Leer sin meditar es una ocupación inútil»Confucio
se considera por muchos último poema de uno de los más
importantes poetas alemanes
Friedrich Hölderlin (1770 - 1843) quien después de
estudiar teología en Tubinga, provincia de Württemberg, donde conoció a Hegel y
Schelling, y de seguir en Jena los cursos de Fichte, trabajó como preceptor de varias
familias nobiliarias, entre ellas la de Jakob Gontard, enamorándose de la mujer de este,
Susette, a quien dedicó varios versos y llamó "Diótima". Desde joven había sufrido crisis
mentales, depresiones; pero en 1807 perdió definitivamente la razón y vivió recluido en la
torre del ebanista Zimmer en Tubinga hasta su muerte.
Si desde lejos,
aunque separados,
me reconoces todavía,
y el pasado,
-¡oh tú, partícipe de
mis penas!-
significa algo hermoso
para ti,
entonces dime, ¿cómo
tu amada espera?
¿En aquel jardín donde
nos encontramos
después de un tiempo
terrible y oscuro?
Aquí en los ríos del
mundo sagrado.
He de admitirlo, había algo hermoso
en tu mirada, cuando desde lejos
alegre volviste tu cabeza,
hombre siempre reservado, de sombrío
aspecto. ¿Cómo pasaron las horas, cómo mi alma pudo estar serena
ante la verdad de la separación?
¡Sí!, confieso que fui tuya.
¡Es cierto! Me traes a la memoria
cuanto ya sé y lo escribes
en tus cartas, también
yo recordaré el pasado.
(...)
Alégrate y piensa
en la que todavía se complace
porque para nosotros brilló el radiante día,
el que con declaraciones comenzara, entrelazando
las manos, uniéndonos. ¡Ay de mí!
fueron hermosos días. Pero
una triste oscuridad llegó tras ellos.
¡Que muy solo te encuentras en el hermoso mundo
Siempre me aseguras, amado mío!
Mas no sabes...
FRIEDRICH HÖLDERLIN. Poemas de la locura.
En el texto se observan algunas
características propias de la poesía romántica: la subjetividad encendida, la búsqueda de
un ideal soñado, el amor imposible, etc.
Ese mundo, ese mito central, hacia el que siempre orienta sus anhelos de armonía, asume la
imagen de la Grecia clásica. No es que ansíe volver a lo griego, sino que se siente esencialmente
griego: vive el ideal de la unión entre naturaleza y espíritu, entre lo humano y lo divino que
enuncian los mitos griegos. Especialmente puede verse en los dos tomos de su novela Hyperion
(1797-99) en la que narra con una prosa increíblemente lírica, en forma epistolar y, probablemente,
de forma autobiográfica, la lucha de un joven griego por el amor de una mujer (Diótima, quien
encarna la belleza y lo divino) y por la independencia de su país. Este tema es también el hilo
conductor de uno de sus más bellos poemas El archipiélago (1800), evocación de esa Grecia ideal
como símbolo de su anhelo lírico.
Uno de los filósofos más importantes del siglo XX, Martin Heidegger, que influyó en
el movimiento existencialista, se mostró especialmente interesado en la figura de este
poeta romántico alemán. Puedes leer su ensayo "Hölderlin y la esencia de la poesía",
en el que trata de indagar acerca de la poesía y de su ser.
Puedes leer su ensayo en el siguiente enlace que trata de indagar acerca de la poesía y de su ser.: Holderlin y la esencia de la poesía pdf
La de Hölderlin es poesía que llora la pérdida y canta la libertad, pero sobre todo poesía que huye a otro tiempo y a otro lugar, evoca a Grecia y busca consuelo en la naturaleza, se exalta en la búsqueda febril de la belleza o en el amor de Diotima, en la plenitud de los bosques y los pájaros y en la inquietante belleza de los crepúsculos sagrados.
Hölderlin, un desterrado del paraíso mítico de la edad de oro, viaja en el poema, lo utiliza lugar del ensueño y como salvoconducto de esa huida a un nuevo universo mental en el que la poesía es una forma de diálogo con los dioses y el poeta es un mediador para explicar lo sagrado,
El destino de Hölderlin será palabra poética como búsqueda de la verdad en
tanto que él mismo se convierta en nadie. Palabra poética opuesta tanto al lenguajeordinario como al de la filosofía. Hölderlin espera ser nadie, al menos ser otro,
inadvertido respecto a quien era.
