio presuma de sonido que conecta con el ser mismo de la vida
j GoIz

sábado, 11 de mayo de 2019

Aprender de la vida

Nadie sembró la espiga del borde del camino, ni nadie la recoge, mas ella, con divino silencio, dará granos al hambriento gorrión



Inefable esencia....


Busca en tu propia alma una razón
oculta, no te ajustes a la apariencia ilusoria, 
indaga, sigue el rastro de la verdad secreta. 


Escrutante el ojo y afinado el oído
contempla lo que hay dentro de la piedra, 
ama todo lo tenue de la vida, la quietud
de la flor que se balancea, el color, el paisaje;
ya alcanzarás poco a poco entender su lenguaje. . .
el divino diálogo de las cosas y el alma. 


Hay en todos los seres un tierno gesto
un dolor indecible o un enigma oscuro;
cuestiona aun lo que se da por sentado
aún lo que se percibe como natural
en todas las cosas puede haber penas o alegría. 


No desdeñes a la pupila del búho, sabia y observadora
que se activa en la noche, que se oculta en el día. 
Es un alma que canta y es un alma que llora. . .
Averigua en todas las cosas el velado sentido;
lo contemplaras cuando consigas comprender su lenguaje;
cuando sientas el alma grandiosa del paisaje
y los gemidos lanzados por el árbol herido. . .
j GoIz
Se debe buscar la verdad aunque no sea bonita

jueves, 9 de mayo de 2019

Mitificar la infancia

Benditos seáis, sueños de la infancia, 
me ocultábais la miseria de la vida. 
Vosotros habéis engendrado los gérmenes del bien que hay en mi alma,
me dabais los bienes que ya nunca más conquistaré
Friedrich Hölderlin An die Natur
Chardin



Refugio mental

Sustraído en el sueño de la infancia
las memorias sorprenden,
todavía bien lo recuerdo, 
Tras la ventana, de niño, 
aquel, que éste ahora
sería yo mirando
llover, sobre el cristal
irisado del azul,
las gotas en el aire oscuro
como una nubosidad,
cuando el corazón aprendiz
balbucea feliz embelesamiento.

Cuán lejano todo, resplandece
En dichosa ignorancia.
Eran instantes tan autosuficientes
ajenos y simples en su inmediatez


Que la voluntad del reloj
desvanecía o confundía 
la hora exacta como un alba,
exaltando cada vez más 
el blanco sol del alma,
la esencia dulce de las cosas, 
la imaginación trenzada
del mundo, más allá del presente,
con la certidumbre fiel
de que ellas son esas cosas,
y nada más que esas cosas,
que nos irradia, inmóvil,
una imaginación  soñadora  

j GoIz

Acuarela, fj GoIz

La memoria sigue pasando inmóvil, permanece más allá del presente, es la que sujeta el incierto futuro, nada queda fuera de ella y ella es la que marca el siguiente paso... 


j GoIz
9 mayo2019


miércoles, 8 de mayo de 2019

Reflexión sobre el lenguaje y nuestra relación con él (El síndrome de Madame Bobary) 
Flaubert, las pasiones y su inmortal "Madame Bovary" "Emma se parecía a todas las amantes; y el encanto de la novedad, cayendo poco a poco como un vestido, dejaba al desnudo la eterna monotonía de la pasión que tiene siempre las mismas formas y el mismo lenguaje". 

La reflexión sobre el lenguaje es constante en el pensamiento occidental,  ha sido abordado desde muy diferentes perspectivas, de la palabra nos han hablado los magos y cabalistas, los teólogos, los gramáticos, los retóricos, los lingüistas, los místicos, los filósofos, los poetas... todos, para hablarnos de la palabra, han tenido que utilizar palabras,  la palabra creadora de mundos, la palabra portadora de la verdad, la palabra seductora, la palabra falsa, la palabra culta y la palabra llana,  la palabra que aclara y la palabra que esconde, la palabra olvidada y la palabra viva. La crisis del pensamiento que caracteriza a la actualidad es también la crisis de la palabra, el vínculo que unía a las palabras con el mundo se va resquebrajando y cada vez se hace más necesario reflexionar sobre lo que antes parecía tan evidente. Es necesario que se produzca el silencio del mundo para que seamos conscientes de que la palabra nos pertenece, el silencio, fuerza en expansión, va comiendo terreno a la seguridad que la palabra había servido para mantener.

