domingo, 26 de marzo de 2017

Compromiso político y sentido de la justicia

No ha perdido para nada su vigencia y hoy su poesía es más necesaria que nunca

            

Llamo a los poetas

Entre todos vosotros, con Vicente Aleixandre
y con Pablo Neruda tomo silla en la tierra:
tal vez porque he sentido su corazón cercano
cerca de mí, casi rozando el mío.
Con ellos me he sentido más arraigado y hondo,
y además menos solo. Ya vosotros sabéis
lo solo que yo voy, por qué voy yo tan solo.
Andando voy, tan solos yo y mi sombra.
Alberti, Altolaguirre, Cernuda, Prados, Garfias,
Machado, Juan Ramón, León Felipe, Aparicio,
Oliver, Plaja, hablemos de aquello a que aspiramos:
por lo que enloquecemos lentamente.
Hablemos del trabajo, del amor sobre todo,
donde la telaraña y el alacrán no habitan.
Hoy quiero abandonarme tratando con vosotros
de la buena semilla de la tierra.
Dejemos el museo, la biblioteca, el aula
sin emoción, sin tierra, glacial, para otro tiempo.
Ya sé que en esos sitios tiritará mañana
mi corazón helado en varios tomos.
Quitémonos el pavo real y suficiente,
la palabra con toga, la pantera de acechos.
Vamos a hablar del día, de la emoción del día.
Abandonemos la solemnidad.
Así: sin esa barba postiza, ni esa cita
que la insolencia pone bajo nuestra nariz,
hablaremos unidos, comprendidos, sentados,
de las cosas del mundo frente al hombre.
Así descenderemos de nuestro pedestal,
de nuestra pobre estatua. Y a cantar entraremos
a una bodega, a un pecho, o al fondo de la tierra,
sin el brillo del lente polvoriento.
Ahí está Federico: sentémonos al pie
de su herida, debajo del chorro asesinado,
que quiero contener como si fuera mío,
y salta, y no se acalla entre las fuentes.
Siempre fuimos nosotros sembradores de sangre.
Por eso nos sentimos semejantes del trigo.
No reposamos nunca, y eso es lo que hace el sol,
y la familia del enamorado.
Siendo de esa familia, somos la sal del aire.
Tan sensibles al clima como la misma sal,
una racha de otoño nos deja moribundos
sobre la huella de los sepultados.
Eso sí: somos algo. Nuestros cinco sentido
en todo arraigan, piden posesión y locura.
Agredimos al tiempo con la feliz cigarra,
con el terrestre sueño que alentamos.
Hablemos, Federico, Vicente, Pablo, Antonio,
Luis, Juan Ramón, Emilio, Manolo, Rafael,
Arturo, Pedro, Juan, Antonio, León Felipe.
Hablemos sobre el vino y la cosecha.
Si queréis, nadaremos antes en esa alberca,
en ese mar que anhela transparentar los cuerpos.
Veré si hablamos luego con la verdad del agua,
que aclara el labio de los que han mentido.
Miguel Hernandez


La poesía es un lugar al que aferrarse como uno se aferra  a las mejores sensaciones. Aunque no sepa definirlas.

Foto

El 28 de marzo de 1942 falleció el poeta y dramaturgo español Miguel Hernández, el poeta de la libetad. Adscrito a la Generación del 27, destacó por la hondura y autenticidad de sus versos, reflejo de su compromiso social y político. Hijo de campesinos, desempeñó entre otros oficios, el de pastor de cabras. Guiado por su amigo Ramón Sijé, se inició en la poesía desde los veinte años; publicó su primer libro «¡Perito en lunas en 1933 y posteriormente, los sonetos agrupados en El rayo que no cesa, marcaron la experiencia amorosa del poeta. Durante la guerra civil militó muy activamente en el bando republicano como Comisario de Cultura, siendo encarcelado y condenado a muerte al terminar el conflicto. Antes de morir, enfermo y detenido, publicó su última obra, «¡Cancionero y romancero de ausencias... Nació en Orihuela, Alicante, el 25 de enero de 1882.

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Miguel Hernández (Biografía): 

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Dos poemas:
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Fotografía de Josefina Manresa y Miguel Hernández tomada en Jaén capital en marzo de 1937
Fotografía de Josefina Manresa y Miguel Hernández tomada en Jaén capital en marzo de 1937

Este próximo lunes se fallará, en Orihuela, el Premio Internacional de Poesía que lleva su nombre

El País lanza hoy domingo una colección de poesía con los mejores autores modernos y clásicos. La serie arranca con una antología de Miguel Hernández que conmemora el 75º aniversario de la muerte del autor de Nanas de la cebolla.
Grandes poetas universales, clásicos y modernos. Así, nombres como William Shakespeare, Friedrich Hölderlin, Giacomo Leopardi o Arthur Rimbaud alternarán con los de Rainer Maria Rilke, Constantinos Cavafis, Cesare Pavese, César Vallejo, Anna Ajmátova o Federico García Lorca. De la sensibilidad exquisita de Juan Ramón Jiménez al vigoroso realismo sucio de Charles Bukowski, pasando por la épica democrática de Walt Whitman, todas las sensibilidades tienen cabida en un canon lírico que permitirá disfrutar a cada autor individualmente y, a la vez, rastrear las huellas de la modernidad que conecta a Edgard A. Poe con Charles Baudelaire y a este con Paul Valéry. También será una oportunidad de acudir: ya se trate de los versos de Antonio Machado (cantados por Serrat o Extremoduro) o el propio Miguel Hernández (musicados recientemente por Carmen Linares o Niño de Elche); ya se trate de Emily Dickinson (protagonista del filme Historia de una pasión) o de Mario Benedetti (cuyo romanticismo urbano atraviesa El lado oscuro del corazón)

Nanas de la cebolla Miguel Hernández Joan Manuel Serrat.
"El niño Yuntero" - Joan Manuel Serrat - Miguel Hernández

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