el exilio es 26 Afhit Hernández Villalba la principal causa de su trasfondo ontológico pues “el pasaje a un ambiente totalmente ajeno [Inglaterra, 1937-1940] hizo a Cernuda concentrarse en el análisis de sí mismo para buscar una fe que le sostuviera en circunstancias tan difíciles” (Harris, 1992, 26). De hecho, gran parte de su tono y color literario, un poco extraño en relación a los demás poetas del 27, se debe a ese encuentro y asociación a tradiciones tan ajenas a la española, como la inglesa y la alemana. Ejemplo de ese sentimiento de no pertenencia que se genera en el destierro es el poema “Primavera ajena”. Ahora, al poniente morado de la tarde, en flor ya los magnolios mojados de rocío, pasar aquellas calles, mientras crece la luna por el aire, será soñar despierto. El cielo con su queja harán más vasto bandos de golondrinas; el agua en una fuente librará puramente la honda voz de la tierra; luego el cielo y la tierra quedarán silenciosos. En el rincón de algún compás, a solas con la frente en la mano, un fantasma que vuelve, llorarías pensando cuán bella fue la vida y cuán inútil (Cernuda, 2002, 214).
Esxperiencia del exilio , Luis Cernuda
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.
La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.
Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Auque sólo sea una esperanza
porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.
Esta parte del articulo pretende seguir las huellas del exilio de Luis Cernuda en alguno de los momentos que revelan las características principales en su poesía
la obra de Luis Cernuda se debate entre dos mundos antagónicos, que, en realidad, son los dos planos que forman una sola realidad, el mundo existente, el de unidad fenomenológica, histórica, que es la misma parte de la realidad donde los deseos no son realizados, La realidad, y, por el otro lado, la realidad deseada, esa construcción volitiva y onírica donde el deseo es el núcleo, la idealización personal de un ambiente que se confina, por sí mismo y por definición, a la muerte, el deseo, se ha dicho ya, con justa razón, que Luis Cernuda se sintió exiliado desde joven, que la nación suya en realidad no lo era, que su condición de desencanto del mundo y de homosexual le otorgaron a su vida una circunstancia de isla, sitiándolo inclusive de los poetas de su propia generación Luis Antonio de Villena dice que ... su exilio político de Franco se le volvió mucho más que un mero exilio político, ... acaso, además una suerte de exilio moral, entendido como ese sentimiento juvenil de apertura a nuevos horizontes que asume la disponibilidad ... como una categoría moral antiburguesa y antinormativa Ambas afirmaciones se unifican en un simple silogismo en el que pretendo profundizar, Cernuda buscó un libro único para la vida(La realidad y el deseo, y dicha vida la vivió en el exilio
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
Hablando del exilio político, si el mundo de Cernuda estaba divido en el real, al que “detestaba dulcemente”, y el ideal, al que volteaba a ver por necesidad, es obvio pensar que también su concepción de patria estaría dividida así. La España de Cernuda fue doble: la ideal, España construida por las concepciones de los escritores nacionales; y la real, que odia. “Las playas, palmeras / al rubio sol durmiendo, /los oteros, las vegas / en paz, a solas, lejos” recuerda a la España idealizada. “Contigo solo estaba, / en ti sola creyendo / pensar tu nombre ahora / envenena mis sueños” le reclama a la España real (Cernuda, 2003, 239). Recordemos cómo termina “Díptico español” que se encuentra en Desolación de la quimera, escrito en su totalidad durante el exilio:
La real para ti no es esa España obscena y deprimente en la que regentea hoy la canalla, sino esta España viva y siempre noble que Galdós en sus libros ha creado de aquella nos consuela y cura esta. (Cernuda, 2003, 243)
