Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura, porque ésa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Rubén Darío
José de Ribera pintó a Demócrito alegre y optimista
"La risa es de sabios, dijo"
Filósofo presocrático fundador del atomismo.
Respecto a la vida expresa que es un tránsito; el mundo es una sala de espectáculos; el hombre entra en ella, mira y sale"
Crudeza vital
En el aura del atardecer escribo,
con transparencia consciente
sin nadie, con el silencio.
Palabras que se ajusten
al compás de la brisa.
Frente a la ventana escucho
el último gorgeo de algún pájaro.
Mientras en la hilera de abedules grises
arqueados por el dominio de las sombras
ignoran si hay viento, si mueren...
ni siquiera se lo plantean
El aquí y ahora es su eternidad.
En cambio tú sabes, no saber nada
que acabas
sabiendo que no hay regreso
con todo lo que aún no se posee,
cuando cada amanecer
descubres tu vacío a los primeros
rayos del sol.
En el aura de este atardecer
de claridad contenida que alienta
mi poema,
mi poema,
escribo hacia delante,
que la vida obre a su antojo,
como vivo, sin rumbo cierto
hacia el laberinto
de la oculta verdad.
Pues me doy cuenta
el breve tiempo que se tiene
buscando esa palabra
que significa todas las respuestas.
j G

Rubens
A pesar de estar enraizado en la oculta verdad, siempre y en cualquier caso la vida tiene razón
Nuestra preocupación es paradójica de que pronto todo se acaba pero ojalá no porque da miedo sufrir por lo desconocido el miedo viene de ahí de lo desconocido, de donde también viene el sufrimiento y la proximidad de la muerte y el no querer morir por miedo y el querer morir por hastío, y por último la contradicción más clara la duda de no saber a dónde vamos y lo inexplicable de saber de dónde vinimos.

Rubens
Nuestra ilusoria existencia es precisamente dolorosa porque encierra la consciencia de nuestra propia evanescencia y fragilidad, intentamos explicarnos a nosotros mismos el funcionamiento de la vida tal y como se nos presenta luchas, intrigas por doquier, pequeños atisbos de efímera felicidad, ansias de poder, sufrimiento, etc., pero de nuevo te encuentras con el problema del egotismo, de la contemplación constante de nuestro propio ombligo, “todo lo vaciamos en el molde de nuestro espíritu; fuera de ese pequeño molde, no tenemos nada para asir y comprender las cosas que pasan por delante de nosotros”, escribía Baroja en Las inquietudes de Shanti Andía. Impregnado del vitalismo biologicista de Nietzsche, Baroja asegura que “la humanidad se ha separado de la ley natural”, a la que hay que retornar; debemos liberaros de las “leyes y preceptos sociales y religiosos”, que tan solo dificultan la auténtica y posible evolución: “agotar todas las fuerzas vitales” sin renunciar artificialmente a ninguna de ellas, el imperativo del autor vasco es tajante, que los seres humanos “se sientan fuertes, a la conquista de la vida y del mundo”, pues la piedad es buena solo tras haber vencido.Cuando cerca de su final recapacita sobre su vida, la conclusión es elocuente, “deseo precisamente lo que no tengo, y, sin embargo, no hay en mi alma un ideal fijo y claro; siento ansias y anhelos de algo grande, de algo enorme, pero con ellos me moriré, y con ellos me enterrarán; ¿quién sabe?, quizá la muerte, al hacerlos desaparecer, los satisfaga”.
j G
25febrero19
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