Solo se pierde lo que no se ama
Sartre nos convence al inicio de El ser y la nada de que el genio, entendido como una capacidad inagotable que sustenta las creaciones artísticas y se transfiere parcialmente a cada una de ellas sin consumirse, no existe

Verlaine y Rimbaud
La Encina
El don de la ebriedad
III
La encina, que conserva más un rayo
de sol que todo un mes de primavera,
no siente lo espontáneo de su sombra,
la sencillez del crecimiento; apenas
si conoce el terreno en que ha brotado.
Con ese viento que en sus ramas deja
lo que no tiene música, imagina
para sus sueños una gran meseta.
Y con qué rapidez se identifica
con el paisaje, con el alma entera
de su frondosidad y de mí mismo.
Llegaría hasta el cielo si no fuera
porque aún su sazón es la del árbol.
Días habrá en que llegue. Escucha mientras
el ruido de los vuelos de las aves,
el tenue del pardillo, el de ala plena
de la avutarda, vigilante y claro.
Así estoy yo. Qué encina, de madera
más oscura quizá que la del roble,
levanta mi alegría, tan intensa
unos momentos antes del crepúsculo
y tan doblada ahora. Como avena
que se siembra a voleo y que no importa
que caiga aquí o allí si cae en tierra,
va el contenido ardor del pensamiento
filtrándose en las cosas, entreabriéndolas,
para dejar su resplandor y luego
darle una nueva claridad en ellas.
Y es cierto, pues la encina ¿qué sabría
de la muerte sin mí? ¿Y acaso es cierta
su intimidad, su instinto, lo espontáneo
de su sombra más fiel que nadie? ¿Es cierta
mi vida así, en sus persistentes hojas
a medio descifrar la primavera?
C Rodriguez
Entre poemas
Una mujer quiso saber
qué hacen los poetas
entre poemas.
Entre pasiones
y visiones. Le dije
que entre poemas
me preparaba para la muerte...
Jack Gilbert
Yo digo que hay que ser vidente, hacerse vidente, el poeta se hace vidente por medio de un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos, él busca por sí mismo y agota en sí mismo todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura, todos los venenos, para no quedarse sino con sus quintaesencias, inefable tortura en la que necesita de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana, en la que se convierte, entre todos, en el gran enfermo, el gran criminal, el gran maldito ¡y el supremo sabio! ¡Porque alcanza lo desconocido!, Rimbaud
y el curioso asunto entre Goethe y Marianne von Willemer
j GoIz
Jack Gilbert Jack Gilbert, La poesía
Antología poética, Claudio Rodríguez. El don de la ebriedad
Revista EVDLL, V Moratiel
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