Ahora me siento como el paisaje, puedo ser audaz e incluir todos los tonos de azul y verde: es encantador, es delicioso
Claude Monet
De todos los arroyos visibles e invisibles que descienden de montes y valles hacia el río principal, se unen aún a centenares infinidad de pequeñas fuentes y manantiales de agua, todas diferentes por el aspecto en función del paisaje, dehesas bastas pardas, de las piedras, los zarzales, chaparros, juncos, robles o encinas que las rodean, diferenciándose sus estanques también por la cantidad de sus aguas y por la oscilación de su nivel, según las estaciones del año...Y cuando miro al cielo en la madrugada veo la oscuridad que se fuga y entre hebras de nubes desperezadas se abren paso las mañanas despertando las montañas. Allá en el soto del monte entre tomillos y jaras ya enmudeció el zorzal y es la cojugada la que canta. Cerca muy cerca de ellos un arroyuelo canturrea oculto, entre tamujas y zarzas, va acompañado de encinas que tienen desnudas ramas. Montes, donde brotan alegre el agua. que en su caminar rien mientras se desplazan saltando entre las peñas y amasando sus claras aguas en charcas donde vuelan libélulas y se oye el croar de las ranas, y en los llanos juega la brisa con los azules claros trigales antes de que el sol aplana mientras sus caseríos humildes
al cielo miran con calma (fj GoIz)

Paisaje deseante y deseado de extremos( fj GoIz)
Tierra todo el día alumbrada
Zurcida por el sol sin límites
Campos que son un éxtasis
A la luz transparente
Los límpidos azulados, los verdes matices
Máster en cien lluvias en primavera
Entre montes de robles y encinares
Ondula su techo siempre
Virgen aunque le surquen multitud de aves
No, no quiero nombrarte ni evocaré
linajes, conquistas y heredades
Sólo nombraré mi amor, mi poesía vivida
Porque estos Campos que fluyen
Como diademas de Montes
Me reconocen y me quieren cada vez que a ella vuelvo
El aire corre aquí como linfa cristalina
Y de tan fina y pura el agua se respira
Con calidad la luz vibra entre las ramas de encinas
Cuyos troncos y sus cortezas se complacen en lentos colores y primores.
Sus arroyos rodean la noria de Cupido
Y cuando en verano cuaja el sol
De tanta estrellas blancas de boveda azul se Puebla
Que nunca veremos
Se perdieron, pero nunca, nunca
Lo sabremos
(fj GoIz)


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