La palabra no puede hacer justicia al mundo porque no puede contenerlo,  Occidente ha construido su historia sobre la persecución de la "Idea", es decir, ha abandonado la multiplicidad de la vida, lo efímero de cada instante, el movimiento constante de la vida, por lo universal, abstracto y perenne de la idea. Ha preferido agarrarse a "lo inmutable" como realidad última, y ha cerrado los ojos a la auténtica realidad, que es la de la eterna mutabilidad.Aquel que desee que la vida se detenga, aquel que desee atrapar el instante, está condenado, y el mundo le dejará atrás en su imparable devenir. Cualquier intento de comprender el mundo, es decir, ponerle límites, es un acto artificial que falsea la realidad, que es puro movimiento. Para poder comprender, para satisfacer nuestro ansia de conocimiento,  hemos creado una apariencia de estabilidad, de orden, que se cristaliza en el lenguaje.Lord Chandos eligió el silencio, como también lo eligió el propio Hofmannsthal. Al igual que, pocos años antes, había desaparecido en el silencio el más brillante y revolucionario de los poetas franceses del siglo pasado, Arthur Rimbaud.

Flaubert no eligió el silencio, escogió reflejar el vacío y, a la vez, la plenitud, de la palabra, ella ya no es la "verdad", ni su instrumento, ni su portadora.  ¿En que medida podemos expresarnos a nosotros mismos,  en qué medida el lenguaje hace justicia al mundo? ¿No seremos nosotros también una apariencia que el lenguaje hace aparecer sólida? Flaubert percibió que el mundo, socialmente hablando, que nos rodea no está construido con realidades sino con tópicos, es decir, el mundo es el lugar de las palabras ya dichas. A diferencia de Balzac, a diferencia de Zola y los demás naturalistas, Flaubert no pretendía explicar el funcionamiento social, sino limitarse a recoger el tejido verbal que lo compone. A la materialidad del mundo se superpone el envoltorio verbal que lo hace ser humano y social. El hombre se apropia del mundo a través del lenguaje y es de ese mundo apropiado, humanizado, del que se ocupó Flaubert.Los hombres crean discursos y, a la vez, son creados por ellos. Hombre, discurso y mundo es la trinidad básica en la que la palabra ocupa el lugar de intercambio. Las palabras acogen las cosas dándoles una vida que no les es propia, sino añadida, nos movemos entre discursos que instauran las concepciones del mundo, que lo reordenan dándole sentidos diversos y, con frecuencia, contradictorios, así que  descubrió la necedad, necedad que no desaparece ante la ciencia, la técnica, el progreso, la modernidad, por el contrario, con el progreso, ella progresa también. Flaubert escribe "la palabra es un laminador que prolonga todos los sentimientos" frase que  sirve para explicar, al menos desde un determinado aspecto, el significado de la novela y mostrarnos el valor que Flaubert le otorga al lenguaje desde la perspectiva de la persona, por un lado, y desde la de la sociedad, por otro. Para comprender plenamente su sentido una breve descripción de su contexto en la novela.
La acción que nos muestra Flaubert es el reencuentro de Emma Bovary con León, el pasante de abogado, antiguo admirador, que, tres años antes, había sido incapaz -+por timidez, por falta de experiencia de dar los pasos decisivos que posibilitaran la conquista amorosa. Ahora, el tiempo ha pasado, León y Emma han ganado experiencia en el juego amoroso y, siguiendo un ritual, se lanzan a la conquista el uno del otro.

Emma y León comienzan un juego de seducción verbal en el que la palabra es el arma, no se dicen lo que sienten, sino lo que el otro quiere escuchar,  el discurso amoroso, aquí, no es portador de un sentimiento sincero, sino un artefacto retórico cuyo objetivo es la seducción, la conquista del otro, este artefacto retórico evoluciona, en cuanto discurso, según las reglas que implícitamente cada uno de los contendientes va mostrando al otro. No es, pues, un juego en el que uno de los dos deba ganar en perjuicio del otro, no es un juego en el que existan un seductor y un seducido, sino que, por el contrario, es el seducido -seducida, en este caso el que va dando las pautas a su seductor para que realice su conquista.

El discurso amoroso se nos muestra como algo vacío, superficialidad sin sentimiento, apariencia de una pasión inexistente puesta al servicio de unos objetivos de conquista mutua sometida al ritual del galanteo
"La palabra lamina el sentimiento", nos dice Flaubert, la acción de "laminar" es someter a presión un determinado material, generalmente un metal, para que éste aumente su superficie. Laminar es prensar para que algo inicialmente pequeño aumente en su extensión. El discurso amoroso es la laminación del sentimiento. El sentimiento es sometido a presión y, traducido a palabras, a discurso, aumenta su apariencia. La lámina resultante tiene una gran superficie, pero su espesor es mínimo. Ante la mirada parece haberse agrandado, parece que ese pequeño pedazo de metal ha adquirido unas dimensiones extraordinarias, pero su masa es la misma, la palabra laminadora extiende ese pequeño núcleo del sentimiento y, convertida en discurso, aparenta mediante su extensión una densidad de la que carece.