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
Hablando del exilio político, si el mundo de Cernuda estaba divido en el real, al que “detestaba dulcemente”, y el ideal, al que volteaba a ver por necesidad, es obvio pensar que también su concepción de patria estaría dividida así. La España de Cernuda fue doble: la ideal, España construida por las concepciones de los escritores nacionales; y la real, que odia. “Las playas, palmeras / al rubio sol durmiendo, /los oteros, las vegas / en paz, a solas, lejos” recuerda a la España idealizada. “Contigo solo estaba, / en ti sola creyendo / pensar tu nombre ahora / envenena mis sueños” le reclama a la España real (Cernuda, 2003, 239). Recordemos cómo termina “Díptico español” que se encuentra en Desolación de la quimera, escrito en su totalidad durante el exilio:
La real para ti no es esa España obscena y deprimente en la que regentea hoy la canalla, sino esta España viva y siempre noble que Galdós en sus libros ha creado de aquella nos consuela y cura esta. (Cernuda, 2003, 243)
Cuando se proclama la Segunda República en España (1931), Luis Cernuda se encuentra entre sus partidarios. Como ejemplo, tenemos su participación en la Misiones Pedagógicas y Culturales que organiza el gobierno de la II República desde 1934. Su compromiso político le lleva a afiliarse al Partido Comunista, aunque por breve espacio de tiempo, y también a colaborar en revistas de marcado carácter izquierdista, como es el caso de El Heraldo o la revista Octubre, fundada por Rafael Alberti. En el otoño del 36, cuando las tropas franquistas se acerquen a la capital española, se incorpora a las milicias populares y pasa algún tiempo en la Sierra de Guadarrama luchando en la defensa de Madrid. Unos meses después, se instalará en Valencia, que después de la evacuación de Madrid será la residencia oficial del gobierno republicano; en esta ciudad participa en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas.
Retrato de Cernuda por Gregorio Prieto, pintor que también vivió en el exilio. Londres, 1939
Aunque no compartiera con otros compañeros de generación, como Alberti, el servicio de la poesía a la causa política, la posición de Cernuda respecto al levantamiento franquista y la posterior dictadura militar fueron siempre rotundas
Los primeros catorce años del exilio los pasó en países sajones, primero Gran Bretaña, adonde llegó en la primavera de 1938 y en donde residió hasta 1947, año en que se marchó a EE.UU. Su último destino en el exilio sería México en donde murió en 1963. En primer lugar, el destierro le obligó a buscar una forma de subsistencia económica, que en los primeros meses le produjo gran angustia
La salida la encontró en la docencia. En Gran Bretaña, Cernuda vivirá de su trabajo como profesor en diferentes universidades: Surrey, Glasgow y Cambridge, y finalmente como lector del Instituto Español de Londres. Su vida en Gran Bretaña, aunque le abriera las puertas de los clásicos ingleses y le permitiera descubrir la obra de autores que influirán decisivamente en su obra como T.S. Elliot, acrecentó su aislamiento interior. Así al marcharse de Gran Bretaña escribiría en el trasatlántico que lo llevaba a América
"Nada suyo guardaba aquella tierra
donde existiera. Por el aire,
como error, diez años de la vida
vio en un punto borrarse.
.........................................
(Adiós al fin, tierra como tu gente fría,
donde un error me trajo y otro error me lleva.
Gracias por todo y nada. No volveré a pisarte)."
donde existiera. Por el aire,
como error, diez años de la vida
vio en un punto borrarse.
.........................................
(Adiós al fin, tierra como tu gente fría,
donde un error me trajo y otro error me lleva.
Gracias por todo y nada. No volveré a pisarte)."
(Del poema La partida en Vivir sin estar viviendo, 1944-49)
DONDE HABITE EL OLVIDO
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
Donde habite el olvido.
