martes, 6 de agosto de 2019

Percepción divina

La conexión de lo infinito y lo finito es, sin duda, un misterio sagrado, porque esa conexión es la vida misma, Hegel, escritos de juventud.


Cuán viejas y grandes son las estrellas.

Viejo, si bien diminuto, es el corazón,

aunque contiene más que todas aquellas estrellas,

siendo, sin apenas espacio, toda una inmensidad.



F Pessoa, un microcosmos en un macrocosmos



El sentimiento no es la palabra que lo designa, sino sólo su signo, su enunciación, en la que se pierde su contenido, sin embargo, somos animales heridos por la necesidad de comunicar, a quien amamos, el sentir de ese amor, en esta frontera se fragua el intento de eternizarnos


C. Baxter
Bettina Brentano ( von Arnim) , por quien

Beethoven cayó desesperadamente enamorado


Bettina Brentano, novelista y escritora romántica
 alemana, hermana del poeta C.Brentano

No está solo

quien se lanza al mundo,

pero ama y experimenta cosas

que jamás existirán,

[...] quien vuelve eterno todo,

quien percibe lo divino

en el ser más terrenal
Toda una musa de inspiración y del Romanticismo:
"Si te conozco… no sé.
Más doy crédito a tus labios
y me alumbro con tu mente.
Si te conozco… no sé."
Bettina Von Arnim
Pensar y amar son cosas distintas. El pensamiento en sí mismo es inaccesible al amor; engendra el amor y lo gobierna, pero no es el amor, dijo F Hegel
y si los umbrales de la percepción fuesen limpiados todas las cosas parecerían al hombre como son, infinitas,lo dijo W Blake
Bellos párrafos  sobre la materialización de la belleza, sobre la necesidad de tocar lo eterno, los fragmentos de Absoluto con los que damos en el mundo, tan difíciles de encontrar...

Pepita Jiménez, Juan Valera

Y es que lo que llamamos realidad no es independiente del pensamiento


Unas consideraciones sobre la realidad, la finitud y la entelequia del infinito
Para Aristóteles todos los procesos naturales son finitos, pero resulta muy conveniente considerar la infinitud aunque no sea factual para dar una explicación de lo real, nada impide hoy por hoy que la infinitud sea una auténtica realidad física, lo cierto es que el universo infinito y el futuro infinito siguen constituyendo una solución plausible de las ecuaciones de la cosmología, que las observaciones no permiten descartarla y, en resumidas cuentas, que la física actual no permite discernir sobre la finitud o infinitud de nuestro mundo, Shakespeare pensaba que "el hombre podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirse rey de un espacio infinito", y es que resulta paradójico que el ser humano encerrado en su limitado y finito planeta , planeta emplazado por la ciencia en un lugar modestisimo del universo, tenga esta inclinación a especular y a soñar con el infinito, incluso a perseguir pruebas para poder considerarlo como una entidad física real.
A recordar la advertencia de Juan Pablo «si la teología necesita siempre del auxilio de la filosofía, hoy día esta filosofía tendrá que ser antropológica», no es suficiente, 
dar cabida al hombre en la propia especulación filosófica para que ésta pueda cumplir la función de ser auxilio de la teología, es menester, como dice , afrontar el misterio del hombre aceptando «la tensión insuperable entre su finitud y su aspiración ilimitada».

Hegel pretende hacer del infinito la única realidad, y así, de golpe, 
desaparece el problema de la trascendencia, se esfuma por aniquila
ción de la aporía misma, la finitud queda absorbida dentro de la infinitud, como conjunto de momentos por los que el absoluto atraviesa en su necesario despliegue dialéctico, en plena coherencia con sus principios, Hegel cierra el paso a toda antropología del yo singular, el yo queda recogido en la noción hegeliana de Espíritu, la realidad única del absoluto infinito en su fase consciente, «el yo es más que una forma exterior de lo general ... el yo es, pues, la existencia de la universalidad completamente abstracta», lo que cuenta, en suma, es conocer «lo universal del hombre», o sea lo infinito, y no las «existencias accidentales de la espiritualidad

