miércoles, 3 de octubre de 2018

Sensualidad y espiritualidad

La espiritualidad de la sensualidad se llama amor, decía Nietzsche Fuente: El crepúsculo de los ídolos
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Siempre y en todas partes salvo en el mundo moderno la sensualidad ha sido una manifestación de lo sagrado Mircea Eliade 

"La sensualidad no vale más que el espíritu, ni lo contrario. Es lo mismo, todo es igual de bueno. Es lo mismo si abrazas a una mujer que si escribes un poema. Si lo principal es el amor, el ardor y conmoverse, da igual si eres monje en el monte Athos o un golfo en París". H H


Los sentidos, la sensación placentera de tocar, oler, gustar, no sólo conectan con la realidad sino que permiten acceder y profundizar en relaciones de intimidad y de conocimiento del otro. 
Articular sensualidad y espiritualidad resultaría para muchos 
un planteamiento absurdo, pues a lo largo de la tradición religiosa 
cristiana han sido aspectos casi irreconciliables, sin embargo, es 
precisamente la espiritualidad un camino clave para despertar los 
sentidos para despertar en nosotros sensibilidad y, asimismo, son los sentidos y la conciencia que tenemos de ser y estar permanentemente en un cuerpo lo que nos puede dar la clave para trascender. Una espiritualidad “encarnada”, nos permite acceder a nuestra propia esencia, a nuestra propia humanidad 
Lorenzo Bernini, escultor del siglo XVII , plasma de una 
manera muy bella la fusión sexualidad-espiritualidad en su obra 
“Miserico Giardia”: Dios es una madre lactante, de pechos rebosantes, abundantes de generosidad y de vida; la escultura refleja la esencia 
del sentido profundo de la sensualidad en diálogo con la espiritua- 
lidad. Lo paradójico es que la obra estuvo cubierta durante 139 años por un corsé de bronce, y creo que en la actualidad también La pregunta sería: ¿cuántos corsés nos toca 
arrancar para que la vida fluya libre y placentera? 
Los místicos manifiestan esta necesidad de amor corporal, amor real a través de la fecundidad de sus versos, es indudable la apropiación del sentir del Cantar de los Cantares que hace Teresa de Ávila 
En la experiencia de deseo, es donde descubrimos la “fuerza de un amor infinito, concretamente cuando vamos más allá de nuestras posibilidades humanas y tomamos conciencia de la presencia del Ser divino. Eso es el amor místico, en el que lo humano y lo divino se encuentran” 
De igual manera enfatiza Panikkar, "pero no cabe duda que el enamoramiento es un acto eminentemente religioso puesto que nos libera del egoísmo, nos acerca al otro, nos perfecciona, en términos teístas nos acerca a Dios, y en general nos abre a lo desconocido, al aspecto numinoso de la existencia, al valor único del ser amado, en una palabra al Misterio. Es el mismo enamoramiento que nos enseña cuán inestable es el equilibrio entre lo espiritual y lo físico, y cómo la armonía se alcanza no reprimiendo ninguna de sus dos dimensiones. Lo erótico y lo sensual, expresados a través de la estética, estimulan no sólo la generación física sino olas imprevisiblemente creativas de renovación espiritual, intelectual y emocional. Eros es también, desde esta perspectiva, compasión, pasión por otro que me invita al compromiso, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Nos desgastamos en tantas cosas vanas y pasajeras cuando lo único que permanece son los momentos significativos con personas concretas, momentos de intimidad, momentos sacramentales. 
Desde luego fue el filósofo alemán Kant quien distingue la sensualidad de la belleza, pues distinguió así las cosas que pueden ser recibidas por los sentidos, que son propias de ellos y que deleitan o placen por igual, de aquellas otras cosas que únicamente se perciben por el intelecto.