Su siguiente destino fue Mount Holyoke, en Massachusetts, en cuya universidad trabajó de nuevo como profesor de español hasta 1952. Sin embargo, las visitas estivales que iniciara a México en 1949, se repetirían los años sucesivos, hasta convertirse este país en su residencia definitiva, si bien volvió a EE.UU. para trabajar de 1960 a 1963 en Los Ángeles. Con esta estancia norteamericana se siente todavía menos identificado que con la inglesa
Por otra parte, el destierro originó una nueva temática en su obra: los sentimientos respecto a la patria abandonada. Estos poemas dedicados a España y sus habitantes reflejan el conflictivo amor del poeta por su tierra. Si en los primeros libros del destierro, se aprecia una honda identificación sentimental con la tierra nativa:
"Raíz del tronco verde, ¿quién lo arranca?
Aquel amor primero, ¿quién lo vence?
Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida?,
Tierra nativa, más mía cuanto más lejana."
Aquel amor primero, ¿quién lo vence?
Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida?,
Tierra nativa, más mía cuanto más lejana."
Quisiera estar solo en el sur
Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.
El sur es un desierto que llora mientras canta,
y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos
abriendo un eco débil que vive lentamente.
y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos
abriendo un eco débil que vive lentamente.
En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.
De 1915 a 1931, Gerardo Diego se lanza a la tarea de antologar a los poetas españoles de ese momento y les pide que escriban unos cuantos párrafos donde describan su poética, Cernuda escribe: Luis Cernuda, poesía y exilios 15 En 1932, solicitado, obligado casi por el colector de esta antología, escribí las siguientes líneas: No valía la pena de ir poco a poco olvidando la realidad para que ahora fuese a recordarla, y ante qué gentes. La detesto como detesto todo lo que a ella le pertenece: mis poemas, mi familia, mi país. No sé nada, no quiero nada, no espero nada, y si aún pudiera esperar algo, sólo sería morir allí donde no hubiese penetrado aún esta grotesca civilización que envanece a los hombres. [...] ¿Soy yo mismo quien escribió aquellas antiguas líneas que antes trasladé? Tal vez no; mas siento dentro de mí, imperioso y misterioso, el mismo impulso que me llevó a trazarlas. Pienso hoy que si entonces creía odiar a mis amigos, a mis nulos amigos, es porque les amaba demasiado. Y en cuanto a mí país, no me aqueja tristeza o laxitud que no se aclare al pensar que allá en el sur las olas palpitan al sol sobre las arenas mías, sobre las arenas que sustentan desnudos cuerpos juveniles. Pero el sol, el mar, la juventud, ¿no son los mismos en todo el universo? Entonces yo soy aquél, aquel mismo
Cernuda es un sorteador de la realidad que detesta y lo destierra, es uno de los signos de la no pertenencia. Es verse como se vería el otro; dentro de la “otredad”, el poeta que se rebela se vuelve revelador, pero para esto es necesario salir de la sociedad y contemplarla desde lejos. El estudio crítico que justifica a Poesía del exilio, escrito por el editor, inicia así: “Luis Cernuda desde muy joven se sintió exiliado, no de un país, sino de su familia, del ambiente sevillano, de toda la sociedad, por su condición de homosexual y de poeta, así como por su personalidad insobornable” (Carreira, 2003, 7). Dicha personalidad “insobornable” será evidenciada por todo aquél que lo conoció y escribió sobre él; Gerardo Diego, quien fuera profesor de Cernuda en 1919 en la Universidad de Sevilla,
sus sentimientos hacia España se irán amargando hasta llegar a culminnar en el odio hiriente de su último libro Desolacion de la Quimera (1956-1962), en el cual Cernuda reniega de su condición de español, a la que sólo la lengua no le permite renunciar definitivamente.
Soy español sin ganas
Que vive como puede bien lejos de su tierra
Sin pesar ni nostalgia. He aprendido
El oficio de hombre duramente,
Por eso en él puse mi fe. Tanto que prefiero
No volver a una tierra cuya fe, si una tiene, dejó de ser la mía,
Cuyas maneras rara vez me fueron propias,
Cuyo recuerdo tan hostil se me ha vuelto
Y de la cual ausencia y tiempo me extrañaron."
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