Lo que hacen Emma Bovary y León es laminar, extender, utilizar las palabras para fabricar un discurso amoroso que es sólo superficie, extensión frágil y sin profundidad. Cuanto menor sea el núcleo sentimental, mayor presión necesitará para poder aparentar, por medio de las palabras, su densidad.

Lo que podría ser una característica del discurso amoroso o de seducción, al analizar la novela flaubertiana, comprendemos que se extiende a todos los discursos sociales, podemos comprobar que esta acción laminadora se da en los discursos de los políticos, en los discursos científicos, en los comerciales, prácticamente en todos los ámbitos de la vida social, al igual que los amantes se seducían por medio de la palabra, aparentando un sentimiento que no poseían, los discursos políticos buscan la seducción de los votantes, los científicos convencer de la posesión de una determinada verdad y método, y los discursos comerciales la adquisición de sus bienes por los compradores. Todos ellos buscan la seducción de los otros. Detrás de sus discursos, palabra laminadora, no se encuentra la verdad sino el deseo de seducción. Apariencia de verdad y no verdad. Deseo de verdad y no verdad. Es lo que Michel Foucault, siguiendo la idea nietzscheana de "voluntad de poder" , denominó "voluntad de verdad",  el deseo de imponer nuestro discurso como verdadero a los otros. Flaubert logra mostrar esta presencia generalizada de la falsedad discursiva en la magistral escena de los comicios en la que entremezcla las voces de los discursos políticos, comerciales y amorosos, mostrando, por confluencia en un mismo espacio y tiempo, su vaciedad.

La palabra, el lenguaje parecen estar destinados, en el pensamiento flaubertiano, al encubrimiento de la realidad,  no hablamos tanto para mostrar como para ocultar o, si se prefiere, para mostrar lo que no somos. El lenguaje posibilita proyectar el deseo sobre los otros, y quizá el mayor deseo sea el de ser, el de tener entidad, espesor. Si el lenguaje sólo tiene sentido entre dos, aunque sea en el diálogo con uno mismo, lo que proyectamos al otro o lo que nos decimos no es tanto una verdad del ser como una lámina del querer ser o del aparentar. Queremos que lo que nos decimos sea nuestra verdad.

Porque, ¿qué quiere, en el fondo, decir Flaubert? Algo muy complicado y, a la vez, muy sencillo. Algo que ciertos pensadores nos están diciendo desde diversas perspectivas hoy en día: que el lenguaje sirve para encubrir un gran vacío, que los hombres nos vestimos con las ropas del lenguaje para tapar nuestra desnudez existencial, de ahí que el análisis del lenguaje haya pasado a ser uno de los ejes básicos del pensamiento filosófico contemporáneo.

La vieja formulación cartesiana del "pienso, luego existo", ha sido sustituida, por la de "es ego quien dice ego" o en otra formulación recogida por Julia Kristeva, "hablo y me oyes, luego existimos". Pienso, sí pero pienso con palabras, nos definimos no como sapiens, sino como hablantes y estamos condenados a decirnos sin cesar para poder alcanzar la dimensión del ser, es en el lenguaje en donde nos reconocemos, en donde nos formulamos, en donde existimos humanamente, es en el lenguaje en donde amamos y en donde odiamos; en donde comprendemos y en donde olvidamos: nuestro ser eso que llamamos ser, en definitiva, es verbal.
La verdad del ser, podemos decir, es la presencia de su discurso. Nuestro deseo es olvidar esa delgadez de la lámina y conferir una densidad e intensidad a lo que, a priori, puede ser sólo apariencia.
Creemos que la verdad es transmitida por la palabra, que la palabra es el envoltorio de algo realmente existente,  la idea o el sentimiento. Emile Durkheim, al comentar las ideas de Montaigne con respecto a la posición del lenguaje en la educación, señala que para el pensador renacentista, 
la lengua es el vestido de la idea, pero es un vestido cuyo papel consiste en dejar transparentarse lo que recubre, su principal cualidad, la única que tiene un verdadero valor, es la transparencia. La palabra sólo es útil, sólo cumple su oficio cuando deja aparecer la idea claramente, y va contra su objetivo cuando quiere brillar con un resplandor profuso que atraiga toda la atención sobre ella. 
Esta posición es característica del pensamiento racionalista occidental y lleva a un desprecio de la palabra en favor de lo que se supone que hay detrás. Pero, ¿y si detrás no hay nada? Las palabras, según Montaigne, deben dejar transparentar lo que hay detrás, cuando se vuelven opacas, oscuras, impiden el acceso a una verdad que se supone fuera de ellas, sin embargo, tras las palabras sólo encontramos otras palabras, tras los discursos otros discursos: un proceso de semiosis ilimitado, los discursos no nos remiten a otra cosa que no sean discursos, todo signo remite a otro signo, nos dicen los semióticos, esta es la base de la cultura, decía Nietzsche que toda palabra es un prejuicio, que es como decir que toda palabra está llena de palabras, el discurso amoroso de Emma y León no nos remite al sentimiento, sino a discursos amorosos literarios aprendidos con anterioridad, hay una máxima del Duque de LaRochefoucauld que expresa a la perfección este proceso de regresión discursiva, "hay gentes que no se hubieran enamorado jamás de no haber oído hablar del amor.»

