La energía es deleite eterno, escribió Blake
Jan Brueghel the Younger (flamenco, Amberes 1601-1678 Amberes)
La muerte del ego, el descenso al inframundo y las intimaciones de la inmortalidad en los misterios de Eleusis,
ritos de iniciación anuales al culto a las diosas Deméter y Perséfone

Giovanni De Piccoli
Todo yace distante,
y hace mucho que ha acaecido.
Creo que la estrella
que brilla encima de mí
ha estado muerta por miles de años.
Creo que habían lágrimas
y algo terrible se dijo
en el auto que oí pasar.
Un reloj ha dejado de sonar
en la casa del otro lado de la calle…
¿Cuándo comenzó?
Me gustaría salirme de mi corazón
y caminar bajo el enorme cielo.
Me gustaría rezar.
Y seguramente de todas las estrellas que han perecido
hace tanto tiempo,
una sigue existiendo.
Creo que sé
cuál es
aquella que se erige como una ciudad blanca
donde acaba su rayo en el cielo.
Lamento, Rilke
Admitir una actitud natural de celebración de humildad ante la vida misma o de asombro o maravillamiento ante un universo que ciertamente uno no ha creado es la la esencia humana de la espiritualidad más inmediata, accesible a todos, y es en cierta forma de auténtica gratitud por la belleza ,la bondad de la existencia, o la existencia como regalo..., por la belleza del atardecer, por lo que hemos aprendido o por el sólo hecho de ser, etc..., Asimismo, la gratitud como el amor nunca puede ser egoísta, sino de humildad que suponga primero un vaciamiento del ego para poder atender a aquello a lo que se agradece, para poder apreciarlo como tal sin la contaminación del ensimismamiento y el interés personal, y luego otro vaciamiento hacia afuera, habiendo llenado ya la copa del alma de esa belleza y de esa bondad por la cual se agradece, un derramarse de la emoción sincera, un desbordarse en la abundancia de esa misma gracia. Realmente en la gratitud como respuesta natural a la gracia que subyace a la existencia, al eterno deleite de la energía se comprueba la plena infinitud del mundo, la inagotabilidad de la fuente que sustenta. El río regresa al mar infinitamente, como dice la Upanishad
(los más de 200 libros sagrados hinduistas escritos en idioma sánscrito, lengua clásica de la india, entre el siglo VII a. C. y principios del siglo XX d. C. donde se dice que el hombre está conectado con la divinidad y puede llegar a identificarse con él a través del hilo que une este mundo con el otro mundo y con todas las cosas. La salvación consiste en comprender que la realidad eterna es igual al alma, el alma de cada individuo)
" La fuente de todo es una plenitud, todo lo que ha surgido es esa plenitud, de lo pleno lo pleno surge; si se quita lo pleno de lo pleno: lo pleno pleno permanece".
Uno de los más grandes poetas espirituales de la historia, Rainer Maria Rilke, escribió justamente que la razón de ser del poeta su actividad esencial es simplemente alabar celebrar y cantar el hecho de la existencia, ser una especie de mediador entre lo divino y lo humano al hacerse poroso a la totalidad de la existencia. "Deja que todo te suceda a ti: belleza o terror... ningún sentimiento es un error", escribió. El acto en la conciencia de quien percibe el hecho misterioso de que el mundo es, de que ha sido dado, se convierte en una afirmación, en un sí cósmico, en un acto de participación con esa misma creación. El mundo en toda su perfecta e infinita creatividad se completa cuando el poeta lo bebe y canta, cuando el hombre reconoce la gracia de la divinidad.
Alabar, querida mía, seamos generosos con la alabanza.
Nada es nuestro. Posamos nuestras manos delicadamente
en los cuellos de flores intactas.
La canción, como nos la enseñas, no es un aferrarse,
no es un buscar llegar a una conclusión final.
Cantar es ser. Algo natural para un Dios.
¿Pero cuando sólo somos? ¿Cuándo nosotros
nos volvemos uno con la tierra y las estrellas?
