Ciertos recuerdos son como amigos comunes…desde mi lejanía, en esta tarde quiero vivir y esta es la vida de noble paz, verdad desnuda.. pues la tierra es un refugio , es un pensamiento no la llevamos en oscuros amuletos, ni escribimos arrebatados suspiros sobre ella, no perturba nuestro amargo sueño, ni nos parece el paraíso prometido En nuestra alma no la convertimos en objeto que se compra o se vende...Pero en ella yacemos y somos ella, y por eso, dichosos, la llamamos nuestra
Rosa Bonheur Arando en Nevers 1894 Museo d’Orsay, París artista francesa tan genial, que vestía con ropa de hombre cuando estaba prohibido por las autoridades y pintaba animales como nadie

Boveri

Boveri
A la caída de la tarde, varias parejas de bueyes arrastran con gran esfuerzo los pesados arados que levantan la tierra para airearla, se acercan a nosotros en procesión, formando una diagonal de perspectiva perfecta, iluminados por las tonalidades anaranjadas del sol, donde los los animales, el paisaje y la tierra, maravillosamente pintada, reivindicación de la agricultura y la vida rural, mucho más pura y honesta que la corrupta industrialización
Rosa Bonheur
Hundo mis manos en la tierra
ante la aurora que llega sin esperanza,
Como herramientas del alma,
la honda y hace más honda,
Hasta que enriquece y madura
Como jóvenes de risueñas dentaduras.
Porque allí donde los encinares abundan
rezuman los enjambres su fruto de cera y miel,
donde la azada embravece el surco del lamento,
donde el alcornocal danza de alegría y muerte,
Complace que fuera mi tierra
aunque no quede nada ni nadie en ella.
!Oh Tierra¡ desconocida y olvidada
añeja, virgen de nobleza extrema
añorada en recuerdos de sendas
que hienden barbechos... mesetas,
Donde inmensas hectáreas de encinas
Ondean tan suaves a mí vista
Qué música aquella en mi corazón todo el día,
La oigo en la madrugada y en el crepúsculo
Sopla a menudo en todas nuestra tierra,
El viento ábrego que sacude la colina.
Caminos que suben montes
Atraviesan vastas dehesas
que alimentan sus ovejas y sus bestias,
donde la alondra común esconde su melodía,
pero permanece en el viento su resto cantor,
en el roquedal continúa el eco la sinfonía.
Quisiera andar por sus campos...
ver al águila quieto en el aire claro
trigales dorados movidos por el viento,
arbustos faltos de interés...
obedientes milanos errantes, los mirlos negros...,
Y en el angosto camino que amarillea con el codeso
cayendo en hondonada sobre el barranco
Allí los zarzales llenándose de polvo,
mientras miran los juncos,
testigos en la ribera, y se responde,
el vuelo de las golondrinas en ángulos circulares
Es el mismo atardecer adónde condujo mi niñez
de versos verdaderos y tiempo de regreso...
Con árboles y con pájaros de infancia
gratos recuerdos que sosiegan tu alma
que no es tiempo, que es espacio.
que es ausencia del paisaje perdido...,
Monte bajo donde habitan los lagartos
y sestean las culebras
en solitaria tarde de verano,
al sol que mucho calienta.
Oír cantar al ruiseñor y al jilguero
silbar al tordo, el chirría de la urraca
y ulular de las palomas ...
Tumbarme a la sombra de la mansa encina
que en tardes de sol cobija
cuando el astro indulgente apenas mira,
Silencio apenas roto
por el vuelo desordenado y errático
de alguna mariposa o,
de alguna serenata acompañado
por una orquesta de insectos ...
y en lejanía, en mis sentidos
percibo el agua afónica del aire
entre los Riberos, arroyos crístalinos
entre níveas rocas, que viajan,
carcajean entre las lomas azuladas de las mesetas
Y en donde en jornada ancha de pasión
entre los juncos
el mirlo llena con su canto
el llano y los cerros.
Y un recuerdo espectral que eternamente sigue,
de piedras, el sol de las seis,
la perfecta inmovilidad, el encinar.
Por ahí, estará, sin duda también
el petirrojo y el gorrión,
y el rabilargo, cuyo nido se esconde,
En la línea comba de las últimas riberas,
los ojos amarillos del búho real,
la masa de las retamas, el agua estancada...
Ramas secas...Tras un vencido sol de baja altura
tras caminar por veredas soterradas
como un destello de infinita calma,
Cruzan aves aisladas el espacio de color indeciso y,
allá al final, algunos caminantes pausados
se dejan agostar por la distancia,
Entonces el paisaje parece un tapiz
misterioso y oscuro.
A lo largo la noche rojiza,
Ha labrado el sublime silencio.
Sólo vibra el cántico del grillo,
que aumenta sus ardores,
y parece, enfrascada en sueño dulce,
el címbalo sónico de la cigarra,
De caja con aire de resonancia
vibra hasta dejar su abdomen reseco
entre las ramas de las escobas y matorrales
De ella, que posa en silencio compacto,
siente todo el peso tórrido del azul áureo
sobre una rama siente la vida y la muerte,
Estrella sonora de los campos dormidos,
vieja amiga de las ranas y oscuros grillos.
Tardes para la jara, con su flor blanquísima,
o el escarabajo en el tronco, en la conjetura
que no contiene luz, en luz que agita