El amor, algo que entendemos como un sentimiento auténtico, nace de las palabras, es necesario haber oído hablar del amor para sentirlo, porque sentirlo reconocerlo es ya verbalizarlo, por eso los poetas, los artistas, nos enseñan a amar, igual que los pintores nos enseñan a contemplar y amar el paisaje.
Nuestro mundo es un mundo construido verbalmente, una realidad laminada, en la formulación foucaltiana, las sociedades, las culturas son tejidos de discursos que regulan el fluir human, nos movemos entre discursos en los que buscamos acomodo, el drama humano es la misión imposible de buscar la palabra propia, la liberación del discurso ajeno, porque los discursos pueden ser enriquecedores o limitadores. Las sociedades, los individuos, luchan por fabricar discursos con los que poder convivir, que ese drama humano y social, al que hacíamos referencia, sea lo menos traumático posible. El amor  del que parte Flaubert no sería una presencia, sino una metáfora, una construcción para nombrar lo innombrable. Al escritor no le interesan los sentimientos, la realidad en su conjunto, le interesa jugar con los elementos lingüísticos, los hombres no hemos creado la realidad, hemos creado el lenguaje y hemos creado los vínculos que atan a las palabras con las cosas, los sentimientos, dolores y conceptos no son "cosas", sino que entran en una categoría muy distinta, podemos nombrar lo exterior, lo que nos encontramos dado, pero hay muchos otros ámbitos en los que manejamos las formulaciones verbales como si lo fueran. Y es ahí donde Flaubert deja al descubierto su esencia lingüística. El amor, palabra única, es todo aquello que cada uno siente y que denomina como tal,  la verdad es todo lo que uno alcanza,  la felicidad se rellena con los sueños.
El antropólogo americano Clifford Geertz explica este proceso de construcción de la expresión del sentimiento de la siguiente forma,
"para formar nuestras mentes debemos debemos saber qué sentimos de las cosas; y para saber qué sentimos de las cosas necesitamos las imágenes públicas del sentimiento que sólo el rito, el mito y el arte pueden proporcionarnos".
Ello implica la existencia de un cuerpo de codificaciones del sentimiento, un repertorio de formulaciones en las que encajamos lo que de por sí es inefable. Los "grandes sentimientos" son en realidad "grandes expresiones" de eso que denominanos sentimiento, no existe expresión directa del sentimiento,  o sólo existe el grito, de placer o de dolor. La metáfora está presente en la exteriorización del sujeto como elemento básico. Esto significa que nos construimos en cuanto sujetos,  que nuestra realidad, en cuanto tales sujetos, es un conjunto de metáforas, eso que Geertz denomina "imágenes públicas". Puestas a nuestro alcance, esas imágenes nos enseñan a sentir o, al menos, a codificar nuestros sentimientos.
La afirmación de La Rochefoucauld , algunos no se enamorarían de no haber oído hablar antes del amor,  concuerda con lo dicho. ¿Qué es la historia de Emma Bovary sino el drama de quien ha obtenido una imágenes equivocadas, de quien se ha forzado a sí misma a vivir hasta el final las más enloquecidas expresiones del sentimiento? Queriendo ser auténtica, Emma Bovary se ha convertido en un ser plagado de metáforas, de discursos, tal como Bouvard y Pecuchet se llenaron de teorías científicas, queriendo ser sublime, Emma se hundió en lo grotesco. La ingenuidad de Emma la lleva a creer que tras las metáforas expresivas del amor se encuentra una realidad que intenta reproducir desesperadamente en ella misma.
Pero Flaubert no achaca el problema a la metáfora, de hecho, la defiende abiertament, como creador que es, defiende la metáfora creadora frente a la metáfora gastada. El esfuerzo no es el del sentimiento, que es el que es, sino el de la creación de la expresión. Es a través de esas metáforas como es posible formalizar el sentimiento. Vamos buscando nuestras propias metáforas para encontarnos a nosotros mismos, para encontrar nuestra supuesta esencia, cuando lo que hacemos realmente es construirnos a través de la palabra, darnos nuestra propia forma y sentido. En el lenguaje nos encontramos a nosotros mismos, en nuestra autenticidad o en nuestra falsedad.Lo que el escritor el artista hace es ofrecer nuevas metáforas, no nuevos sentimientos. Hay una carta reveladora de Flaubert a Louise Colet, de 1846, en la que muestra su visión del trabajo literario
... He escrito páginas muy tiernas sin amor, y páginas ardientes sin ningún fuego en la sangre. He imaginado, he recordado, he combinado. Lo que has leído no son recuerdos de nada. 

