El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir y amor es una enfermedad inevitable, dolorosa y fortuita, M Proust

el 21 de septiembre de 1902 nacía en Sevilla uno de nuestros mejores poetas, Luis Cernuda, siempre imprescindible, maravilloso, necesario...admirador de Bécquer, que creó una voz única para la posteridad y toda una escuela de admiradores y seguidores, un poeta, que cautivó el corazón poético de Salinas, el más veterano autor de la generación del 27, que formó parte del legendario grupo, que solo volvió a escribir en una revista española desde el exilio como Cántico, seguramente para homenajear a su compañero, Jorge Guillén, un poeta, cuya elegía a Federico García Lorca fue censurada en sus dos últimas estrofas, un poeta que sufrió el amor en carne y alma, que supo entregarse a los versos y a la pasión, aunque no fuera correspondido en la medida que reclamaba su corazón, sino por el interés que suscita su autoridad como poeta y su generosidad desprendida, un poeta que llorará en sus versos, clamando por el olvido, sin poder asumir del todo el peso de las miradas soberbias, intolerantes y escribirá el poemario, donde habite el olvido, en fin, un poeta que levantó con orgullo la cabeza, desde su exilio, ante la represión que representaba su condición homosexual en la España retrógrada de la posguerra merece este humilde homenaje desde nuestra admiración más profunda, disfrutemos, pues, de algunos de sus versos elegidos al azar que desgranan desgarrados desde su profundo sentimiento
Escribir la eternidad en el tú, en el amor De los más bellos, sin duda, jamás escritos
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
"...Entre los otros y tú, entre el amor y tú, entre la vida y tú, está la soledad. Mas esa soledad, que de todo te separa, no te apena. ¿Por qué habría de apenarte? Poco o mucho, lo que tú seas, a ella se lo debes... fragmento, de Ocnos
"¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.
¿Mi gente?
Mi gente eres tú.
El destierro y la muerte
para mí están adonde
no estés tú.
¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?"
Dos versos con los que vivir, para los que vivir.
Cómo llenarte soledad
sino contigo misma...
Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?..
Luis Cernuda fue un hombre solitario, él mismo reconocerá en varios textos su carácter retraído y difícil que tantos de sus contemporáneos nos retratan, la experiencia de esta soledad vital y el sentimiento de desarraigo frente a un mundo real que no refleja la armonía deseada y soñada por el poeta inspiran gran parte de su obra, la realidad y el deseo es el título que Cernuda dio al conjunto de su obra poética, una distinción que nace de un desencuentro existencial, dos fuerzas que se buscan en sus poemas a través del amor pero que no se encuentran felizmente, porque el tiempo transforma el amor en olvido y dolor, devolviendo al hombre una y otra vez a su aislamiento,
esta soledad, fiel compañera del poeta, le protege del exterior, en su seno se pierde por las ensoñaciones de sus recuerdos, por los paraísos perdidos de la niñez y la belleza juvenil, y contempla el mundo con más calma para crearlo en su poesía. Gracias a la escritura el poeta encuentra un lugar habitable,sin embargo, como señaló Cernuda, su poesía nace de la experiencia, no es un lugar artificial construido en la mente del poeta, "siempre traté de componer mis poemas a partir de un germen inicial de experiencia.", su obra en su conjunto, puede resultar demasiado atormentada, pero es materia de vida hecha carne poética, reflexión sobre la existencia y la condición humana en términos universales, y tiene su lugar especial en el grupo de su generación, como contrapunto al vitalismo desbordado de otros, también la vida, con sus claroscuros, se desliza por sus versos, como esos momentos de felicidad que, aunque fugaces y perecederos, habría para él, y, por encima de todo, la belleza, que, aunque sea efímera, siempre será un goce eterno.
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora:
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios....
Donde habite el olvido (1932-33)
La soledad vital se corresponde con la visión romántica del poeta que tiene Cernuda, como un ser marginal, un vidente que rescata lo invisible y lo profundo ignorado por la mayoría de los hombres y como un faro se lo devuelve en forma de luz guiadora "soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres"
Marginación que el poeta asume y defiende frente a las convenciones sociales, no sólo en su homosexualidad, sino en sus convicciones artísticas y morales, el reducto de un ser íntegro y honesto consigo mismo y sus semejantes
A Federíco García Lorca, fragmento
Así como en la roca nunca vemos
La clara flor abrirse,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida.
