Las cosas que se van no vuelven nunca, todo el mundo lo sabe, y entre el claro gentío de los vientos es inútil quejarse
Federico García Lorca
En los atardeceres de los días eternos el tiempo cruza la tierra sola y apoya su voz en el desconsuelo del mundo, nos lleva al sitio en que se borra la memoria y nada pide … sólo la cera del recuerdo formado por la abeja de lo íntimo, la brisa vive, tiembla, se vuelve fría entre rocas incoloras, de grietas indecisas...jG
Andrea Kowch, Gainsborough



No hay comentarios:
Publicar un comentario