Negada la trascendencia, no le resulta demasiado oneroso al filó-
sofo alemán afrontar lo finito desde lo infinito, para concluir 
instalado en tal perspectiva que aquél no es más que un momento 
en el desarrollo dialéctico de éste. 
A pesar de utilizar un lenguaje sobrecargado de expresiones teoló-
gicas, no pudo evitar Hegel que le llovieran acusaciones de ateísmo. 
Eso de colocar la filosofía más allá de la religión, como expresión 
cumplida del Espíritu absoluto, no dejaba de ser sospechoso
Y es que el tema fundamental de la filosofía de Hegel es lo infinito en su unidad con lo finito, para comprender toda la realidad toda la realidad y cualquier realidad hay que comprenderla en relación con lo Absoluto, para comprender cualquier cosa finita, hay que ponerla en relación con lo infinito, lo verdadero, dice Hegel, no es el resultado sino el todo, aquello que vincula el resultado a su principio o fundamento, panlogismo, todo es lógica, todo se reduce a concepto, el Absoluto, Dios, es la Idea, sí, pero como Vida infinita, como movimiento y devenir sin término, esto plantea algunas aporías, algunos callejones sin salida, algunas contradicciones... ¿podrán todas ellas resolverse dialécticamente? el fondo último de la realidad, de cuanto existe, ¿es él mismo racional? ¿o es irracional? ¿o ninguna de las dos cosas?
Hegel quiere convertir el misterio en algo comprensible, traducirlo a conceptos racionales, la religión encuentra, para él, su sentido en la filosofía, hay algo muy loable en intentar unir el amor y el conocimiento, pero el joven Hegel, el teólogo, ponía el amor por encima del conocimiento, ese amor que hace que nos veamos en el amado, la unión con lo Infinito se producía por vía religiosa y no podía comprenderse, la filosofía no podía realizarla, el Hegel maduro invierte los términos de esta relación, la razón por encima del amor, es la culminación y el agotamiento al mismo tiempo del racionalismo moderno, del pensamiento que define al ser humano como animal racional, pensante.
“La verdadera naturaleza de lo finito escribe Hegel es esta, que es infinito”, ahora bien, lo Absoluto que comprende ambos conceptos, “finito” e “infinito”no es para Hegel una unidad abstracta más allá de todas la limitaciones y allende todo saber, sino la totalidad concreta que se despliega como naturaleza y espíritu, los dos conceptos claves de la filosofía occidental.
Ya vencido el siglo XIX los grandes dominadores de la
escena filosófica occidental seguían empeñados en no mirar al cielo, 
sistemáticamente le venía negado al hombre el que, sin dejar de ser
una singularidad finita, estuviese abierto trascendentalmente a lo
divino, sin embargo, esta situación constituía así lo proclamaban
un logro del progreso, la absoluta confianza iluminista en el hombre
perduraban aún de algún modo, los románticos cubren todavía el
naciente desencanto con los velos del tan augurado progreso de la humanidad.Tampoco Schopenhauer es tan pesimista como algunas vulgarizaciones de su pensamiento nos han hecho creer, el camino místico para alcanzar la infinitud está según él a mano de quien lo quiera seguir, desde luego, la filosofía marxista es progresista, más aún, utópica, promete paraísos irreales, pero sus promesas arrastran a masasde ignorantes que no lo saben.Un brusco frenazo a tanta exaltación del hombre viene de la pluma de Nietzsche, sus feroces diatribas en contra de Hegel y del marxismo destilan buenas dosis de coherencia, si no aceptamos la trascendencia, piensa él con buen tino, no tiene sentido hablar de infinitud alguna, Dios ha muerto, exclama, pero en lugar de Dios muchos se han fijado ídolos a la medida de su zafiedad, divinizado la ciencia, la técnica, el gobierno de la sociedad ... en definitiva divinizan al hombre, de nada vale mundanizar los valores religiosos, es pretensión vana convertir la trascendencia en algo inmanente al hombre, aceptemos, pues, la finitud continúa Nietzsche, pero no resignada mente, como ha pretendido enseñar «la ética de los esclavos» o sea,
la moral cristiana, sino con talante dionisíaco, digamos que sí a la
vida como es, con todos sus límites, sin mediaciones estéticas que
pretendan embellecerla, sin el falso consuelo de un más allá restaurador, hagamos de la finitud el principio, el fin y el medio de todo valor, esta exaltación de los valores de la tierra sin confundirlos con los valores del cielo, esta gozosa exultación en sus propios límites , amor fati, es, precisamente, la enseña que contradistingue al super

hombre, Nietzsche, como se ve, enarbola con decisión la bandera de la finitud humana en contra de las falsas infinitudes hegelianas.



El hombre y la trascendencia , entre la finitud y la infinitud. T. Elvira

El concepto de infinitud en el joven Hegel, M C Paredes El ser humano, infinitud atravesada por la finitud. Franz Hinkelammert



Pinturas: portrait of a heart by christian schloe, monje frente al mar friedrich , charles baxter, caspar david friedrich, edward robert hughes

j GoIz

5 Ag2019


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