Dios nos habla a cada uno de nosotros al crearnos,
y luego camina con nosotros en silencio fuera de la noche.
Pero las palabras, que nos fueron dichas antes del comienzo,
esas palabras son las siguientes:
Impulsado hacia delante por tus sentidos,
ve hasta el límite de tu deseo;
invísteme.
En el fondo de las cosas crece un fuego,
para que sus sombras, alargadas,
me cubran por siempre, completamente..
Deja que todo te ocurra a ti: belleza y terror.
Sólo sigue adelante: ningún sentimiento es un error.
No dejes que te corten de mi fuente.
Cerca está el país
llamado Vida.
Lo reconocerás
por su gravedad.
Dame tu mano.
Citas de Rilke del Libro de las Horas
y de Los Sonetos a Orfeo
Atención Plena y Amor a la Tierra. En el Budismo la gratitud es una forma de expandir la iluminación a todos, es una reverencia profunda la vida y ser agradecidos por todo lo que vivimos en esta vida y en todas las vidas. Actuando así conectamos con el proceso de despertar y encontramos el estado de Paz.
El despertar de la percepción divina en Rilke
Los poemas del Libro de las horas
(poemas “de amor a dios” y por ende a la naturaleza y al universo)
Heidegger dijo de Hölderlin que “era el poeta del poeta”, el hombre que era la más pura encarnación de la poesía. Rilke, quien aprendió de Hölderlin, es el poeta de la poesía, el poeta puro, último avatar de esta tradición de la luz que mantiene la antorcha del fuego palabra, que regresa la poesía a su espíritu original: sintonizar la perpetuidad de la creación divina y alabarla en la palabra.
Rilke dedicó el libro a Lou Andreas Salome, quien fue su amante (y quien también fuera amada por Nietzsche, aunque sin reciprocidad). Fue con ella que conoció Rusia y sus vastos cielos azules y la hermosa fe religiosa de los campesinos. Después de este viaje escribió este libro
Lo que había visto hasta ahora no era más que una imagen de la tierra y el río y el mundo. Aquí, sin embargo, todo es su propio ser. Siento como si hubiera sido testigo de la creación; unas pocas palabras por todas las existencias, las cosas en la medida de Dios, el Padre.
Recordemos que la palabra poiesis significa “creación”. Pero el poeta no crea, es quien percibe la creación. Es quien desarrolla la percepción, el ritmo para sintonizar la creación. Descubre como los místicos que la creación no ocurrió en un ayer remoto sino que es presencia perpetua. Cada instante resume la eternidad, como escribió Simone Weil, siguiendo a su maestro Platón: el grano de mostaza, el instante, la imagen de la eternidad. Pero más aún, que la creación es instaurada a través de la palabra (que es la luz), por lo cual la palabra poética es una recreación, que es más una mirada, una transparencia a la continuidad del acto creativo, una porosidad de lo inmanente a lo trascendente y no una innovación o una gestación individual
En el Libro de las horas presenciamos, somos los invitados, al proceso mismo del nacimiento de la percepción poética, lo que Blake describió como la apertura de las puertas de las percepción la admisión a la realidad y su infinitud. Presenciamos en Rilke el tormentoso nacimiento de la percepción poética, en la cual ya está la voz, como lo está en Dios su verbo, eternamente diciendo.
Rilke siente la dicha de participar en la obra divina, de ser la parte culminante, pues la obra necesita ser percibida para cobrar sentido. En el primer poema del libro habla de un momento en el que la luz se posa sobre él y lo envuelve como un anillo. Todo vibra y ocurre una transformación: puede sentir que participa en la vida y que el mundo es maleable, elástico, translúcido. Como Adán en el Edén, las cosas vienen a él y se revelan, la naturaleza se vuelve responsiva como una novia que se acerca infinitamente; se celebra una especie de hieros gamos entre el poeta y el mundo.
