La poesía se deja sentir en Madrid gracias al emotivo homenaje a Ángel González


Canto a la dignidad humana, sin dioses, sin salvación, pero con la suficiente tozudez para mantenerse en pie por la fuerza enloquecida del desaliento
Áspero mundo
Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo
Solsticios y equinocios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento…
Ángel González, Áspero mundo (1956)

Estamos ante un existencialismo fatalista y un desasosiego sin énfasis dramático, de forma coloquial y transparente
la vida es un devenir trágico, desgaste y arrastre irremisible de las circunstancias abocado a un final de todos conocido
No hay salvación, sólo en nosotros y ni siquiera esto está claro, y sólo nos quedan, eso sí las palabras que son un ancla de salvación estel mar proceloso de la existencia y el amor que es la única fuerza que puede disipar las sombras del vivir,
El Tú esencial es capaz de detener el tiempo en momentos de intensidad mágica, y es el amor una porción de luz que hace cesar ese decurso temporal,
ironía trágica puesto que es precisamente del desasosiego, del fracaso, de la derrota, de donde , vencido y huérfano, se puede sacar fuerza para resistir en la lucha más terrible sin Dios ni nada que dé un sentido a priori a la existencia, tan trágica como acariciada
No faltaron el periodista Juan Cruz, el poeta Joan Margarit, el político Ángel Gabilondo, el escritor Luis García Montero,...tampoco músicos como Pedro Guerra, Marwan, Luis Ramiro, Rozalén y Miguel Ríos..., amigo de fiestas y batallas de González.
Faltó Joaquín Sabina, indispuesto, pero el poeta Benjamín Prado leyó la canción que el de Úbeda dedicó a González, Menos dos alas
Angel González Joaquín Sabina Menos dos alas
Me basta así
es el poema que todos habríamos querido escribir, pero no pudimos, porque Ángel González se nos adelantó Decía Vicente Huidobro en su Arte poética -sin duda su mejor poema, y tal vez el único que el poeta es un pequeño dios Huidobro partía desde un planteamiento muy distinto, el del creacionismo -o cubismo literario, que consistía en la superioridad del mundo literario con respecto al mundo real, y en la posibilidad del poeta de hacer florecer rosas en sus poemas, no digo que este sea el punto de vista del que parte Ángel González, pero desde luego algo de esto tiene
Ángel González y Pedro Guerra Me basta así.
Me basta así
Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta)
Ángel González 1925 2008, poeta a caballo entre una concepción social y un enfoque existencial de la poesía, se le suele incluir en la generación del medio siglo, pero también por su evolución se le encuadra con otros poetas españoles de los años sesenta como Alfonso Costafreda, José A. Goytisolo, Gil de Biedma, Carlos Barral José Caballero Bonald...
No hay comentarios:
Publicar un comentario