Aquí defiende Flaubert la "autenticidad" y, a la vez, la "vaciedad" de la metáfora,  expresión del amor sin amor, es aquí en donde debemos encontrar la explicación de la doctrina de la impersonalidad del arte, del distanciamiento, el concepto romántico de la escritura, en su vertiente más tópica, se viene abajo. La metáfora auténtica no es la que tiene un referente real, sino la que consigue su objetivo. No existe falsedad en lo ardiente de la expresión porque no haya nada tras de ella, ella misma es la que ofrece su autenticidad, autenticidad del discurso en sí mismo. La diferencia estriba en el desgaste de las metáforas, el artista, obligado a buscar entre el lenguaje, se lanza a la creación de nuevas formas de expresión. Flaubert no buscaba crear nada,  buscaba la "palabra justa", la palabra ajustada,  correspondencia entre la intención y su expresión. No busca transmitir lo que no siente, sino crear lo que no necesita sentir. El mito del poeta atormentado, del poeta insatisfecho, del sufrimiento como motor de la creación cae en beneficio del artífice, del trabajador de la materia poética, que deja de ser el sentimiento o la realidad material para pasar a ser el lenguaje.
Con Flaubert, el lenguaje deja de ser el medio para pasar a ser el origen y el fin. La realidad es material y lingüística, es dada y recreada. El poeta inventa y, porque inventa, crea, pone en circulación metáforas, formas que es posible amar por ellas mismas y no por lo que supuestamente transmiten.
Nos deja con un problema, el del autoengaño,  el construirnos sobre las palabras que nos ofrecen mayor satisfacción,  quizá nunca mintamos más que cuando nos definimos a nosotros mismos, al definirnos, buscamos aquellas palabras en las que nos acogemos. Nos decimos y, al decirnos, nos limitamos,  nos damos un carácter de entidades cerradas, es decir, presuponemos un "yo" -otra de las grandes palabras de Occidente-, estable, que se define desde una serie de parámetros concretos. Emma Bovary se construyó un ser poetizado, un ser que se definía por su deseo de emulación de esas heroinas literarias que no estaban compuestas más que por palabras. En su autoengaño, Emma se convirtió en un ser vacío, tan vacío como las palabras con las que rellenó su vida. Discursos falsos sólo pueden engendrar falsedades; adherirse a lo falso, a lo gastado, a lo falsamente auténtico, al tópico, equivale a renunciar a la búsqueda de un discurso propio, renunciar a un decirse auténtico. Nosotros no inventamos el lenguaje, tan sólo lo usamos. Pero la palabra permite la búsqueda cuando se aleja del tópico. El tópico, ese discurso predefinido, no sólo no nos revela, sino que nos encubre. Nos da una solución prestada a nuestra definición. La lucha con las palabras es dura. Las expresiones "me faltan palabras para decir..." o "no puedo decirlo con claridad..." presuponen la existencia de algo que no logra transpasar su condición de idea o sentimiento para poder tomar cuerpo en el discurso. Lo "inefable", lo "indescriptible", adquiere un estatus superior a lo que sí puede ser dicho. Así, hablamos de una "belleza indescriptible", de un "sentimiento que no puede ser encerrado en palabras", etc. Todas estas expresiones parecen señalar que "lo que se quiere decir" es superior a "lo que puede ser dicho", que "las palabras no hacen justicia", "se quedan cortas", como se suele decir.La expresión contraria, "eso son sólo palabras" manifiesta la vaciedad del discurso. Es el camino que escoge Flaubert, porque ¿qué es la literatura sino "sólo palabras"? palabras que buscan alcanzar su belleza en un discurso cuyo fin es la belleza misma, la palabra literaria es la estilización de los múltiples discursos, las palabras de Emma son falsedades, el discurso que acoge las palabras de Emma, en cambio, puede ser verdadero porque su finalidad es otra, las palabras son las mismas, pero cambia su finalidad porque cambia su contexto y su intención. Flaubert se planteó el gran reto de querer construir un texto literario con seres vulgares que decían discursos vulgares y falsos, queriendo destruir una literatura que se basaba en la autenticidad de las afirmaciones , la literatura que había seducido a Emma, Flaubert intentó reproducir fielmente esa vaciedad, ¿por qué puede ser una obra maestra un texto lleno de palabras vacías, de diálogos triviales, de seres falsos? Sí y precisamente porque es ahí donde está el valor revelador del auténtico arte. ¿Cómo se puede "escribir bien lo mediocre", se pregunta Flaubert? ¿Cómo escribirlo bien sin modificarlo, sin que deje de mostrarse total y absolutamente mediocre y falso? la obra de Flaubert es arte porque revela en sus páginas la misma vaciedad que reproduce, no la la oculta, no la disfraza.logra el equilibrio perfecto entre los discursos recogidos y su reproducción estética. Lo que sonaría a nuestros oídos en la vida real como pura palabrería, como charla intranscendente, se transforma en discurso literario y alcanza su pleno valor estético.