La creación no está completa hasta que no es vista con los ojos del poeta. Es decir, con los ojos mismos del creador. Como escribió Meister Eckhart: los ojos con los que veo a Dios son los ojos con los que Dios me ve a mí. Este es el secreto de todo verdadero poeta, el secreta secretorum, el sine qua non de la poesía. Lo descubre Rilke en su hora, cuando el cielo se inclina hacia él: son los ojos del primer día, los ojos adánicos. El poeta es su mirada, su percepción depurada. Al permitir que la percepción poética se arraigue, el poeta descubre que la creación está ocurriendo en su interior, que el dios oscuro, de las raíces sedientas, está surgiendo y revelándose. Hay temor y silencio, “belleza y terror”, una veneración natural en la que participa, pero no obstante lo que suceda “ningún sentimiento es un error”. Es el poder de un auténtico poeta que nos hace descubrir en sus palabras nuestros sentimientos más profundos y reconciliarnos con ellos a través de la belleza. La palabra como resonancia curativa.
…El parto de la luz en la oscuridad de la tierra. La divinidad se revela a través de lo que podemos sentir, en su más profunda acepción. En un poema Rilke recuerda las palabras dichas por Dios a sus criaturas durante la creación, motivándolos a experimentar el más variado espectro, ir hasta el límite de los sentidos, bebiendo de la fuente inagotable que es la vida misma; un maná, siempre presente. Ninguna sensación o sentimiento es final, nada que podamos sentir es concluyente, pero cada sentimiento contienen la totalidad, cada uno bebe de esta fuente infinita. Y cuando confiamos en esto, entonces Dios camina con nosotros, nos toma de la mano, como se dice que caminó en el Paraíso con el hombre, en el fresco de la mañana, recorriendo su vasta creación y nombrándola.
El poeta es quien siente, es el que aguza los sentidos, el que socava el instante como si contuviera, en su sensación, una perla de gran precio. ¿Pero que es lo que es tan extraordinario de sentir? Todos sentimos, es cierto. Pero el poeta tiene el aliciente y más aún la responsabilidad de sentir no sólo lo que aparece sino la luz en las que las cosas aparecen, el fondo que sostiene toda percepción -donde “un fuego crece cuya sombra cubre el mundo”-. Al sentir el poeta descubre que lo que siente no tiene límites, que es capaz de absorber y abarcar el mundo. Que la abundancia no deja de ser abundante cuando se bebe abundantemente de ella. Podríamos especular que esto implica que la sensación es el porqué del mundo: Dios quiere ser sentido en nosotros, como dice un poema posterior de Rilke. Es sentido en nosotros: nosotros sentimos el mundo y eso que sentimos es Dios, pero Dios es también nuestro sentido: nuestros sentidos y nuestro sendero, un camino hacia sí mismo. Esto lo refleja perfectamente el sánscrito donde el dios Indra y los sentidos (indriya) tienen la misma raíz. En una de las Upanishad se dice que los sentidos son “los sementales de Indra”, los que llevan el carro del Supremo. A través de los sentidos, la divinidad pasea por el mundo y goza de su propia obra. Una obra que no escatima, y su gloria es tanto la belleza como el terror, la luz y la sombra.
Como todos los grandes poetas después del Cantar de los Cantares, Rilke en su último poema nota que el amor promete, en la intensidad de su deleite, la posibilidad de la existencia más allá de la muerte, una especie de fuego que el agua no apaga, un existir ilimitado que es el fruto del acto esencial de la libertad, que es el amor. Al leer la frase “concede la muerte que viene de esa vida en la que conocimos el amor”, me viene a la mente San Juan de la Cruz: “En el atardecer de la vida, seremos examinados en el amor.”
Libro de las horas (1905)
En este momento la hora se inclina y me toca
con su lúcido anillo metálico
mis sentidos vibran. Se forma el sentimiento:
Yo puedo y palpo el día elástico.
Nada estaba completo antes de ser visto por mí,
todo ir y venir ahora yace quieto.
Mis ojos están maduros y todo lo que desean
se acerca como una novia.
Nada es demasiado pequeño: contra un fondo de oro
lo pinto grande y amoroso
y lo sostengo en alto, nunca sabré
de quién es el alma que puede liberar....sigue
j GoIz





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