la silueta rápida de la abubilla en vuelo
y el color encendido de los abejarucos.
Y en donde acaba la luz, el lugar de la mantis,
su acecho camuflado entre la hierba,
el sitio de la perdiz, de los conejos jóvenes
que ven crecer la muerte en su mirada.
El final del paisaje es la luz habitada
por el tímido sol de esas tardes de Mayo
donde deja su huella caliente la mirada,
En la que pronto cantará secretos
la coguta terronera
en el limpio cristal del horizonte,
Esa luz aún transitada por el buitre,
y de frutos leñosos de los encinares
presagia ya otras tardes en la faz de la roca.
Mí tierra es esa...eterna solidaria y bella
cosida por el sol y lluvias sin límites
al mismo tiempo agreste y fértil
ajena, dura, tuya y mía,
Concierto de matices, campos que fluyen
Como diademas de Montes
de olivares encinas y alcornoques.
Éxtasis de luz transparente
Ondula su techo siempre
donde esponjosa nubes blancas e inmaculado azul
vibran entre las hojas de sus árboles,
Levantan alegría tan intensa
unos momentos antes del crepúsculo
Como el trigo que se siembra a voleo
y que no importa
que caiga aquí o allí si cae en tierra.
Es una tierra en la que las lluvias
de otoño la visten de primavera
Es una tierra la que los inviernos duros
uno se siente feliz en ella
Es una tierra que los vientos ábregos
habitan morando en ella
Y cuando en verano cuaja el sol
Con la brisa rojiza,
las aves surcan por el aire claro
De tanta estrellas blancas
de bóveda azul se Puebla,
en crepúsculo azul naranja se desvanece
todo su esplendor y belleza.
Altares rupestres que hablan de antaño,
que nos cuentan sus grandezas,
Pavorosa de constantes históricas
Son sus hombres que solo hablando
Murmurando su vida, masticando el alma
Son sus poetas que lloran versos infinitos
Son sus pueblos poblados de sudores,
de laboriosas manos de trabajadores
estentóreas sus venas desde las rajadas uñas,
las reviste una piel de invencible corteza,
inagotables y generosas fuentes
de vida, de riqueza y nobleza.
Son héroes, cientos de héroes rompiendo el silencio
Empuñando crucifijos y acaparando tesoros
Son hombres laborando las simientes.
De corazones forjados por el acero en el surco
Donde sus árboles remueven el oxígeno
La cubren las cicatrices de guerreros tristes
y la pueblan los ecos allende los mares
Aires del Oeste, oxidados en medio de nostalgias
Endémico mal sin raíces y enjambres
Mí tierra es esa..., eterna solidaria y bella
Olvidada, nunca fue próspera
por aquellas tierras ajenas
que eran de otros que las tenían de sobras
Soledad alienada se va haciendo vieja
Desprendida siempre cedió a otros
lo que para ella quisiera
Por sus calles hay gentes que vacilan insomnes
comprueban con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados.
Geranios rojos inundan sus patios y vidrieras
y un campanario que decrépita rompe el horizonte.
!Despertad dormidas conciencias¡
Como ella nos quiere y espera
Ninguna fuerza abata tus sueños
Indicados para traducirlo en la esperanza
que nos ofrece el sol portador de todo lo que eres
Nada resulta mas alto, el destino es tierra que anda
j GoIz
Rosa Bonheur
Mi tierra vista por don Miguel de Unamuno
En 1885, MU había escrito que no sabía apreciar la naturaleza más que por la impresión que en él producía, La naturaleza de estas tierras, sin duda, supo valorarla y apreciarla, los que hablan de Extremadura, como si no fuesen más que pelados parameros, desnudos de árboles, abrasados por los soles, y los hielos, áridos y tristes..., no han visto estas tierras sino al correr del tren y muy parcialmente, donde en estas mesetas se yergue una sierra o un monte, tened por seguro que en el seno de ella se esconden valles que superan en verdor, en frescor y en hermosura a los más celebrados del litoral cantábrico, por mi parte prefiero los paisajes serranos de Extremadura, son más serios, más graves, más fragosos, menos de cromo... Están, además, menos profanados por el turismo y por la banal admiración de veraneantes
En 1992, la editorial Incafo publicó el libro titulado Extremadura, una magnífica obra que recoge una selección de textos de Miguel de Unamuno pertenecientes a su literatura de viajes por tierras extremeñas. El libro, prologado por Pedro Laín Entralgo, está ilustrado con una abundante y hermosa colección de fotografías, de temas extremeños, de Juan Antonio Fernández comentadas por él mismo
En estos textos, en prosa y en verso, Unamuno recoge las impresiones de sus viajes por tierras de Extremadura, más concretamente por Guadalupe, La Villoerca, Yuste, Trujillo, Cáceres, Mérida Las Hurdes...
Unamuno era un gran aficionado a viajar, y opinaba que estas tierras estaban por descubrir destacando , en sus escritos, los aspectos que consideró positivos de esta tierra y de sus gentes
Recorriendo Extremadura
Pablo Guerrero Extremadura
Labordeta. Todos repiten lo mismo
Emigrante. Pablo Guerrero
J GoIz
5 julio 2017



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