martes, 3 de julio de 2018

Las horas sin tiempo

Decía Jorge Luis Borges que somos nuestra memoria, ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos que dan forma a lo más preciado de la vida: nuestro recuerdos, las cadenas que nos atan o liberan de lo que nos duele, nos vibra, nos mata o os hace avanzar

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Eterna cadencia



Los días de niño vuelven a mi ventana. 

Llegamos al atardecer a la casa de campo. 
Reseco entre prietos plantones
de codesos se divisaba
la excitante copa del pajar 
Desde el recodo del atajo. Olía 
al verdor del valle y a lumbre, 
y al heno de los establos. 
Era blanca la luz y en las tejas 
quemaba el sol como en una estepa 
de sofocante vaho 
Me acuerdo de la casa 
llena de escuetas galerías y fuera 
en la cadencia eterna de la tarde 
cuando el sol de la irascible siesta 
destellaba el trajinar de lo diario 
iban y venían las golondrinas 
doblando y redoblando las esquinas 
Así era mi todo y la nada, y paralelo 
el recuerdo libre de mi infancia 
jGoIz

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Allí en el absoluto silencio del atardecer, subrayado por el rumor del arroyo, imaginaba la vida misteriosa de las cosas, viendo cómo las horas pasaban inmóviles, envueltas en el aire, tal nube, puras y aéreas, sin pasar

Años de recuerdos y vivencias en que el tiempo no existe.Un dia , unas horas eran entonces la cadencia de eternidad. 

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Y es que la  memoria es un terraplén donde se acumulan todas las zozobras, se convierte, entonces en productora de nuestra identidad y previsora contra los empeñados en hacérnosla perder o en provocar al olvido para que difumine un paisaje neblinoso donde no sea posible el reconocimiento de quiénes somos y además enlaza su final con el principio en un recorrido sin solución de continuidad que nos mantiene alerta no permitiendo la capitulación frente al olvido
Enlace/fjGoIz/

3julio2018

fj GoIz

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