Por esto te mataron, porque eras
Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire.
Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano....
Te quiero
Te quiero
Te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.
Y de cómo los versos curan. "En tu hermosa materia".
Un hombre con su amor
Si todo fuera dicho
Y entre tú y yo la cuenta
Se saldara, aún tendría
Con tu cuerpo una deuda.
Pues ¿quién pondría precio
A esta paz, olvidado
En ti, que al fin conocen
Mis labios por tus labios?
En tregua con la vida,
No saber, querer nada,
NI esperar: tu presencia
Y mi amor. Eso basta.
Tú y mi amor, mientras miro
Dormir tu cuerpo cuando
Amanece. Así mira
Un dios lo que ha creado.
Mas mi amor nada puede
Sin que tu cuerpo acceda:
Él sólo informa un mito
En tu hermosa materia.
Vivir sin estar viviendo (1949)
Deseo
Por el campo tranquilo de septiembre,
del álamo amarillo alguna hoja,
como una estrella rota,
girando al suelo viene.
Si así el alma inconsciente,
Señor de las estrellas y las hojas,
fuese, encendida sombra,
de la vida a la muerte.
De la realidad y deseo
El viento y el alma
Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche...
"Difícil de conocer, delicado, pudoroso, guardándose su intimidad para él solo, y para las abejas de su poesía que van y vienen trajinando allí dentro sin querer más jardín haciendo su miel, por dentro, cristal, porque es el más licenciado vidriera de todos, el que más aparta la gente de sí, por temor de que le rompan algo, el más extraño", así definía Pedro Salinas a su colega Luis Cernuda a quien dio clases en la universidad de Sevilla, donde el poeta estudió Derecho y Filosofía y Letras
"De niño, cuando a la noche veías el cielo, cuyas estrellas semejaban miradas amigas llenando la oscuridad de misteriosa simpatía, la vastedad de los espacios no te arredra, sino al contrario, te suspendía en embeleso confiado. Allá entre las constelaciones brillaba la tuya, clara como el agua, luciente como el carbón que es el diamante: la constelación de la soledad, invisible para tantos, evidente y benéfica para algunos, entre los cuales has tenido la suerte de contarte." (De Ocnos)
De Ocnos, especie de autobiografía en prosa poética, y de otras fuentes, se desprende que Cernuda, desde niño, fue tímido e hipersensible, con pocos amigos y con una tendencia a la soledad contemplativa y a la meditación.
El interés de sus primas y hermanas por la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer y el acontecimiento del traslado de los restos del poeta posromántico desde Madrid a Sevilla en 1911 supone para Cernuda, a la temprana edad de nueve años, su primer contacto importante con la poesía.
Cernuda lee a hurtadillas, al parecer, tres tomos de Bécquer que sus primas Luisa y Brígida han prestado a sus hermanas.
Como al resto de sus contemporáneos, le correspondió vivir una época muy dura, con el desgarro de la guerra civil y la herida del exilio, de todas formas, él ya venía predispuesto desde niño, por su peculiar hipersensibilidad, a sufrir más que nadie, sintiéndose distinto y marginado en medio de aquella sociedad, primero tuvo que entablar una guerra consigo mismo, para aceptarse tal como era, él mismo reconocerá en varios textos su carácter retraído y difícil que tantos de sus contemporáneos nos retratan, la experiencia de esta soledad vital y el sentimiento de desarraigo frente a un mundo real que no refleja la armonía deseada y soñada le inspiran gran parte de su obra, "la realidad y el deseo" título que Cernuda dio al conjunto de su obra poética, distinción que nace de un desencuentro existencial, dos fuerzas que se buscan en sus poemas a través del amor pero que no se encuentran felizmente, porque el tiempo transforma el amor en olvido y dolor, devolviendo al hombre una y otra vez a su aislamiento,
soledad, fiel compañera, le protege del exterior, en su seno se pierde por las ensoñaciones de sus recuerdos, por los paraísos perdidos de la niñez y la belleza juvenil, y contempla el mundo con más calma para crearlo en su poesía, gracias a la escritura él encuentra un lugar habitable, sin embargo, su poesía nace de la experiencia, no es un lugar artificial construido en la mente,
" siempre traté de componer mis poemas a partir de un germen inicial de mi experiencia."
