sábado, 24 de febrero de 2018

Cantos de libertad y de melancolía

Un 24 de febrero de 1837 nacía una de las poetas más universales que han dado las letras españolas y gallegas,  Rosalía de Castro. 

Tanto su biografía como versos que compuso son un canto a veces angustioso y triste, a veces exaltado, casi rabioso a la libertad, a la libertad del pueblo oprimido, a la libertad de la mujer recluida a los quehaceres domésticos, a la libertad, en fin, de ser quien uno está llamado a ser...
Nunca rindió sus armas frente a la adversidad frente a las infidelidades del marido, frente a las necesidades económicas cuando debía hacerse cargo de una familia numerosa, frente al desprecio de quienes veían en ella una mujer soberbia con aires de grandeza, frente a los poderes establecidos, frente al machismo imperante, frente a los oligarcas que arrebatan las tierras a quienes las cultivan, y en fin, frente a todo atisbo de injusticia

Y es que, ¿qué le importa el mundo a quien tiene la eternidad?
Resultado de imagen de ria de arousa en pintura
Óleo "La ría de Villagarcía, Sorolla
hizo suyo el nihil novum sub sole del Eclesiastés con versos inmortales, pues

Bien sé que no hay nada 
nuevo bajo este cielo, 
que antes otros pensaron 
las cosas que ahora yo pienso. 
Y bien, ¿para qué escribo? 
Bueno, porque así somos, 
reloj que repetimos 
eternamente lo mismo

sus fuerzas nunca desfallecían, su ahínco siempre se mostraba irreverente, tozudo, dolorosamente suave, como en  estos versos de En las orillas del Sar 

¿Es verdad que todo 
para siempre acabó ya? 
No, no puede acabar lo que es eterno, 
ni puede tener fin la inmensidad 

Fue siempre presa de una endeble salud, aunque su fuerte carácter le hizo recobrar fuerzas ante la adversidad
 Así describía su estado de ánimo
"Muchacha con Atado de Heno" Fernando Alvarez de Sotomayor.
¿Qué tiene?
Siempre un ¡ay¡ plañidero, una duda, 
un deseo, una angustia, un dolor… 
Es unas veces la estrella que brilla, 
es otras tantas un rayo de sol; 
es que las hojas de los árboles caen, 
es que brota en el campo la flor, 
y es el viento que silba; 
y es el frío, es el calor… 
Y no es el viento, no es el sol, ni es el frío; 
no es…, que es tan sólo 
el alma enferma, poeta y sensible, 
que todo la lastima, 
que le duele todo

En su  voz más personal  es fácil reconocer el influjo germanista de l gran poeta  H Heine brevedad, concisión e importancia y supremacía en la escritura de la subjetividad
Imagen relacionada
El yo poético cobra así especial fuerza 

Ninguno tuerce el poder de sus destinos 
infaustos o benignos; 
ni a ninguno le es dado 
renegar de su hado.
Sólo vence quien espera… 
Vuelve a vivir y espera resignado 

Recoge el sentir gallego y nacional de la época, tan impregnado de sincero pesimismo, como un reflejo de la perenne melancolía..., escribe  resignada 

las cosas han de ser como las hacen las circunstancias, y si yo no pude nunca huir de mis tristezas, mis versos menos

pues resulta inútil renegar o intentar huir de la particular oscuridad a la que nos hallamos emplazados en distintos momentos de nuestra vida, oscuridad que narra nuestros más hondos deseos y aspiraciones, pero también las más dolorosas penas y vivencias 

En vano la vista con temor en lo oscuro 
sin cesar vaga; 
uno tras otro, instantes silenciosos 
pasando van, y silenciosos llegan 
otros detrás, en la eternidad cayendo 
cual cae el grano en la moledora piedra, 
sin que el porvenir velado a los mortales ojos 
rompan las pesadas nieblas.

Es que  es esa misma lacra anímica la que, a la vez, nos empuja a persistir en una existencia que en muchas ocasiones parece poner todo en nuestra contra, no podemos luchar contra el omnipotente Destino, que trenza sus lazos con una áspera y resistente soga. 
Siega, 1935. | Galería Montenegro
Como leemos 

vamos en busca de lo nuevo porque no nos ha satisfecho ni llenado lo que hemos ido dejando atrás; porque hay una fuerza interior que nos impele a ir más lejos, siempre más lejos, en busca de aquello a que aspiramos, de nuestra otra mitad, del complemento de nuestro ser”. Pues al fin, con tintes que preconizan a Unamuno, se pregunta Rosalía 

“¿Quién que haya de morir no quiere morir esperando?”.

El tono íntimo y lo desgarrado de sus versos expresan con fuerza la desesperanza que, sin embargo y finalmente, trae esa espera. Rosalía murió rodeada de los suyos, expresando con sus últimas palabras su deseo de ver el mar pues  pensaba que ni siquiera esa muerte, el fin ora temido, ora esperado, podría traer la felicidad o el descanso, pues deja tras de sí un dolor sin igual en quienes aman al que se despide 
Imagen relacionada
Así, escribía

Y para siempre ¡adiós cuanto quería! 
¡Qué terrible abandono! 
Entre cuantos sarcasmos 
hay, ha de haber y hubo, 
no vi ninguno que abata más a los vivos 
que el de la humilde quietud de un cuerpo 
muerto

Imagen relacionada
Ya ni rencor ni desprecio, 
ya ni temor de mudanzas; 
tan sólo una sed…, una sed 
de un no sé qué, que me mata. 
Ríos de la vida, ¿dónde estáis? 
¡Aire!, que el aire me falta. 
-¿Qué ves en ese fondo oscuro? 
¿Qué ves, que tiemblas y callas? 
-¡No veo! Miro, cual mira 
un ciego la luz del sol clara. 
Y voy a caer allí donde 
nunca el que cae se levanta.


Y es que, ¿qué le importa el mundo a quien tiene la eternidad?

Follas novas
Libro de Rosalía de Castro


j GoIz
24 febrero 2018

No hay comentarios:

Publicar un comentario