viernes, 23 de febrero de 2018

Poética feminista

Mujer fortaleza, carne-piedra 

aquí dentro ya no podréis sitiarme


E Dickinson

Hubo mujeres que apartaron de un manotazo, como se aleja a las moscas de la sopa, a Santo Tomás, a Freud, a Milton y al resto de señores con sombrero para quienes ellas fueron únicamente unos seres delgados, susurrantes Hubo mujeres que, al escribir, borraron, pues sospechaban que sólo en mitad de esa raya con forma de horizonte se abría un punto de fuga diminuto: el único posible. Hubo mujeres que supieron, sin que nadie tuviera que decirlo, que, más allá de los confines de aquella tachadura, el resto era silencio
O C H
E Nolde 

Olalla Castro Hernández. 
La vida en los ramajes.
Devenir

Seguiremos insomnes
viviendo en los ramajes.
Madera que da a luz sólo virutas, 
sin casa, sin puentes, sin iglesia.
Para volver al negro,
al húmedo edén del que salimos.
Aquí, 
colgadas de los árboles,
las máscaras,
al chocar las unas con las otras,
nos susurran en lenguas extranjeras.
Delicioso escuchar 
sin entender ya nada

Colombine

Así termina La vida en los ramajes, el poema que abre y da título al libro con el que Olalla Castro obtuvo el premio Miguel Hernández
Entre ese poema de obertura y el cierre con el Autorretrato final, ya en las Autobiografías apócrifas de la infancia, en las cinco partes del libro habla con su desobediencia resistente la mujer-fortaleza que toma la palabra en uno de los más significativos textos del libr. Y así como García Lorca fundió en una misma vitalidad herida y desobediente a los negros del Bronx y a las mujeres oprimidas de sus dramas mayores, así también Olalla Castro
reúne feminidades y negritudes para que hablen a través de la autora mujeres invisibles como Emily Dickinson, Virginia Woolf Colombine..., representantes de una resistencia femenina que engendra los verbos insurgentes que son la savia poética y las raíces de este árbol. 
Con su palabra reivindicativa, Olalla Castro redefine el amor y los modos del deseo en los textos eróticos en los que la mujer-sujeto rompe los roles tradicionales de la relación amorosa Una actitud que reinterpreta de manera retrospectiva la espera de Penélope, que protagoniza uno de los poemas más potentes del libro,

V W
Homero mintió

No era a tejer y a destejer esperas 
a lo que dedicaba Penélope las noches. 
Dormían sus pretendientes esperando, ávidos, 
ver al fin la mortaja de Laertes, 
mientras ella inventaba sus propias odiseas.
Leía pergaminos
traídos por mar desde otras tierras 
y besaba el único ojo
de sus Cíclopes tiernos. 
En el mar que habitan las sirenas
aprendía uno a uno
los acordes-escudo de sus cantos. 
Penélope a salvo 
de la mirada de ellos,
el bozal en suspenso,
distendida la soga,
deseaba que el viaje durase para siempre.
No era a tejer y a destejer esperas
a lo que dedicaba Penélope las noches.
Ella jamás pensó que Ulises,
al fin,
regresaría.
Olalla Castro Hernández

O C H

Autorretrato final

Huí de aquel lugar donde la infancia 
era la herrumbre de un columpio roto. 
Donde al caer la tarde, distraídos,
los muchachos cazaban lagartijas 
y las chicas plegaban en silencio

La vida en los ramajes, de Olalla C Hernández 

La vida en los ramajes no viene, no sirve para inflar al Otro y que desaparezca el sujeto, sino para subrayar la defensa, la resistencia, en definitiva, la RESPONSABILIDAD del SUJETO: Responsable de sus servidumbre, síntomas y, desde luego, sus modos de goce. 


j GoIz 
23Febrero 2018 


poemas de Olalla Castro Hernández


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