jueves, 29 de marzo de 2018

Aproximación al inconsciente


La conciencia individual está rodeada por los abismos del inconsciente como por un mar amenazador, no está segura ni inspira confianza más que en la apariencia; en realidad, es algo frágil, vacilante sobre su base  Jung
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Dalí

Partamos de un escasamente conocido fragmento de Hermann Hesse, en el que nos propone comparar nuestro ser con un lago de gran profundidad pero de escasa superficie, que se correspondería, en esta analogía, con la conciencia, 

al igual que el lago se compone de agua, nuestro yo o nuestra alma, no importa la palabra, se compone de miles y millones de partes, de un tesoro de posesiones, de recuerdos, de impresiones siempre creciente y cambiante, de todo ello nuestra conciencia solo ve la pequeña superficie, el alma no ve la parte infinitamente más grande de su contenido 
Si echamos un vistazo a los manuscritos berlineses de Arthur Schopenhauer, encontramos un texto redactado en 1829, cuando ya se habían cumplido más de diez años desde la publicación del primer tomo de El mundo como voluntad y representación en el que el filósofo explica que nuestra consciencia es enteramente fragmentaria y que salta a la vista que sólo una parte ridícula de nuestro ser cae bajo nuestra consciencia, permaneciendo el resto en el oscuro trasfondo de lo inconsciente, que acaso constituya lo más peculiar de nuestro ser, de este peculiar ser brotarán, a juicio de Schopenhauer, todas nuestras corazonadas, nuestros presentimientos y, en fin, todas nuestras acciones.

Batalla de los dioses, mitología griega
Por su parte, si inspeccionamos el Capítulo 14 del segundo volumen de El mundo como voluntad y representación, Sobre la asociación de pensamientos,  daremos allí con una expresión el pensador alemán nos habla de oscuras profundidades donde es rumiado el material que recibimos del exterior, cuyo resultado serán nuestros pensamientos conscientes , ya en su vejez, cuando Schopenhauer comenzó a ser leído y alcanzó gran fama, dejó escrito el siguiente texto,
Como nuestro cuerpo en las ropas, está nuestro espíritu encubierto en la mentira. Nuestro hablar y actuar, todo nuestro ser es mentiroso: y sólo a través de esa envoltura se pueden a veces adivinar nuestros verdaderos sentimientos, como a través de las ropas, la forma del cuerpo (Parerga y Paralipómena I, V.).
La conciencia resulta ser para Schopenhauer la mera superficie de nuestro espíritu, de la que no conocemos lo esencial, lo más íntimo, sino sólo la corteza, pues la voluntad es en sí acognoscitiva, se halla privada de conocimiento, así, en sus palabras, los pensamientos claramente conscientes son simplemente la superficie, mientras que por el contrario la masa es lo borroso, el eco de las intuiciones y de la experiencia en general, entremezclado con el propio temple de nuestra voluntad, que es el núcleo de nuestro ser

 ¿Es posible, entonces, adivinar el contenido oculto de la consciencia a partir de lo meramente aparencial, sin el riesgo de dañarnos de manera que nadie pueda ya curarnos
(Schopenhauer como educador? ¿Somos capaces de confesarnos lo indecible, y más aún, de llegar a ponerlo en palabras? 

El problema central en el que nos sumergimos a través de los anteriores textos es el de cuestionar si existe un equilibrio entre lo común  entre el espacio público, digamos, el ágora, , propio de la palabra y de la discusión pública y el régimen privado, el ámbito de lo individua, ahora bien, para estructurar y fraguar una correcta relación entre ambos espacios, es necesario emplear el lenguaje, esa red agujereada y vieja por la que escapan los peces tras quedar atrapados. 
Mucho tiene que ver todo esto con lo que el psicoanálisis denomina acto fallido,  considerados por la mayor parte de nosotros como acciones nimias, sin importancia, pero

¿por qué centra el psicoanálisis su atención sobre ellos?

A juicio de este movimiento, nuestro error consistiría en confundir la importancia de tales actos con su mera apariencia, con su simple manifestación. ¿Cuál es el motivo para que estos fenómenos acontezcan? ¿Por qué se produce un acto fallido?


 Los actos fallidos suelen ir acompañados de otras manifestaciones, o bien se asocian unos con otros, ahora nos preguntamos por el sentido de su aparición, el psicoanálisis pretende ir más allá de las explicaciones meramente físicas y/o fisiológicas , influencia del contexto, influjo de los nervios, etc.
, que considera explicaciones válidas pero en ningún caso suficientes, para los psicoanalistas, el acto fallido posee la estructura de un acto psíquico completo y, además, no es fruto de la casualidad: su significado puede ser indagado –y averiguad,  este tipo de actos esconden una intención que nos cuenta algo del psiquismo del sujeto que lo lleva a cabo , por ejemplo, decir lo contrario de lo que se quería decir o emplear una expresión de sentido antitético, de este modo, el psicoanálisis establece dos momentos en el acto fallido: una intención que se manifiesta y otra que queda latente, sumergida, en definitiva, se da una oposición entre dos tendencias,  la de una idea perturbada y una idea perturbadora, ahora bien, ¿son ambas conscientes? 

El psiquismo es presentado, así, como un campo de batalla, en el que la palabra constituye un simple contendiente que puja por poner en claro nuestro propia conciencia ante nosotros mismos y ante los demás, ¿somos libres, en este sentido, de decir lo que queremos, o más bien somos dichos por estructuras ocultas de las que solo somos responsables parcialmente? 
Arthur Schopenhauer explica a lo largo de toda su obra magna, El mundo como voluntad y representación , leer  con atención, por ejemplo, el Capítulo 19 del volumen segundo que la voluntad considerada en sí es un apremio inconsciente, ciego e irresistible, ella es el corazón mismo de la naturaleza, de todo lo existente
En el texto “Una dificultad del psicoanálisis”, fechado en 1917, leemos, 


sólo una minoría entre los hombres se ha dado claramente cuenta de la importancia decisiva que supone para la ciencia y para la vida la hipótesis de procesos psíquicos inconscientes, pero nos apresuramos a añadir que no ha sido el psicoanálisis el primero en dar este paso, podemos citar como precursores a renombrados filósofos, ante todo a Schopenhauer, el gran pensador cuya “voluntad” inconsciente puede equipararse a los instintos anímicos del psicoanálisis


Salvador Dali (1904 – 1989) – Pintor Espanhol_22
Dalí
Observación

Podemos suponer que la personalidad humana comprende dos cosas, primero, la conciencia y todo cuanto ésta abarca, y segundo, el amplio fondo indeterminablemente grande que constituye la psique inconsciente, la personalidad consciente es definible con menor o mayor claridad, tratándose de la personalidad humana en su conjunto, hemos de reconocer la imposibilidad de una descripción completa, en otros términos: en toda personalidad hay, inevitablemente, algo adicional, ilimitado e indefinible, puesto que la personalidad muestra una parte consciente y observable, pero a fin de explicar determinados hechos nos vemos obligados a postular ciertos factores no contenidos en dicha parte consciente
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j GoIz
29 Marzo 2018

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Fragmentos extraídos "El mundo como voluntad y representación"

C j G Serrano

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