Decía Jorge Luis Borges que somos nuestra memoria, ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos que dan forma a lo más preciado de la vida: nuestro recuerdos, las cadenas que nos atan o liberan de lo que nos duele, nos vibra, nos mata o os hace avanzar
Eterna cadencia
Los días de niño vuelven a mi ventana.
Llegamos al atardecer a la casa de campo.
Reseco entre prietos plantones
de codesos se divisaba
la excitante copa del pajar
Desde el recodo del atajo. Olía
al verdor del valle y a lumbre,
y al heno de los establos.
Era blanca la luz y en las tejas
quemaba el sol como en una estepa
de sofocante vaho
Me acuerdo de la casa
llena de escuetas galerías y fuera
en la cadencia eterna de la tarde
cuando el sol de la irascible siesta
destellaba el trajinar de lo diario
iban y venían las golondrinas
doblando y redoblando las esquinas
Así era mi todo y la nada, y paralelo
el recuerdo libre de mi infancia
jGoIz

Allí en el absoluto silencio del atardecer, subrayado por el rumor del arroyo, imaginaba la vida misteriosa de las cosas, viendo cómo las horas pasaban inmóviles, envueltas en el aire, tal nube, puras y aéreas, sin pasar
Años de recuerdos y vivencias en que el tiempo no existe.Un dia , unas horas eran entonces la cadencia de eternidad.
Y es que la memoria es un terraplén donde se acumulan todas las zozobras, se convierte, entonces en productora de nuestra identidad y previsora contra los empeñados en hacérnosla perder o en provocar al olvido para que difumine un paisaje neblinoso donde no sea posible el reconocimiento de quiénes somos y además enlaza su final con el principio en un recorrido sin solución de continuidad que nos mantiene alerta no permitiendo la capitulación frente al olvido
Enlace/fjGoIz/
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3julio2018
fj GoIz

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