Nos queda, para terminar, un último punto: la difusión de los tópicos. Flaubert no pudo ni si quiera soñar con el alcance y efecto de los medios de comunicación de los que hoy disponemos. Milan Kundera sí, y se refiere al «irresistible incremento de las ideas preconcebidas que, una vez inscritas en los ordenadores, propagadas por los medios de comunicación, amenazan con transformarse pronto en una fuerza que aplastará cualquier pensamiento original e individual y ahogará así la esencia misma de la cultura europea de la Edad Moderna» (19)

Si el descubrimiento de Flaubert es correcto -el que la necedad tiene su camino paralelo junto al conocimiento-, los medios de los que hoy se dispone permitirían que los tópicos se instauraran con mayor rapidez. Es decir, al igual que hoy los conocimientos se pueden comunicar masivamente, también, por los mismos medios, se puede canalizar el no-pensamiento.

Hemos afirmado anteriormente que el mundo puede ser entendido como un complejo tejido de discursos diversos que luchan por imponerse. No es un problema de competencia entre ellos, es un problema de imponer una forma de relacionarse con lo que nos rodea, es decir, de imponer uno de ellos como verdad. El sentido crítico de Flaubert le permitió reconocer el tópico bajo la apariencia de esa verdad.

Si algo podemos aprender de Gustave Flaubert es a recelar de los discursos, a recelar de lo que parece ser verdad, y, sobre todo, a recelar de lo evidente. Las cosas suelen ser fáciles de explicar cuando la explicación es fácil, pero en el tejido de lo obvio siempre hay fisuras que, si se logran agrandar, permiten el paso de la luz. Flaubert reflejó lo que oía, pero nos hizo percibirlo a través de un nuevo cristal que eliminaba las imperfecciones de los anteriores. Su mirada -y con ella la nuestra- saltó por encima de los prejuicios, de los tópicos, de todo aquello que hacía que el pensamiento no fuera libre en su avance. El consejo que le dio a Guy de Maupassant es válido para todo aquel que cuenta el mundo, literato o informador.

Hay, en todo, algo inexplorado, porque estamos habituados a no servirnos de nuestros ojos, sino con el recuerdo de lo que se ha pensado antes que nosotros sobre aquello que contemplamos. La menor cosa contiene un poco de desconocido, encontrémoslo, para describir un fuego que llamea y un árbol en una llanura, permanezcamos ante ese fuego y ese árbol hasta que no se parezcan ya, para nosotros, a ningún otro árbol y a ningún otro fuego.

Si lo queremos traducir a nuestras circunstancias, diremos,  miremos la realidad con tanta atención que logremos olvidar la costra que formaron las palabras dichas sobre ella,  mirémosla hasta que broten nuevas palabras que nos ayuden a decir cada día el mundo, mirémosla hasta que la verdad que encontremos sea, al menos, la nuestra.
Extracto ensayo de JM Aguirre Romero

sábado, 4 de mayo de 2019

El abuso de la belleza

La belleza no es tan importante para el arte, lo relevante es el significado de la obra
Joven caballero en un paisaje - Carpaccio, Vittore | Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
Carpaccio es un caso un tanto singular dentro de la pintura renacentista italiana del Cinquecento. Se trata de un pintor de origen veneciano, y sin duda comparada con las creaciones de algunos de sus contemporáneos como Leonardo da Vinci o Rafael, el cuadro tiene claras reminiscencias del arte de la Edad Media.

A Durero


La belleza nace de manos artesanas.
Es en sí. No se define por contraste con lo mediocre.
Gusta de la sencillez.
Jamás comulga con profusas celebraciones 
ni persigue ostentosos discursos que la expliquen. 
La belleza no se explica, se siente.
Viaja por tiempo y espacio, de silencio en silencio, 
contenida en esa intimidad que edifica su grandeza,
dejando como único vestigio de su disfrute,
una estela de suspiros y la simiente
que la recreará de otro modo y formas.
La belleza nace en manos artesanas
para habitar tierras indómitas.
Vega Cerezo