¿Acaso no guardaba Hölderlin —como cualquier otro ser humano, aunque él
más que ninguno, pues ha sido uno de los pocos que soñó serlo todo— en su ser
aquello que era pero no era?: negó la ausencia de poesía para terminar siendo eso,
ausencia de cualquier esperanza en la poesía. “La palabra ya no es palabra de una
persona: en ella nadie habla y lo que haba no es de nadie” que escribía Blanchot.
La desesperanza, la decepción a la que alude Sartre, se desató cuando Hölderlin,
tras las demoledoras experiencias vividas, terminó sumido en la enorme decepción
de no conseguir armonizar a los hombres con lo divino, de ver cómo, aunque “lo
que permanecen lo fundan los poetas” que escribe tras su viaje a Burdeos, las
palabras son incapaces de suturar el mundo humano que deambula en paralelo a
la naturaleza. Los sueños devienen delirio. Las piezas de la totalidad se agrietan y
no hay lenguaje que lo arregle.
Friedrich Hölderlin (1770-1843), romántico alemán en una época en la que Alemania no existía aún, es –salvo por su lengua- también un poeta griego por su actitud ante la naturaleza y la vida, por el paisaje mediterráneo en el que habitaron sus sueños y su poesía y hasta por la elección de esquemas métricos con los que organiza sus poemas mayores antes de usar el verso libre.
Como todo romántico, Hölderlin huyó de su tiempo y su espacio para refugiarse en el paisaje literario de la Grecia clásica y en la arcádica edad de oro. Y después de huir desde el Neckar o desde el Danubio al paisaje mental de la mitología, acabó huyendo de sí mismo en un camino sin retorno hacia la esquizofrenia que le llevó a aullar sus poemas por la noche como un perro desamparado.
Hasta ese desorden mental, que fue irreversible desde 1804, emparenta “el destino trágico e inocente” de Hölderlin –como sugiere Gil Bera en su introducción- con la naturaleza doble y escindida del centauro Quirón al que dedicó uno de sus poemas de madurez, en el que escribía:
Pero los días cambian, y si uno luego
los considera, en bueno y malo, es doloroso,
cuando uno es de doble configuración,
y no hay quien distinga lo mejor.
La de Hölderlin es poesía que llora la pérdida y canta la libertad, pero sobre todo poesía que huye a otro tiempo y a otro lugar, evoca a Grecia y busca consuelo en la naturaleza, se exalta en la búsqueda febril de la belleza o en el amor de Diotima, en la plenitud de los bosques y los pájaros y en la inquietante belleza de los crepúsculos sagrados.
Hölderlin, un desterrado del paraíso mítico de la edad de oro, viaja en el poema, lo utiliza lugar del ensueño y como salvoconducto de esa huida a un nuevo universo mental en el que la poesía es una forma de diálogo con los dioses y el poeta es un mediador para explicar lo sagrado,
para que el espíritu
se agite sin miedo sobre las aguas semejante al nadador,
con la fresca felicidad de los fuertes, y entienda el lenguaje divino,
el cambio y el devenir, y cuando el tiempo torrencial
se apodere de mi cabeza, y la pobreza y el desvarío
entre los mortales estremezcan mi vida mortal,
déjame meditar en el silencio de tus profundidades.
Son los versos culminantes de uno de sus poemas mayores, El Archipiélago, que comparte importancia con elegías como Pan y vino (Reposa la ciudad a la redonda, se aquieta la calle iluminada, / y se alejan ruidosos los coches adornados de antorchas) o con el poema espléndido que comienza con estos versos:
Como cuando un día de fiesta, un labrador
sale a ver el campo por la mañana...
En ese poema creyó ver Heidegger la esencia de la poesía en un estudio imprescindible para entender la obra de Hölderlin como la de un contemporáneo, el mismo que nos habla ahora en esta traducción que nos vuelve a acercar la palabra de un poeta decisivo que expresó en su obra el sentimiento del tiempo fugaz y dejó escrito que lo que queda lo fundan los poetas.
en sus poemas siempre aspiró a la altura de lo sagrado, a remontarse desde lo terrenal a lo celeste.
escribió en esa época algunos poemas de “una sorprendente perfección formal”, como señala Antonio Pau.
