viernes, 2 de marzo de 2018

el don y la condena de los poetas

Solo se pierde lo que no se ama


Sartre nos convence al inicio de El ser y la nada de que el genio, entendido como una capacidad inagotable que sustenta las creaciones artísticas y se transfiere parcialmente a cada una de ellas sin consumirse, no existe

Verlaine y Rimbaud 

La Encina 

El don de la ebriedad 
III 

La encina, que conserva más un rayo 
de sol que todo un mes de primavera, 
no siente lo espontáneo de su sombra, 
la sencillez del crecimiento; apenas 
si conoce el terreno en que ha brotado.
Con ese viento que en sus ramas deja 
lo que no tiene música, imagina 
para sus sueños una gran meseta. 
Y con qué rapidez se identifica 

con el paisaje, con el alma entera 
de su frondosidad y de mí mismo. 
Llegaría hasta el cielo si no fuera 
porque aún su sazón es la del árbol. 

Días habrá en que llegue. Escucha mientras 
el ruido de los vuelos de las aves, 
el tenue del pardillo, el de ala plena 
de la avutarda, vigilante y claro. 

Así estoy yo. Qué encina, de madera 
más oscura quizá que la del roble, 
levanta mi alegría, tan intensa 
unos momentos antes del crepúsculo 
y tan doblada ahora. Como avena 
que se siembra a voleo y que no importa 
que caiga aquí o allí si cae en tierra, 
va el contenido ardor del pensamiento 
filtrándose en las cosas, entreabriéndolas, 
para dejar su resplandor y luego 
darle una nueva claridad en ellas. 

Y es cierto, pues la encina ¿qué sabría 
de la muerte sin mí? ¿Y acaso es cierta 
su intimidad, su instinto, lo espontáneo 
de su sombra más fiel que nadie? ¿Es cierta 
mi vida así, en sus persistentes hojas 
a medio descifrar la primavera? 

C Rodriguez

Entre poemas 

Una mujer quiso saber 
qué hacen los poetas 
entre poemas. 

Entre pasiones 
y visiones. Le dije 
que entre poemas 
me preparaba para la muerte... 

Jack Gilbert 


Yo digo que hay que ser vidente, hacerse vidente, el poeta se hace vidente por medio de un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos, él busca por sí mismo y agota en sí mismo todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura, todos los venenos, para no quedarse sino con sus quintaesencias, inefable tortura en la que necesita de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana, en la que se convierte, entre todos, en el gran enfermo, el gran criminal, el gran maldito ¡y el supremo sabio! ¡Porque alcanza lo desconocido!, Rimbaud

Enlace,  El don y la condena

y el curioso asunto entre Goethe y Marianne von Willemer

j GoIz

Jack Gilbert Jack Gilbert, La poesía 
Antología poética, Claudio Rodríguez. El don de la ebriedad 
Revista EVDLL, V Moratiel

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