En la actualidad la gente ya no da por sentado que el arte actual tiene que ser bello, al inicio del siglo XX la belleza era uno de los propósitos, se trataba de crear un objeto hermoso con el fin de lograr la delectación estética, a principios del siglo XXI nos encontramos en una situación muy distinta, lo bello se fue y nunca más volvió, ya es una opción y no una obligación o una necesidad para el artista el hacer un objeto bello, como consecuencia de esto se sugiere que la opción de hacer algo bello está indicado cuando su ser bello contribuya al significado, a lo que se llama belleza interna. 
Todo empezó con la actitud de los dadaístas que rechazaron la idea de la belleza por no someter su trabajo al gusto de una clase dominante que había llevado a la terrible y traumática carnicería de la Primera Guerra Mundial. 
Así que les llevó a decidir que ellos no proveerían de belleza a una sociedad capaz de una guerra como ésa, y allí surge este grupo de artistas, originales que deciden hacer un arte deliberadamente antiestético. Debieron sentir que hacían algo profundamente significativo al abusar de la belleza, produjeron un trabajo que expresaba su revulsión, su indignación.
Cuando Picasso pintó el Guernica lo hizo como una acusación al Ejército alemán por bombardear esa localidad vasca, quería confrontarlos con una imagen de la atrocidad que habían cometido, un atentado del que ellos eran responsables, quería hacer la antítesis de una obra bella, era capaz de hacer una obra hermosa, pero ya como pintor cubista se había apartado de las apariencias para concentrarse en la estructura interna del mundo, una estructura geométrica, podía ser intelectualmente bella pero no físicamente bella. El arte ha terminado o muerto varias veces a lo largo de la historia, parece algo cíclico, pero tiene que ver con una investigación intelectual colectiva de los artistas interesados en el significado del sentido del arte, eso quiere decir que todas las posibilidades quedan abiertas después del fin del arte, eso es lo bueno,  la belleza es uno de nuestros valores fundamentales, es tan importante para la vida como la bondad y la verdad, pero no creo que la belleza sea tan importante en el arte, lo que importa en el arte es el significado,  sólo tiene un papel si añade algo al significado de la obra y eso sucede usualmente cuando la obra tiene una función extra, además de ser mirada.

La belleza sólo podría volver a ser lo que en arte fue si se produjera una revolución, no sólo en el gusto sino en la vida misma, una revolución política, cuando las mujeres disfruten de igualdad, cuando las razas vivan en paz, cuando la injusticia haya desaparecido de la faz de la tierra…pero  imaginar un mundo sin belleza es como imaginar la vida sin bondad, es algo que nadie querría vivir.

j GoIz
4 mayo2019

viernes, 3 de mayo de 2019

Van Gogh y sus noches...

Vincent no sólo le escribía a su hermano Theo, también se carteó con su hermana Wil y le describió con precisión el cuadro 
Terraza de Café por la noche

"Un café por la noche visto desde fuera. En la terraza están sentadas pequeñas figuras bebiendo. Un enorme farol amarillo ilumina la terraza, la fachada de la casa, la acera, e incluso extiende su resplandor hasta la calle adoquinada que adquiere una tonalidad rosa-violeta. Las fachadas de las otras casas de la calle, que se alarga bajo el cielo estrellado, son azul oscuras o violetas; ante ellas se encuentra un árbol verde. Aquí tienes un cuadro nocturno sin negro, sólo con un bello azul, con violeta y verde; y en este ambiente la plaza iluminada se tiñe de un pálido amarillo azufre y verde limón… Sé que lo normal es sacar un boceto de la noche y luego pintarlo durante el día, pero a mí me gusta hacerlo en el momento… lo malo es que al trabajar así, con lo oscuro que está, puedo confundir los tonos de los colores… pero es la única manera de acabar con las escenas convencionales de nocturnos con sus pobres y cetrinas luces blanquecinas"

.............

Estamos en el mundo, como cosas...
las cosas atraen nuestra mirada 
y nuestra mirada acaricia las cosas,
se amolda a sus contornos, a sus formas ...,

Cuando aprendemos a mirar
la transparencia de la noche,
y a tocar con los ojos la claridad,
la luz se va a iluminar a lo oscuro,
se ausenta sin rencor en el olvido.
j GoIz

