Poemas: del remordimiento de Borges a la despedida de el sentimiento de lo absurdoAlfonsina
Poemas: del remordimiento de Borges a la despedida de Alfonsina
He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
humano de las noches y los días,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
la sombra de haber sido un desdichado.
JLBorges
Por Alfonsina Storni
Para fin de septiembre,
cuando me vaya,
urraquita, el que quiero
vendrá a tu cátedra.
Dile a tus amigos,
los durazneros,
que carguen
su florero.
Y al almendro
que con gasas
cerque
su casa.
Y a aquel árbol sin nombre,
de espejos negros
que leonados se tornan
bajo los vientos,
que eche por su bocaza
una gran rama rosa
si cerca pasa.
Al río que remueva
sus terciopelos:
yo le conozco algunos
cobalto y hierro.
A mi flauta,
Mi rana,
que a lo Debussy toque
bajo su cama.
En este mismo cuarto
será su sueño
y la misma persiana
le hará su cuento:
"Pasando el río grande,
esa que te ama
no se muere.
verdea como las ramas."
Publicado el 16 de octubre de 1938. Storni le dijo a Margarita Abella Caprile que podía ser el último. Sin embargo, llegó después otro, póstumo .
Aceptar el absurdo significa ser sincero con la propia existencia. "Nada es una tragedia hasta que el héroe es consciente de su circunstancia" Camus
¿porqué nos aferramos a vivir? La respuesta que da el autor es fascinante:
"En el apego de un hombre a su vida hay algo más fuerte que todas las miserias del mundo. El juicio del cuerpo equivale al del espíritu y el cuerpo retrocede ante el aniquilamiento. Adquirimos la costumbre de vivir antes que la de pensar. En la carrera que nos precipita cada día un poco más hacia la muerte, el cuerpo conserva una delantera irreparable" (Camus 1966)
Camus, realzando el valor de la vida, puntualiza la capacidad que tienen todos los hombres para disfrutar la vida, lo impresionante que es ser de la especie humana; el hombre como el punto central en el que se conjuga el deseo del universo por explicarse a sí mismo. El hombre, no obstante el mar de incongruencias en el que habita, puede y debe reafirmar su capacidad de disfrutarla. Claro, el sufrimiento que trae el absurdo es innegable, el sentimiento de derrota y desesperación es el producto de su seno materno y uno jamás debe de negar su existencia, pero debe rebelarse en contra de él. Pero ¿cómo? Y así Camus introduce el Sísifo que entiende cabalmente que, haga lo que haga, nada tiene sentido y no por ello se avienta del punto más alto de la montaña, sino que, una vez más, se rebela en contra de los dioses y disfruta su castigo. Al disfrutar el absurdo que constituye su condición se rebela en contra de él y lo sobrepasa
Sí, el sufrimiento existe pero somos capaces de entender que los demás sufren, somos seres capaces de compasión, de unión y podemos darle la vuelta al absurdo que nos constituye. Por el sublime placer que es la vida creamos música, arquitectura, arte, danza, tecnología y la disfrutamos de una manera tal que, viendo de frente y sin reparo el sinsentido que es vivir, nos podemos parar el siguiente día y decir: "No me importa, quiero seguir viviendo."
No sin mucha razón, dice que el humano tiene una tendencia irreparable a buscarle un orden, un sentido a las cosasSin lugar a duda ,Camus considera que el sentido de la vida es el más apremiante de los asuntos a los que hemos de enfrentarnos pero que se trata de una cuestión individual, y no social, que cada persona ha de desenmarañar y dirimir con su mismidad; las ideas, dogmas y condicionamientos externos sólo producen desorientación. Si no hemos pensado la cuestión hasta el fondo y en soledad, el insidioso gusano del sentido no dejará jamás de habitarnos De rato en rato, de tarde en tarde, surge en nosotros la conciencia del paso del tiempo, de nuestra finitud, y nos preguntamos si esta vida que estamos viviendo, tal y como la estamos viviendo, encierra o no algún sentido. Es en ese instante cuando surge el más genuino abismo de la libertad. E. d. se trata según Camus de vivir en 5este estado de lo absurdo La heroicidad del ser humano tiene su centro aquí, en vivir y pensar en y con esos desgarramientos inevitables, sabiendo que, a cada instante, somos nosotros los que debemos aceptar o rechazar. Y añade que la honradez está en saber mantenerse en esa arista vertiginosa. Nuestra vida, a fin de cuentas, se nutre del vino de lo absurdo, de una ebriedad existencial que consiste en obstinarse, en perseverar. Vivir no es más que hacer que viva lo absurdo en nosotros, y hacerlo vivir es, ante todo, contemplarlo, por eso una de las pocas posiciones filosóficas coherentes es la rebelión. Ésta es un enfrentamiento perpetuo con nuestra propia oscuridad.Una rebelión que, en definitiva, se convierte en nuestro ineludible destino y, sobre todo, de valor a nuestra vida.
Un viejo
Por Baldomero Fernández Moreno
Junto a sus muchos años
florecía mi infancia,
como al pie de un gran roble
una florcita blanca.
Aun veo su figura,
trataré de evocarla.
Perfectamente limpia
la vestimenta parda;
los zapatos holgados
y la boina ajustada.
El pelo blanco y corto,
rasurada la barba,
los ojillos muy vivos,
voluntariosas las quijadas,
mucha vida interior
y parco en las palabras.
Muy hombre de su hogar,
cenaba y se acostaba.
¡Nunca le viera el sol
holgándose en la cama!
Los domingos, la iglesia,
y el concejo, en la plaza.
Tal partida de bolos,
de mús, si se cuadraba.
Era entendido en todo:
jardinero en su casa,
labrador en los campos,
pastor en la montaña.
Era su hacienda mucha,
mas siempre trabajaba.
Conocía al dedillo
las hierbas que sanaban
y componía huesos
por ciencia no estudiada.
Era la fortaleza
aunada con la maña,
y si daba consejo,
en su boca delgada
revolaba una abeja
y era entonces la gracia.
Nunca quiso apartarse
de su casona aldeana;
amaba demasiado
aquellas piedras agrias,
aquellos ríos broncos,
aquellas nieves cándidas,
los altos trigos rubios,
las eras de esmeralda.
Pastor y labrador,
a la manera hidalga,
herbolario, algebrista,
fue padre y patriarca.
Nació, vivió, murió
dentro de un pueblo
y dentro de una raza.
De aquella piedra enorme,
de aquella encina magna,
voláronse los hijos
a tierras ignoradas.
De la paterna fuerza,
de su energía estática,
para andar por la vida
ellos se hicieron alas.
Publicado el 2 de mayo de 1920.
Por Alfonsina Storni
Para fin de septiembre,
cuando me vaya,
urraquita, el que quiero
vendrá a tu cátedra.
Dile a tus amigos,
los durazneros,
que carguen
su florero.
Y al almendro
que con gasas
cerque
su casa.
Y a aquel árbol sin nombre,
de espejos negros
que leonados se tornan
bajo los vientos,
que eche por su bocaza
una gran rama rosa
si cerca pasa.
Al río que remueva
sus terciopelos:
yo le conozco algunos
cobalto y hierro.
A mi flauta,
Mi rana,
que a lo Debussy toque
bajo su cama.
En este mismo cuarto
será su sueño
y la misma persiana
le hará su cuento:
"Pasando el río grande,
esa que te ama
no se muere.
verdea como las ramas."
Publicado el 16 de octubre de 1938. Storni le dijo a Margarita Abella Caprile que podía ser el último. Sin embargo, llegó después otro, póstumo.
Sísifo por Tiziano (1576)

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