Philip Wilson Steer - The Mirror

Estas últimas las del intelecto que perciben belleza serán reelaboradas dentro de un lugar autónomo ¿espíritu? sin condicionamientos materiales intereses, fines, necesidad de ninguna clase, y de esa estética que surgió por entonces siglo XVIII de aquella filosofía racionalista se pudieron distinguir, por ejemplo, el placer estético Sensualidad de la belleza estética Espiritualidad.



Esto vino a situar cada concepto en su lugar y elevar aún más el Arte a una categoría superior a la que tenía, de llevar el Arte a un estatus mayor que cualquier otro motivo o causa de otras posibles sensaciones o experiencias estéticas, esas mismas que los humanos pudieran obtener también, sin embargo, en este mundo tan atrabiliario y desposeído de belleza... Impresiones o experiencias que se pudieran además percibir ante el fragor de otras muchas cosas diversas de la Naturaleza, de elementos de la vida que, por ejemplo, pudiesen ofrecer también armonía, equilibrio, estímulo, arrobamiento, seducción... o belleza.
Es un poco confuso todo esto porque, ¿sentiremos el mismo placer siempre?, o ¿serán placeres distintos los del Arte a los de cualquier otra cosa sensual? Así de confuso fue durante toda la historia..., hasta llegar por fin, como dije, al filósofo alemán Kant en el siglo XVIII. 
Por eso el Renacimiento no pudo antes más que ejercer un revulsivo grandioso a la experiencia mística sensaciones involuntarias frente a lo sobrenatural ante la contemplación de Arte para acceder a la Belleza, y or eso el Barroco utilizó luego el Arte para inspirar sensaciones de identificación ahora muy placentera muy sensuales y terrenales con mensajes espirituales lo que promovió la Contrarreforma católica para endulzar su doctrina y hacerla más accesible. Sin embargo, todo el Arte posterior al filósofo alemán Kant desde el Romanticismo del siglo XIX hasta el Surrealismo y la modernidad actual pudo justificarse con niveles más elevados estéticamente más intelectuales pero, a cambio, menos viscerales menos sensuales sus formas estéticas convencionales; es decir, con los sentidos estéticos ahora menos predispuestos a lo emocional que nace de lo más sensual. Ha sido este un periodo artístico desde el siglo XIX hasta hoy donde más se reelaborarían intelectualmente los conceptos representados, unas ideas que separarían el placer sensitivo de otro tipo de placer ahora, el placer intuitivo, un placer éste más desarrollado intelectualmente, o más sofisticado, para hacer entender al mundo y al hombre. Para comprender ahora la Belleza de otra forma a como antes se hiciera, aislada ahora ya de sus principios originales más clásicos, separada de su sola sensación más sensual. Llevada ahora entonces de ese modo a lo más moral que se pudiera, a lo más histórico, social, psicológico o existencial del mundo.



Giuseppe Cesari (1568-1640) Diana y Acteón


Acteón fue un personaje mitológico malogrado., llevado por su fruición más deseosa y sensual de admirar la belleza desnuda de la diosa romana Diana Artemisa griega, se entregaría a la audaz intención de hacerlo una vez sin rubor, a pesar de profanar así los deseos de la diosa de no ser nunca vista desnuda ante nadie. Al descubrir a Diana en una ocasión así, tan bellamente desnuda, no pudo Acteón ahora más que detenerse, acercarse y mirarla, llevado entonces por una inevitable pulsión despiadada de curiosidad y deseo. Su propia vanidad también contribuiría a querer dejarse él llevar por su deseo, ¿qué belleza no dispone de semejante actitud ante otra? Pero, la diosa Diana no le perdonaría jamás. Lo transformaría añadiéndole una cornamenta propia de los ciervos, esos animales a los que él mismo, como cazador avezado, perseguiría sin descanso. Luego, sus propios perros lo devorarían creyendo que Acteón era una presa más de aquellas que cazaran juntos, tan grandiosa como las que ellos mismos abatieran otras veces.

En esta mitología se refleja ahora la oposición entre la contemplación de la Belleza divina de la mística, de la elevada, de la que lleva al sujeto a querer satisfacer la parte más espiritual de su ser, frente a la materialización de esa Belleza, la de verla claramente ahora y percibirla sensualmente con todo su esplendor. 