Gracias a la abundante correspondencia que mantuvo con su hermano Theo, su
hermana Wil y con su amigo y rival Paul Gauguin, Van Gogh es uno de los 
artistas muertos mejor estudiados en la actualidad. A través de estas cartas no
sólo sabemos que manejaba la prosa con una soltura casi comparable a la que
demostraba con sus pinceles, sino también prácticamente todo acerca de sus
procesos creativos y de sus verdaderas intenciones a la hora de acometer una
obra. Así, tal y como le confesó a su hermana, este cuadro constituye su
segundo intento de plasmar el verdadero color de la noche tras "Noche
estrellada sobre el Ródano", con el que no quedó del todo satisfecho Van
Gogh había observado que los nocturnos clásicos abusaban del negro y de las
tonalidades grises, y eso chocaba con la realidad que él percibía. Para Vincent la
noche resplandecía repleta de colorido, y se mostraba convencido de poder 
reflejar sin necesidad de oscurecer de manera artificial las imágenes diurnas.
En su opinión, el secreto residía en seguir a rajatabla la máxima impresionista
incumplida una y otra vez por parte de la mayoría de los creadores adscritos a
esa corriente que impone pintar los exteriores in situ: las luces del
firmamento no merecen ser reproducidas de memoria. Resulta complicado
verificarlo, pero se supone que fue el primero en intentar tal proeza.Semejante
logro podría parecer una tontería a bote pronto, pero tengamos en cuenta la
dificultad que supone proveerse de una luz que, a la vez que permita realizar el
trabajo y mezclar los colores con fidelidad, no vele o difumina lo que se
pretende captar. Él cómo lo consiguió continůa dentro del terreno del misterio; 
aunque se han propuesto varias teorías, tan alambicadas como agotadoras
el artista, como que iluminaba convenientemente el caballete y después se 
dedicaba a pegarse carreras de ida y vuelta a la oscuridad. En cualquier caso, a la
vista del resultado, parece que el método es lo de menos
"ahí lo tienes"
escribió entusiasmado a wil en su séptima carta de este periodo, un cuadro
nocturno sin una mota de negro, sólo con maravillosos azul, violeta y verde.
Contrariamente a lo que se suele pensar, la localización no corresponde a París,
sino a Arlés, donde Vincent emigró en busca de la tranquilidad e inspiración que
podrían proporcionarle los paisajes provenzales, y también con la esperanza de
reencontrarse con Gauguin, con quien finalmente convivió unos pocos meses infernales 
con los que apunto estuvieron de matarse el uno al otro. 
Se trata del único exterior puramente urbano que Van Gogh pintó durante su estancia en
esa pequeña ciudad, y ello es debido a que, consciente de su debilidad hacia el
alcohol que, por lo que se desprende de los síntomas que él mismo describe
en sus cartas, a sus treinta y dos años ya le había provocado un principio de
cirrosis y una magnífica úlcera, procuraba acercarse lo menos posible a los
lugares que olieran a vino o a absenta. Si en esta ocasión se permitió una
excepción, fue por su deseo de reflejar con fidelidad el ambiente nocturno y
porque sabía que el trabajo le mantendría alejado de la tentación hasta que
cerraran los cafés. No obstante, esa veracidad obsesiva que perseguía en sus
creaciones se limitaba exclusivamente a su pasión por el color, y no dudaba en
trastocar las formas si con ello obtenía el efecto que deseara en cada momento. 
Dado que se sabe que el cuadro fue elaborado a principios de septiembre de
1888 quizá tal día como hoy, se han identificado algunas de las estrellas
figurantes como pertenecientes a la constelación de Acuario,  sin embargo, Van
Gogh modificó ligeramente la posición de los tres astros principales para
alinearlos en una semidiagonal que apunta decidida hacia el foco de la
composición: la terraza. Y se valió del mismo recurso con las canalizaciones, que
en lugar de transcurrir por el centro de la calzada como era habitual,
desaparecen bajo el tablado, convergiendo en el farol del café con la dirección
trazada por los luceros y escondiendo a la atención del espectador distraído la
carroza con aspecto de coche fúnebre que, recubierta de un extraño halo cian,
avanza inexorable desde el fondo de la calle. Resulta obvio que la aparición de
este siniestro vehículo no es casual, ya que ocupa el centro geométrico del
lienzo y, a pesar de que V V G no realiza ni la más mínima mención a
este elemento, casa perfectamente con su afición a completar sus instantáneas
con frutos propios de su imaginación o de su estado de ánimo, que conceden a 
cada una de sus pinturas una suerte de alma individual. Teniendo en cuenta que
sólo desnudaba su interior ante personas extremadamente queridas y a las que
sabía muy preocupadas por su salud, no resulta extraño que un Vincent enfermo
y torturado omitiera explicarles este elemento casi imperceptible; y más si
consideramos que no le quedaban por delante ni dos
 años de vida: en términos existenciales , un periodo de
 tiempo tan breve como lo que tardaria esa carroza oscura en 
alcanzar el punto de vista del pintor
En efecto, Vincent pintó este café de Arlés, situado en la Place du Forum, en el centro de la ciudad. Pero lo pintó a su manera, claro… exagerando la cosa. Sobre todo enfatizando el contraste entre el azul frío de la noche y el amarillo cálido de la lámpara de la terraza del local, creando su propia realidad , y nos la transmitiste, más de un siglo después, para crear nosotros la nuestra, y eso es exactamente para lo que vale el arte.

j GoIz
3 mayo 2019