Los pájaros han callado, ya no oigo su clamor,
Pero el viento airado del invierno no pronto comenzará a soplar
Sobre la calle vacía vierte el resplandor azulado
De cielo que no ha perdido la calidez del otoño

Áspero invierno
El otoño cruza en silencio su límite
Leve rumor de plateadas brisas
nadan por las colinas, se acercan.
Los pájaros dejan inesperadamente
temblorosas las ramas
apresurándose hacia el cielo, arrebatados
por una acción extraña.
Las tiernas ortigas se apiñan
como un rebaño en el aprisco.
Izan de las orillas su cabeza,
los juncos. Las verdinegras zarzas
se estiran.
Inapreciables, más delgadas
por la tensa apariencia de su espera,
las hierbas, anhelantes…
Tú apareces,
y una rojiza paz de hojas ocultas en la hierba recobra el silencio
a tus espaldas.
j G

Atrapados en el tiempo como un movimiento del pasado infinito que se mueve por el presente hacia el futuro..., deberíamos comprender el tiempo que debe terminar, porque el pensamiento ha creado el sufrimiento, el pensamiento es tiempo.
La nieve que vimos caer ¿Es otra este año?
Matsuo Bashō
La memoria permanece más allá del presente, es la que sujeta el incierto futuro, nada queda fuera de ella y ella es la que marca el siguiente paso...
Como sabemos la nieve no tiene memoria se deshace en un instante después de su caída, sólo cuando se acumula nieve sobre nieve, permanece, igual con el tiempo cuando pasan los años, cuantos más años pasan, mayor es el peso de los recuerdos, si no existiese la memoria se perdería todo y no valen recuerdos que no se elaboren lentamente, la infancia es el pasado y las canas el presente, entre estas dos imágenes distantes lo único que no cambia es el paisaje, la naturaleza intangible del invierno cubierto por la nieve
y es que la nieve y el paso del tiempo se descomponen la nieve en agua que se filtra y el tiempo en memoria que nos habita no permite quedarnos atrás sólo esa memoria guarda el conjunto de vida como pequeños copos que se van posando
j G
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