Ciertos recuerdos son como amigos comunes, saben hacer reconciliaciones
M Proust
Iglesia_Pre_restauracion jf GoIz
Pintura mixta con tinta china,acuarela y tiza de la Iglesia de mi pueblo como la recuerdo en la memoria.Luces y sombra se alternan y se incluyen haciendo de la luz camino y reflejo de la construcción plástica.
El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos pues el recuerdo no es tiempo, el recuerdo es espacio. Su lugar es la ausencia de paisajes perdidos, oscurecido azogue que el tiempo araña y unge…Lo que no se convierte en recuerdo, no fué. Forman un gran conjunto de entre todo el bagaje de factores que constituyen nuestro yo, pero no son los únicos
Al Campanario De Mi Pueblo jf GoIz
Por los caminos de mí pueblo, mi corazón se abreva y me asalta siempre la misma imagen.De lejos no es más que una Iglesia, representa y habla por ella misma en la azulada lejanía, y ya visto más de cerca se ve los lomos lanosos de las casas, tal como lienzo de pastora con sus rebaños blancos, por entre grises peñas y al sol de los caminos, esto reviste a la Iglesia para mis ojos de un carácter enteramente distinto, señorea la torre inscribiendo su fisonomía inolvidable en un horizonte donde todavía no asoma haciendo giros en todas direcciones su veleta, que es un gallo de hierro. Por un estrecho camino, que llega a una meseta, asoma únicamente la vasta punta de la torre, que parece una raya en el cielo, cuando me acerco y veo al resto de la torre cuadrada sorprende, junto a ella el tono rojizo y sombrío de la piedra, aquí, de regreso siempre me paro a contemplar el campanario, las ventanas de la torre de dos en dos y una encima de otras, en justa proporción en las distancias, que no solo da belleza y dignidad a los rostros humanos; soltaba, a cada son, dejaba caer a intervalos regulares bandadas de tordos, que durante un instante daban vueltas chillando, como si las viejas piedras que los dejan retozar sin verlos, al parecer se hubieran tornado de pronto inhabitables, y exhalando agitación infinita los hubieran pegado y echado de allí. Y después de haber rayado en todas direcciones el terciopelo morado del aire se calma de pronto y volvían a absorberse a la torre, que de nefasta se había convertido en propicia, y unos cuantos, plantados aquí y allá, parecían inmóviles, cuando estaban , quizás, atrapando a algún insecto, y también cómo no imaginar el ábside semicircular tosco, que carece de toda belleza artística y hasta de inspiración religiosa. Por fuera como el cruce de las calles donde se asienta el ábside estaba más en bajo, su tosco muro se eleva rudo y sobrealzado de aspecto asimétrico con vidrieras en lo alto y sin ningún carácter especialmente eclesiástico, el conjunto semeja muro de cárcel que de Iglesia, a pesar me admiraba de la fuerza con que allí está expresado el sentimiento, y exclamé sin querer ! la Iglesia ¡ conciencia del pueblo, edificio familiar, con sus dos puertas tocaba sin separación alguna con todos los vecinos y que existía entre ella y todos los demás una demarcación que mí alma jamás pudo franquear, cuando a cada son su campana tocaba con el alma. La torre reconocíase desde muy lejos, sin saber porqué los vecinos apreciaban en la ella esa falta de vulgaridad. Muchas veces al pasar por la plaza, de vuelta del campo, mí abuela me hacía pararme para contemplar el campanario. Indudablemente la Iglesia, vista por cualquier camino o calle se distinguía de los demás edificios en que tenía infusa una especie de pensamiento, pero en su campanario es donde parecia tomar conciencia de si misma y afirmar su existencia. Y al mirarlo, al seguir con la vista la inclinación de sus declives, de sus pendientes de piedra que conforme se alzaban iban acercándose como se juntan las manos para rezar, hasta hundir su punta al cielo azul. Exclamé ! Campanario ¡ conciencia del pueblo, que das forma a todos los quehaceres, a todas las perspectivas, a todas horas ! Dios Mío ¡ las nueve, tengo que vestirme para ir a misa ¡ Y antes de salir ya veía yo la luz que iba a tener la plaza, la sombra de las casas, los chillidos de los pájaros, que revoloteaban alrededor. Todo la revestía de inefable carácter.Todas su calles me parecían ordenadas con arreglo al campanario, que surge aquí y allá entre las casas, asomando encima de los tejados .Señorea una parte tan honda de mí vida como el recuerdo del campanario y sus calles. De cualquier forma como se viera, mí corazón te lleva
