viernes, 16 de marzo de 2018

Olvidado por sus hojas



Las hojas viven el tiempo que se le ha concedido y no luchan contra el viento que la arrastra lejos, no hacen daño y finalmente caen para dejar paso a nuevas hojas, así es como debería ser con todos nosotros

La poesía es como un árbol sin hojas que da sombra,
J Gelman

Hojas rojas

La tarde se había puesto triste, 
las nubes cruzaban indiferentes. 
La rafaga de otoño arremolinaba 
en confuso torbellino, 
hojas secas , revueltas a mis pies 
amarillas, pardas, rojas… 
sombrías, sin aroma, sin destino. 

Pobres hojas esparcidas,
esas hojas los anhelos
de la vida simbolizan,
emblemas de sueños
joviales ilusiones y aventuras
que en su aurora, ¡ay! nunca volverán 

El árbol seco en fruto siente,
un pájaro cruza plegando sus alas
hasta sus ramas mustias,
y con su canto alegraba
las horas de su amargura,
secas sus ramas sus promesas,
sufre de pie su condena,
su infierno es de otra índole.

j GoIz


Una ligera brisa, y las hojas remontan el vuelo, planean y hacen tirabuzones, acunadas en hamacas invisibles, al fin, la verdad se hace evidente el otoño pasa, justo a tiempo, con su equipaje de noches frías...y hojas espectaculares, tan hermosas, que pronto dejan de sostenerse ufanas, y se enrollan como puños cerrados antes de caer, algunos animales emigran, hibernan o almacenan comida para pasar ... ¿pero adónde puede ir un árbol? sobrevive desprendiéndose de sus hojas, y las que al final permanecen en su puesto sostenidas apenas por un frágil hilo portador de fluidos, hasta que la clorofila abrevia aparecen manchas amarillas pardas y rojas, el verde oscuro parece permanecer más tiempo en sus venas, dibujandolas y definiéndose, nos sentimos predispuestos a admirar su belleza, por supuesto, al igual que las cosas vivas, indican la muerte y la desintegración, con el paso de los días, se volverán frágiles y, como el cuerpo, volverán a la tierra, son como esperamos que sea nuestro destino, no desvanecernos, sino sólo sublimarse de un estado hermoso a otro..., las hojas pierden su vida verde, pero florecen en colores maravillosos, y la naturaleza se vuelve más sensual, muda y radiante..., basta caminar por un camino entre árboles, y uno olvidará el tiempo perdido en la delicia de los colores, y ellas son recuerdos que desde siempre han ocultado nuestros secretos más incómodos y es que estar aferrados con firmeza al suelo..., amamos ver cosas que vuelan 
globos, pájaros, hojas en otoño..., en fin nos recuerdan que la estación es caprichosa, como lo es el fin de la vida...
paisaje al pastel
 El árbol tiene en el mundo su puesto asegurado, no vaga , en busca de un lugar para morir ....no tiene ninguna preocupación alimenticia o domiciliaria en ellos, ningún entre devorarse, no hay terrores ni carreras dementes, ni crueldades ni quejas ni gritos ni palabras, desde su aparición a la luz, tienen casa propia en la calle, campo o en el camino, sin preocupación alguna por los vecinos, no entran los unos en los otros... muere por desecación y caída al suelo o, más bien, por hundimiento sobre su mismo lugar, raras veces por corrupción...

que sepamos en dónde estamos y qué nos atrapa y casi determina..., y es que el árbol conoce nuestra debilidad, sólo hablamos de lo que sabemos...sólo se puede salir del árbol por los medios del árbol, suu infierno es de otra naturaleza , o tal vez no quede otro medio que nuestra razón de ser volvernos decididamente hacia el mundo y tomar partido por las cosas para realimentarnos en él 

No siempre que leo a Hesse llueve, pero sí que cuando llueve me gusta tener  sus libros cerca..."los árboles me han dado siempre los sermones más profundos”, escribió Hermann Hesse en su obra El Caminante, para escuchar la verdad que irradian los árboles hay que pararse y desentenderse de las prisas , el ruido... captar y comprender los mensajes que propagan, inaudibles para la mayoría de nosotros

j GoIz 

F: F Ponge, H Hesse, el caminante 


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