martes, 11 de junio de 2019

Arte y poesía

Juan Ramón Jiménez, el pintor de la palabra y de la verdadera obsesión cromática… Está la tarde limpia como la eternidad… W.Turner, el poeta a quien el arte es más que apariencia


Un dorado despertar de vida...
Puesta del sol


Primavera amarilla

Abril venía, lleno
todo de flores amarillas:
amarillo el arroyo,
amarillo el vallado, la colina,el cementerio de los niños,
el huerto aquel, donde el amor vivía.
El sol ungía de amarillo el mundo,
con sus luces caídas;
¡ay, por los lirios áureos,
el agua de oro, tibia;
las amarillas mariposas
sobre las rosas amarillas!
Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles; ¡el día
era una gracia perfumada de oro,
en un dorado despertar de vida!Entre los huesos de los muertos
abría Dios sus manos amarillas.
De Poemas mágicos y dolientes' (1909) 
Incendio del Parlamento

Convalecencia
Sólo tú me acompañas, sol amigo.
Como un perro de luz, lames mi lecho blanco;
y yo pierdo mi mano por tu pelo de oro,
caída de cansancio.
¡Qué de cosas que fueron
se van… más lejos todavía!
Callo
y sonrío, igual que un niño,
dejándome lamer de ti, sol manso.
…De pronto, sol, te yergues,
fiel guardián de mi fracaso
y, en una algarabía ardiente y loca,
ladras a los fantasmas vanos
que, mudas sombras, me amenazan
desde el desierto del ocaso.
Fuego en el gran almacén de la torre de Londres, estudio 1841


Juan Ramón Jiménez, William Turner, dos grandes, uno de la palabra, el otro de la pintura.
Juan Ramón pinta con palabras dos cuadros, uno maravilloso, de un mundo ideal, pletórico de alegría, todo amarillo, divinizado en un baño de oro, el otro, conmovedor de luz de atardecer, donde la magia de la metáfora hace que el sol sea fiel y protector, que ahuyenta las sombras del dolor y la muerte con su inmenso poder. Ambas poesías son, creo , de sobradas de belleza que pintan en nuestra alma un paisaje hondo, lleno de luz y de vida , tan exacta para estas sensaciones, al igual que se aplica muy bien a los amarillos cegadores de Turner pues nos ofrece poesía en sus imágenes, poesía que se desliza desde esas vagas atmósferas coloristas y fugaces, profundamente evocadoras y densas de emoción, tras las que puede esconderse una hermosa realidad, una melodía que hiere de tanta belleza, un torbellino de gruesos sentimientos que zarandean el alma, o una queda palabra latiendo desde el recuerdo.
Y tantas cosas más podría evocarlos... siempre frágiles y sutiles como la niebla, pero el arte es huidizo, inasible, evanescente, aunque se hunda en nosotros de un modo tan profundo y material como una huella en la arena.
Fuego en el gran almacén de la torre de Londres, estudio, 1841

En el poema, “En el mar”, la palabra acuarela va más allá...

¿No ves el mar? Parece, anocheciendo,  acuarela de lluvia,  con –
agua dulce suaves verdes, amarillos, rosas,  un tierno, un vago pensamiento mío  sobre el mar…

Llueve sobre el campo verde...
¡Qué paz! El agua se abre
y la hierba de noviembre
es de pálidos diamantes.
Se apaga el sol; de la choza
de la huerta se ve el valle
más verde, más oloroso,
más idílico que antes.
Llueve; los álamos blancos
se ennegrecen; los pinares
se alejan; todo está gris
melancólico y fragante.
Y en el ocaso doliente
surgen vagas claridades
malvas, rosas, amarillas,
de sedas y de cristales...
¡Oh la lluvia sobre el campo
verde! ¡Qué paz! En el aire
vienen aromas mojados
de violetas otoñales

El viaje definitivo

… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando:
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostálgico…
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

El arte da cierta forma a la belleza completando la vida de forma imperceptible, ante vagas memorias de amores... Hay obras de arte capaces de producir una marca o una huella, reconocemos un buen poema porque no nos deja indemnes porque no somos los mismos después de leer lo poemas que nos piensan o nos dicen allí donde cualquier otra forma del lenguaje colapsa
En esta pintura el protagonista de la obra no es el tren que por primera vez se convierte en elemento del cuadro como símbolo de modernidad sino que es la atmósfera...
Y es que Turner no pintaba para que fuera entendido y los que nos consideramos aprendices del arte tenemos un grave problema con Turner, no hay manera de valorar correctamente su obra si ésta no se observa in situ
j GoIz
11junio2019

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