miércoles, 12 de julio de 2017

La voluntad de la ilusión como condición del existir

Parménides dijo no pensamos lo que no es, nosotros en el otro extremo, decimos, lo que puede ser pensado debe ser ciertamente una ficción, por esto Nietzsche no se cansará de repetir que la apariencia, la ilusión y la ficción no han de ser censuradas


V V Goch
Olvida que hubo la vida, que la vida habrá, olvida...hoy no recuerdo lo que ayer pasó, en la madrugada olvido lo de la tarde anterior pero, ante la muerte, en la hora decisiva, todos los días, y noches nos pasan por la mente, vive aunque sea un cuarto de siglo más, y todo será lo mismo, no hay salida..mas que la máscara de un olvido enquistado
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V V Goch
Qué difícil es caminar entre la gente... 

Qué difícil es caminar entre la gente 
Y simular que no se ha muerto 
Y en este juego de trágica pasión 
Confesar que aún no se ha vivido. 
Y escrutando en la nocturna pesadilla, 
Encontrar el orden como un desordenado torbellino 
Para que en el inexpresivo resplandor del arte 
Descubramos el mortal incendio de la vida.
A Blok
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V V Goch
Nuestro mundo externo es un producto de la fantasía, la creencia en las cosas externas es uno de los errores necesarios de la humanidad, el mundo sensible y perceptible es, en su totalidad, el poema primordial de la humanidad
y el arte, es una especie de culto a lo falso y se basa en la voluntad de ilusión, a este propósito 
¡qué es entonces apariencia , seguramente no lo contrario de ningún Ser real ¡qué puedo yo decir de Ser alguno excepto los meros predicados de su apariencia! ¡Seguramente no una máscara muerta que se puede poner sobre la cara de algún desconocido, y también presumiblemente, volver a quitársela! Apariencia es para Nietzsche lo que actúa y mueve...

Esto queda aclarado pues el carácter erróneo de un concepto no constituye una objeción, porque la cuestión es en qué medida es ventajoso para la vida... en efecto, uno está convencido de que las suposiciones más erróneas son precisamente las más indispensables para nosotros, que sin admitir la validez de la ficción lógica, sin medir la realidad con el mundo inventado de lo incondicionado, lo idéntico en sí mismo, nosotros no podríamos vivir, y que una negación de esa ficción... es equivalente a una negación de la misma vida, pues admitir la falsedad como una condición de la vida implica, ciertamente, una terrible negación de las valoraciones acostumbradas

La ilusión y el el optimismo heredero directo de esta modernidad moribunda terminará, quizá, en un irracionalismo  o no, que ha alcanzado a significar que la vida, la metafísica, el lenguaje, la filosofía y la ciencia no son posibles sin concepciones falsas o imaginarias, sin la aceptación de la fantástica animalidad de nuestra especie, sin el miedo a nuestra esencial capacitación y práctica imaginativa para enfrentar el mundo, nos quedamos reducidos a esclavos de una certeza sonámbula, a una divinización sapiencial, al dominio, despótico, absurdo y sobre todo vacío de un antropocentrismo profunda y paradójicamente enajenador y deshumanizante

Hemos sido recientemente humillados, hemos  sido golpeados por tres grandes humillaciones que explicita muy bien Safranski, la humillación cosmológica, nuestro mundo no es más que una de las innumerables esferas que pueblan el espacio infinito y sobre el que se mueve una capa mohosa de seres que viven y 
conocen, la humillación biológica, el hombre es un animal en el que la inteligencia sirve, exclusivamente para compensar la falta de instintos y la inadecuada adaptación al medio, y la humillación psicológica, nuestro yo consciente no manda en nuestra propia casa