nació en Sevilla, el 21 de septiembre de 1902,
es el menor de la familia, pues antes habían nacido sus hermanas Amparo y Ana. Su padre, Bernardo Cernuda Bousa, era natural de Puerto Rico, aunque los abuelos paternos procedían de España. Su madre, Amparo Bidón Cuéllar, era sevillana, con ascendencia francesa por la rama materna.
El padre era militar, del cuerpo de ingenieros, y llegó a alcanzar el grado de coronel. Cernuda se cría en un ambiente pequeñoburgués, tranquilo y a la vez monótono, bajo la actitud castrense y autoritaria del padre, que mantiene en el hogar una rígida disciplina, en el poema La familia, Cernuda califica al padre de taciturno y a la madre de «melancólica
Oh padre taciturno que no le conociste
Oh madre melancólica que no le comprendiste.
Destaca en el mismo poema la incomunicación, pues eran esos Ojos que no miraban los ojos de los otros, pero ése es un duro retrato familiar que Cernuda escribe al cabo de los años, cuando ya está él definitivamente endurecido, y quizá su infancia fue, si no feliz del todo, sí al menos segura y tranquila
es el menor de la familia, pues antes habían nacido sus hermanas Amparo y Ana. Su padre, Bernardo Cernuda Bousa, era natural de Puerto Rico, aunque los abuelos paternos procedían de España. Su madre, Amparo Bidón Cuéllar, era sevillana, con ascendencia francesa por la rama materna.
El padre era militar, del cuerpo de ingenieros, y llegó a alcanzar el grado de coronel. Cernuda se cría en un ambiente pequeñoburgués, tranquilo y a la vez monótono, bajo la actitud castrense y autoritaria del padre, que mantiene en el hogar una rígida disciplina, en el poema La familia, Cernuda califica al padre de taciturno y a la madre de «melancólica
Oh padre taciturno que no le conociste
Oh madre melancólica que no le comprendiste.
Destaca en el mismo poema la incomunicación, pues eran esos Ojos que no miraban los ojos de los otros, pero ése es un duro retrato familiar que Cernuda escribe al cabo de los años, cuando ya está él definitivamente endurecido, y quizá su infancia fue, si no feliz del todo, sí al menos segura y tranquila
Aún Sevilla, su tierra natal no le ha hecho justicia,
sin duda uno de los más grandes poetas de la Generación del 27, tantos años olvidado, o peor, ignorado por muchos, mas no en el corazón y en la memoria de los que amamos su poesía
El día 14 de abril de 1938, Cernuda abandonó España para siempre huyendo de la Guerra Civil, nunca más volvería a ella
“Atrás quedaba tu tierra sangrante y en ruinas. La última estación al otro lado de la frontera, donde te separaste de ella, era sólo un esqueleto de metal retorcido, sin cristales, sin muros un esqueleto desenterrado al que la luz postrera del día abandonaba.
¿Que puede el hombre contra la locura de todos? Y sin volver los ojos ni presentir el futuro, saliste al mundo extraño desde tu tierra en secreto ya extraña.” (LC)
Junto a esas pertenencias, lleva como bien más preciado el manuscrito de varios poemas que serían el germen de uno de sus más grandes libros, “Las nubes”, “Noche de Luna”, “A un poeta muerto” (FGL), “Elegía Española” (I), “Scherzo para un elfo”, “Soñando la muerte”, “Sentimiento de otoño”, “A Larra con unas violetas” (1837-1937) y“Lamento y esperanza”. Son poemas que formarían parte del libro en el que se incluyen textos tan desolados como “Un español habla de su tierra”.
Murió tras sufrir un infarto de miocardio, en su exilio de México, el día 5 de noviembre de 1963, su palabra pervive en nosotros, y muy especialmente aquí, donde habita el recuerdo, pues su poesía es un claro referente para todos aquellos que, de una manera u otra, les piden a las palabras que se queden adheridas al alma.
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