Por los caminos de mí pueblo, mi corazón se abreva y me asalta siempre la misma imagen.De lejos no es más que una Iglesia, representa y habla por ella misma en la azulada lejanía, y ya visto más de cerca se ve los lomos lanosos de las casas, tal como lienzo de pastora con sus rebaños blancos, por entre grises peñas y al sol de los caminos, esto reviste a la Iglesia para mis ojos de un carácter enteramente distinto, señorea la torre inscribiendo su fisonomía inolvidable en un horizonte donde todavía no asoma haciendo giros en todas direcciones su veleta, que es un gallo de hierro. Por un estrecho camino, que llega a una meseta, asoma únicamente la vasta punta de la torre, que parece una raya en el cielo, cuando me acerco y veo al resto de la torre cuadrada sorprende, junto a ella el tono rojizo y sombrío de la piedra, aquí, de regreso siempre me paro a contemplar el campanario, las ventanas de la torre de dos en dos y una encima de otras, en justa proporción en las distancias, que no solo da belleza y dignidad a los rostros humanos; soltaba, a cada son, dejaba caer a intervalos regulares bandadas de tordos, que durante un instante daban vueltas chillando, como si las viejas piedras que los dejan retozar sin verlos, al parecer se hubieran tornado de pronto inhabitables, y exhalando agitación infinita los hubieran pegado y echado de allí. Y después de haber rayado en todas direcciones el terciopelo morado del aire se calma de pronto y volvían a absorberse a la torre, que de nefasta se había convertido en propicia, y unos cuantos, plantados aquí y allá, parecían inmóviles, cuando estaban , quizás, atrapando a algún insecto, y también cómo no imaginar el ábside semicircular tosco, que carece de toda belleza artística y hasta de inspiración religiosa. Por fuera como el cruce de las calles donde se asienta el ábside estaba más en bajo, su tosco muro se eleva rudo y sobrealzado de aspecto asimétrico con vidrieras en lo alto y sin ningún carácter especialmente eclesiástico, el conjunto semeja muro de cárcel que de Iglesia, a pesar me admiraba de la fuerza con que allí está expresado el sentimiento, y exclamé sin querer ! la Iglesia ¡ conciencia del pueblo, edificio familiar, con sus dos puertas tocaba sin separación alguna con todos los vecinos y que existía entre ella y todos los demás una demarcación que mí alma jamás pudo franquear, cuando a cada son su campana tocaba con el alma. La torre reconocíase desde muy lejos, sin saber porqué los vecinos apreciaban en la ella esa falta de vulgaridad. Muchas veces al pasar por la plaza, de vuelta del campo, mí abuela me hacía pararme para contemplar el campanario. Indudablemente la Iglesia, vista por cualquier camino o calle se distinguía de los demás edificios en que tenía infusa una especie de pensamiento, pero en su campanario es donde parecia tomar conciencia de si misma y afirmar su existencia. Y al mirarlo, al seguir con la vista la inclinación de sus declives, de sus pendientes de piedra que conforme se alzaban iban acercándose como se juntan las manos para rezar, hasta hundir su punta al cielo azul. Exclamé ! Campanario ¡ conciencia del pueblo, que das forma a todos los quehaceres, a todas las perspectivas, a todas horas ! Dios Mío ¡ las nueve, tengo que vestirme para ir a misa ¡ Y antes de salir ya veía yo la luz que iba a tener la plaza, la sombra de las casas, los chillidos de los pájaros, que revoloteaban alrededor. Todo la revestía de inefable carácter.Todas su calles me parecían ordenadas con arreglo al campanario, que surge aquí y allá entre las casas, asomando encima de los tejados .Señorea una parte tan honda de mí vida como el recuerdo del campanario y sus calles. De cualquier forma como se viera, mí corazón te lleva
Caserío_óleo





es magnifica la habilidad de ir tejiendo las letras e ir describiendo escenas tan extraordinarias como cotidianas, que en muchas ocasiones por atender solo una forma de ver o entender dejamos en el olvido la parte complementaria; y tu jf haces respirar en los textos ambos puntos de manera tranquila
ResponderEliminarMuchas gracias Eres muy amable Decia JR Jiménez que cada paisaje se compone de una multitud de elementos esenciales,sin contar con los detalles más insignificantes,que, a veces, son los más significativos, y pino que al igual en el pintor hay dos cosas a tener en cuenta, el ojo y la mente, en una descripción, tambien. Pues cada una de ellas ayuda a la otra. Uno no debe escribir lo que ve, sino lo que será leido Saludos cordiales a la distancia
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