Rehabilitando estas veredas desde Nietzsche nuestras 
circunstancias e inquietudes aparece muy sugerente ahondar en esta intuición esencial referida a la ilusión, y más concretamente a la ilusión como condición y necesidad para el existir, como necesidad biológica, la necesidad de representaciones ilusas e ilusionantes, fantasmagóricas, apariencias que posibilitan la conquista de nuestro existir,  este camino enlaza con cuestiones adheridas al origen 
del filosofar y encuentran la tensión poético filosófica como indagación inevitable 
Y en esta  gran indagación de  arqueología nietzscheana supone acceder hacia el rostro serio y agrio de un olvido enquistado en la vida humana, el conocimiento es desconocimiento, el saber, ignorancia, la arquitectura lingüística conceptual y a su 
vez, la subsiguiente técnicoracional se levantan sobre movedizos cimientos, sobre creencias, sobre poemas, sobre poesía, qué dolor debe sentir al leer esto un matemático, un hombre de ciencia moderno, alérgico a la jovialidad poética y trágica, 
quizá, sin duda, la misma que siente el poeta que participa de la pulsión nietzscheana al ver cómo esos a los que Unamuno llamaba los hidalgos de la razón, no tienen conciencia de la imposibilidad de la vida sin ilusión, de la que se vive, sobre la que se vive

El planteamiento de fondo de la filosofía nietzscheana es evidenciar, reflotar este olvido, no para rasgarnos las vestiduras, las conciencias o las ingentes cantidades de tratados matemáticos sino para, precisamente sabernos mentirosos , para poner encima de la mesa, una vez depuesto el optimismo epistemológico, la false-
dad como condición de la existencia, la necesidad de la metáfora para palpar la realidad
Es éste el gran espanto causado por Nietzsche como continuador de Arthur Schopenhauer, del descrédito irracionalista, decirnos que somos poetas, en la mayoría de los casos malos poetas, que no podemos desmenuzar la esencia del mundo sino 
sólo vivirla a nuestro través, animalidad no diseccionable

Y es que junto a Wilde, Pessoa y Nietzsche fundamentan toda su filosofía en una inversión del platonismo, en un vivir en la ilusión como el ideal, y el pretendiente moderno de la verdad queda reducido a poeta, a un animal que miente, que tiene que mentir biologicamente, que tiene que enmarcarse para decir la verdad existencial, que tiene que asumir necesariamente la ficción para el discurso filosófico, lo mítico , lo poético, la embriaguez del soñar despierto 

 El problema, la cuestión que oculta la mascara del termino mascara es el problema de la relación entre el ser y el parecer, entre esencia y apariencia, esta intuición esencial lo expresa con claridad  en este famoso poema 
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V V Goch
El poeta que sabe mentir 
a sabiendas voluntariamente 
es el único que puede contar la verdad..., Nietzsche

Esta de lleno y  vertebra todo el hacer pessoano, que es un hacer enmascarado, ficcional, que admite que el arte es una forma de mentira que sugiere una verdad, que sabe, como dice el celebérrimo verso, que el poeta es un fingidor, que es necesaria la ilusión para la vida, es más  la vida es la mayor de la ilusiones

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente,
Y, en el dolor que han leído,
a leer sus lectores vienen,
no los dos que él ha tenido,
sino sólo el que no tienen.
Y así en la vida se mete,
distrayendo a la razón,
y gira , el tren de juguete
que se llama corazón.
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V V Goch
La condición de posibilidad de conocer es el  fingir, la mentira platónica y nuestra grandeza reside en la suprema ilusión y la gran mentira, la primera gran mentira es la verdad y el conocimiento, pues conocer se convierte en trabajar con la metáfora favorita de cada uno, esta aceptación es condición esencial de un nuevo filosofar donde como dice Wilde, las verdades de la metafísica son las verdades de las mascaras, todo lo que es profundo ama la mascara y aún más todo espíritu profundo necesita una mascara 
Así que aceptar la ilusión, la mentira como condición de existir es por tanto aceptar la poesía como condición de vida, aceptar la vida como literatura, como ficción sin autor, 
en definitiva fingimos y soñamos para poder vivir y de admitir que la no verdad es la condición de vida 
13 julio 2017
j GoIz


La voluntad de la ilusión en Nietzsche



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