Un ejemplo, La vista, el último poema que escribió:
Cuando a lo lejos se pierde la vida de los hombres,
en una lejanía donde brilla el tiempo de las vides,
allí donde el verano ha dejado seca la campiña,
y asoma el bosque con su oscura imagen.
Que complete el paisaje la imagen de los tiempos,
que se demore hasta verse alcanzada
por la plenitud, y que en su cumbre el cielo
ilumine a los hombres, como las flores coronan las copas de los árboles.
Entre el rechazo de los demás y la renuncia propia, entre la lucidez y la locura, entre la incomprensión -a veces fronteriza de la envidia- que sufrió su genio y la voluntad de acercarse a lo sagrado, entre el sentimiento y el pensamiento, entre la meditación y sensibilidad, entre la filosofía y la poesía, Hölderlin había escrito ya versos inmortales como Lo que permanece lo fundan los poetas o ¿Para qué poetas en tiempos tan mezquinos?
Archipiélago es un poema que inaugura un modo de mirar al pasado que rescata aquellos valores que los pueblos necesitan para recuperar su felicidad.
Hölderlin es un poeta profundamente religioso, pero no desde una conciencia contaminada por los dogmas y limitaciones eclesiásticas ni tampoco desde el panteísmo, sino desde su concepción de la divinidad como entidad que se reconoce en la obra del mundo y su armonía. La divinidad o las divinidades representan para él la fuerza numinosa que impulsa al individuo a superar lo más oscuro y primitivo que anida en su alma y así fundar los espacios de libertad de las comunidades. «Hölderlin es el único poeta al que se debe creer cuando dice que cree en los dioses». Éstos son para él esa «luz amiga» que ilumina y alegra la vida; esa luz que, no obstante su poder, necesita ceñirse a los «grises bucles» del humano mortal para justificar su propia existencia y, fuera de esa perfecta belleza huérfana, sin embargo, de destino en la que existe, reconocerse en la intimidad humana.
La originalidad del teísmo del poeta alemán radica en que el hombre habita el mundo para humanizar la divinidad. De aquí que la naturaleza aparezca íntima y cálidamente vinculada a la vida de los hombres. Una vinculación que, al desaparecer, permite que las fuerzas de la barbarie se impongan y devasten el mundo, como pretendieron y casi lograron los persas antes de ser derrotados ese día luminoso en que libraron la batalla naval de Salamina. Desde esta perspectiva, Grecia representa para el poeta un instante luminoso de la civilización, el encuentro culminante entre los dioses y los hombres, entre el mito y la historia, «es justamente historia porque se realiza desde los dioses y a ellos conduce». Aunque cabe recordar que tal realización es asimismo apelación, interrogación y acción de los hombres que sienten en su espíritu la magnitud de lo creado. Un espíritu cuya fuerza transformadora y restauradora de los valores que fundan la felicidad del pueblo se manifiesta cuando el héroe es capaz de reconocerlo y sentir su latencia en la comunidad, depositaria del «espíritu del tiempo» y del rumbo de la historia. De aquí que cuando el hombre no siente la magnitud del misterio deja de tener sentido la historia y la realidad se reduce a un presente dominado por la acción y producción de lo intrascendente que lo aliena y esclaviza.
El Archipiélago no es un ditirambo de la antigua Grecia, sino una mirada a un momento luminoso de la historia desde un lugar, su patria, que el poeta percibe sumida en la desorientación y a cuya felicidad pretende contribuir con dicha mirada. El poema se construye así como una nave en la que las palabras con que ha sido construida guardan su sentido original. Un lenguaje poético sustantivo, preciso, en el que el adjetivo y el adverbio no son elementos ornamentales, sino recursos que «ennoblecen» aquello que nombran, cosa que el romanticismo posterior, bajo el imperio de los sentimientos, tenderá a olvidar para edulcorar y malversar la realidad teñida de hollín del industrialismo. Este lenguaje y la honestidad del poeta constituyen el secreto en el que se asientan la belleza y la musicalidad de un poema excepcional.
Por su mundo poético cruzan la subjetividad exacerbada y el impulso sagrado de la creación artística, el amor y la mitología, el pensamiento y la visión alucinada. Dos siglos después, sus mejores poemas siguen sonando en la noche del mundo con una música extraña y oscura.
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