Y el Arte la expresa ahora aquí con la desnudez más sensual y voluptuosa que el autor manierista Giuseppe Cesari (1568-1640) lograse en el año 1606 con su obra Diana y Acteón. Es por esto mismo por lo que el Arte es lo único, en este mundo material, que pueda conciliar Belleza sensual y espiritual en una misma representación. Porque no es posible traspasar los elementos sensuales de nuestra naturaleza humana y terrenal y acercarlos así a la divina emoción de lo espiritual. Es imposible. Son esferas diferentes. Únicamente, el Arte es capaz ahora de lograrlo. ¿Y cómo lo hará? Desde sus propias formas estéticas peculiares y ajenas a lo real... Porque la esfera estética (entendida y explicada racionalmente desde el siglo XVIII) no puede ser llevada nunca al ámbito de la realidad. Porque como la imaginación, el ámbito estético es totalmente irreal, no tiene nada que ver con la vida real de los seres terrenales y materiales. Distinto por ejemplo es lo surreal, que es una cosa diferente en el ámbito estético, algo que sí se consiguió sublimar una vez en el Arte, siglos después, con el Surrealismo.
Ante la contemplación de la maravillosa obra del pintor francés Jean-Jacques Henner (1829-1905), Magdalena penitente, podemos ahora acercarnos a la manera en la que el Arte, sólo el Arte, es capaz de entrelazar juntos, en otra esfera distinta, los dos mundos separados y enfrentados sin remedio: el mundo de la sensualidad y el mundo de la espiritualidad. Porque aquí sí que alcanzaremos a vislumbrar, gracias a la genialidad del artista, parte de esa virtualidad estética imposible... Porque aquí es ahora la combinación de intelecto y sentido lo que nos llevará a enjuiciar, sin confusión, error o connotación parcial alguna, lo que la propia representación de la belleza más sensual sea capaz de trasladarnos ahora a otra representación muy diferente... De poder ahora sublimarla, es decir, de poder alcanzar con ella ahora otra belleza diferente. Aunque ahora sea percibido muy levemente eso aquí, muy fugazmente también, con lo que no habrá ya, sin embargo, otra salida más que la suprema virtud de lo inasible, es decir, de lo ahora más trascendente en nuestro mundo, de lo más alejado de él, de lo más misterioso o de lo más emotivo, o de lo imposible...

Ofrezco una pequeña reflexión y síntesis  básica, creo, sobre las relaciones de estas dos dimensiones de nuestras vidas,  la sensualidad y la espiritualidad, intentando no caer y superar la corriente dualista de la tradición cristiana que las ha separado para intentar unirlas de nuevo a partir del descubrimiento de que la espiritualidad de la sexualidad es central en una comprensión holística de la sexualidad.
Quizás a primera vista no parece haber relación entre sensualidad y espiritualidad, sin embargo estos dos conceptos están completamente ligados, se trata de ver la sensualidad de manera integral, no sólo como una experiencia física o emocional pues cada aspecto de la creación, incluyendo la sexualidad, puede ser celebrado y tratado como algo sagrado. El sexo consciente o espiritual es mucho más que quitarse la ropa y friccionar un cuerpo sobre otro cuerpo y saciar el deseo inmediato...cuando dos almas se encuentran finamente entrelazadas en esa zona invisible y silenciosa justo del otro lado del tiempo, justo ahí es donde el amor comienza a germinar, es ahí donde  los amantes se desnudan verdaderamente para sentirse, explorarse, para sanar, para crecer, para despertar juntos, practicar el sexo de una manera consciente es más que quitarse la ropa… es quitarse la piel.
Conclusión,  la espiritualidad vivificada por la sensualidad y la sensualidad trascendida por la espiritualidad nos lleva a pensar lo que significa....supongo.
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Otra fuente: Ensayo
Á M S González
j GoIz
30ct18


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