Vincent no sólo le escribía a su hermano Theo, también se carteó con su hermana Wil y le describió con precisión el cuadro
Terraza de Café por la noche

"Un café por la noche visto desde fuera. En la terraza están sentadas pequeñas figuras bebiendo. Un enorme farol amarillo ilumina la terraza, la fachada de la casa, la acera, e incluso extiende su resplandor hasta la calle adoquinada que adquiere una tonalidad rosa-violeta. Las fachadas de las otras casas de la calle, que se alarga bajo el cielo estrellado, son azul oscuras o violetas; ante ellas se encuentra un árbol verde. Aquí tienes un cuadro nocturno sin negro, sólo con un bello azul, con violeta y verde; y en este ambiente la plaza iluminada se tiñe de un pálido amarillo azufre y verde limón… Sé que lo normal es sacar un boceto de la noche y luego pintarlo durante el día, pero a mí me gusta hacerlo en el momento… lo malo es que al trabajar así, con lo oscuro que está, puedo confundir los tonos de los colores… pero es la única manera de acabar con las escenas convencionales de nocturnos con sus pobres y cetrinas luces blanquecinas"
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Estamos en el mundo, como cosas...
las cosas atraen nuestra mirada
y nuestra mirada acaricia las cosas,
se amolda a sus contornos, a sus formas ...,
Cuando aprendemos a mirar
la transparencia de la noche,
y a tocar con los ojos la claridad,
la luz se va a iluminar a lo oscuro,
se ausenta sin rencor en el olvido.
j GoIz
Gracias a la abundante correspondencia que mantuvo con su hermano Theo, su
hermana Wil y con su amigo y rival Paul Gauguin, Van Gogh es uno de los
artistas muertos mejor estudiados en la actualidad. A través de estas cartas no
sólo sabemos que manejaba la prosa con una soltura casi comparable a la que
demostraba con sus pinceles, sino también prácticamente todo acerca de sus
procesos creativos y de sus verdaderas intenciones a la hora de acometer una
obra. Así, tal y como le confesó a su hermana, este cuadro constituye su
segundo intento de plasmar el verdadero color de la noche tras "Noche
estrellada sobre el Ródano", con el que no quedó del todo satisfecho Van
Gogh había observado que los nocturnos clásicos abusaban del negro y de las
tonalidades grises, y eso chocaba con la realidad que él percibía. Para Vincent la
noche resplandecía repleta de colorido, y se mostraba convencido de poder
reflejar sin necesidad de oscurecer de manera artificial las imágenes diurnas.
En su opinión, el secreto residía en seguir a rajatabla la máxima impresionista
incumplida una y otra vez por parte de la mayoría de los creadores adscritos a
esa corriente que impone pintar los exteriores in situ: las luces del
firmamento no merecen ser reproducidas de memoria. Resulta complicado
verificarlo, pero se supone que fue el primero en intentar tal proeza.Semejante
logro podría parecer una tontería a bote pronto, pero tengamos en cuenta la
dificultad que supone proveerse de una luz que, a la vez que permita realizar el
trabajo y mezclar los colores con fidelidad, no vele o difumina lo que se
pretende captar. Él cómo lo consiguió continůa dentro del terreno del misterio;
aunque se han propuesto varias teorías, tan alambicadas como agotadoras
el artista, como que iluminaba convenientemente el caballete y después se
dedicaba a pegarse carreras de ida y vuelta a la oscuridad. En cualquier caso, a la
vista del resultado, parece que el método es lo de menos
"ahí lo tienes"
"ahí lo tienes"
escribió entusiasmado a wil en su séptima carta de este periodo, un cuadro
nocturno sin una mota de negro, sólo con maravillosos azul, violeta y verde.
Contrariamente a lo que se suele pensar, la localización no corresponde a París,
sino a Arlés, donde Vincent emigró en busca de la tranquilidad e inspiración que
podrían proporcionarle los paisajes provenzales, y también con la esperanza de
reencontrarse con Gauguin, con quien finalmente convivió unos pocos meses infernales
con los que apunto estuvieron de matarse el uno al otro.
Se trata del único exterior puramente urbano que Van Gogh pintó durante su estancia en
Se trata del único exterior puramente urbano que Van Gogh pintó durante su estancia en
esa pequeña ciudad, y ello es debido a que, consciente de su debilidad hacia el
alcohol que, por lo que se desprende de los síntomas que él mismo describe
en sus cartas, a sus treinta y dos años ya le había provocado un principio de
cirrosis y una magnífica úlcera, procuraba acercarse lo menos posible a los
lugares que olieran a vino o a absenta. Si en esta ocasión se permitió una
excepción, fue por su deseo de reflejar con fidelidad el ambiente nocturno y
porque sabía que el trabajo le mantendría alejado de la tentación hasta que
cerraran los cafés. No obstante, esa veracidad obsesiva que perseguía en sus
creaciones se limitaba exclusivamente a su pasión por el color, y no dudaba en
trastocar las formas si con ello obtenía el efecto que deseara en cada momento.
Dado que se sabe que el cuadro fue elaborado a principios de septiembre de
1888 quizá tal día como hoy, se han identificado algunas de las estrellas
figurantes como pertenecientes a la constelación de Acuario, sin embargo, Van
Gogh modificó ligeramente la posición de los tres astros principales para
alinearlos en una semidiagonal que apunta decidida hacia el foco de la
composición: la terraza. Y se valió del mismo recurso con las canalizaciones, que
en lugar de transcurrir por el centro de la calzada como era habitual,
desaparecen bajo el tablado, convergiendo en el farol del café con la dirección
trazada por los luceros y escondiendo a la atención del espectador distraído la
carroza con aspecto de coche fúnebre que, recubierta de un extraño halo cian,
avanza inexorable desde el fondo de la calle. Resulta obvio que la aparición de
este siniestro vehículo no es casual, ya que ocupa el centro geométrico del
lienzo y, a pesar de que V V G no realiza ni la más mínima mención a
este elemento, casa perfectamente con su afición a completar sus instantáneas
con frutos propios de su imaginación o de su estado de ánimo, que conceden a
cada una de sus pinturas una suerte de alma individual. Teniendo en cuenta que
sólo desnudaba su interior ante personas extremadamente queridas y a las que
sabía muy preocupadas por su salud, no resulta extraño que un Vincent enfermo
y torturado omitiera explicarles este elemento casi imperceptible; y más si
consideramos que no le quedaban por delante ni dos
años de vida: en términos existenciales , un periodo de
tiempo tan breve como lo que tardaria esa carroza oscura en
alcanzar el punto de vista del pintor
años de vida: en términos existenciales , un periodo de
tiempo tan breve como lo que tardaria esa carroza oscura en
alcanzar el punto de vista del pintor
En efecto, Vincent pintó este café de Arlés, situado en la Place du Forum, en el centro de la ciudad. Pero lo pintó a su manera, claro… exagerando la cosa. Sobre todo enfatizando el contraste entre el azul frío de la noche y el amarillo cálido de la lámpara de la terraza del local, creando su propia realidad , y nos la transmitiste, más de un siglo después, para crear nosotros la nuestra, y eso es exactamente para lo que vale el arte.
j GoIz
3 mayo 2019
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